Poder y Política


Manuel Cuadras

28/04/2011

 

 

La senaduría de Marín


A mis amigos: Beto y Juan Carlos Malpica, por el sensible fallecimiento de su señora madre. Descanse en paz.

 

“Yo no competí, cuando yo compito, yo gano, pero no todos son Mario Marín…”

 

“Yo creo que vamos a seguir haciendo política. Yo me siento todavía joven para retirarme…”

 

“El próximo año seremos protagonistas y más de uno nos tendrá que pedir perdón…”

 

Cuando leo las últimas noticias, referente al activismo político del exgobernador Mario Marín, es inevitable que vengan a mi mente estas (y otras) frases tan peculiares de él. Y es entonces cuando me pregunto: ¿será posible que Marín continúe en la política? ¿De verdad llegará a ser senador? ¿Así nomás? ¿Así de fácil? ¿Como si nada hubiera pasado? ¿Es posible? ¿Será que el mundo se ha vuelto loco? ¿O será acaso que yo estoy mal?

 

¿Por qué se siente tan seguro Marín? ¿Qué le hace pensar que puede volver a ganar una elección? Estas preguntas se justifican si consideramos que:

 

Primero. Nadie en su sano juicio querría volver a apoyar a Marín (quitando a su familia y a sus excolaboradores, por supuesto).

 

Segundo. Nadie en su sano juicio (tampoco) le daría a Marín una candidatura, ni siquiera para presidente auxiliar.

 

Tercero. Aún rebasando los primeros dos supuestos, nadie que se considere cuerdo podría imaginar a Marín ganando una elección.

 

Entonces, me vuelvo a preguntar, ¿por qué Marín siente que tiene la senaduría en la bolsa? Después de mucho pensar, sólo se me ocurren dos respuestas: Una, que tenga amarrado algo, con alguien “de arriba” (de muy arriba); y dos, que su soberbia le haya nublado la razón (lo cual no sería raro); ambos preceptos en realidad son espejismos, veamos por qué.

 

Quiero imaginar que Marín está tranquilo porque Beatriz Paredes (antes de irse) le dejó “escriturada” una senaduría a su nombre. Voy más allá, quizá Humberto Moreira (a su llegada) le dijo: “Sí Mario, no te preocupes, sé lo de tu Senaduría y te voy a cumplir ese acuerdo…”. Es más, supongamos que el mismísimo Enrique Peña Nieto (de propia voz) le aseguró que sería candidato en 2012. ¿¿¿Y??? ¿Esas “promesas” implican que le van a cumplir? ¿Cuántas veces prometió Marín candidaturas (y no las cumplió)? ¿Qué le hace pensar que no podrían hacer lo mismo con él? O quizá la pregunta debería ser: ¿por qué habrían de cumplirle?

 

Imagine este diálogo: “Oye Mario, necesitamos tu comprensión y apoyo, tú sabes de esto, se complicaron las cosas en Puebla, no podrás ser senador, pero el candidato (Peña Nieto) te garantiza que formarás parte de su gabinete, bla, bla, bla…”

 

¿Ingenuidad en Marín? No creo, tal vez sólo olvidó aquello de que “prometer no empobrece”.

 

Pero supongamos que sí le dan la candidatura, ¿podrá ganar la elección? Lo dudo. Marín dice que “cuando yo compito, gano”. Sí, sólo que cuando él competía las condiciones eran muy distintas a las de ahora. Cuando Marín fue candidato, el PRI era gobierno, por lo tanto, contó con el apoyo de la estructura, recursos, etcétera, cosa que hoy no tendrá. Cuando Marín fue candidato gozaba de altos niveles de aceptación, producto de perfil de hombre de trabajo; hoy, sus niveles de rechazo rozan con las nubes, producto de sus escándalos y frivolidades. Cuando Marín contendía era fácil tener el apoyo de la bendita prensa poblana; hoy, la mayoría de los medios de comunicación le han dado la espalda y, a diferencia de hace algunos años en que fue candidato, existen además las redes sociales, espacios virtuales de opinión libre, en donde dudo que Marín pueda generar la empatía que se requiere. Un político no sólo requiere estar en las redes sociales, sino estar y ser aceptado, cosa que se antoja difícil en el caso marinista.

 

Por todo lo anterior, me vuelvo a preguntar: ¿Marín senador? No creo, a menos que el mundo se haya vuelto loco o que vivamos en Springfield…

 



 
 

 

 
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