Poder y Política


Manuel Cuadras

28/10/2010

 

 

El conflicto por los predios de Angelópolis


Todo comenzó con una misteriosa publicación en El Sol de Puebla, en ella se informaba que el Gobierno del estado ponía a la venta dos predios. Nada de llamar la atención, de no ser por la premura del tiempo (en el ocaso del sexenio) y por la ubicación de los predios: la zona de Angelópolis.


De inmediato se encendieron los focos en el equipo del gobernador electo. ¿Por qué tomar una decisión de esa naturaleza faltando tan poco tiempo para acabar la administración? ¿Por qué no les tomaron su parecer? ¿Quiénes serían los beneficiarios de este madruguete? Esas fueron algunas de las preguntas que se hizo Rafael Moreno Valle, molesto por considerar dicha venta como un desagravio a su gobierno (que aún no empieza). Así fue como dio inicio esta guerra fría entre los dos gobernadores.


Por principio de cuentas habría que señalar que Mario Marín cuenta con todas la facultades legales para realizar tal operación, porque es el gobernador constitucional (Rueda dixit); sin embargo, por un elemental sentido de pulcritud política, la actual administración debió considerar la opinión del equipo de transición por tratarse de la zona más importante de todo el estado, es decir, no estamos hablando de dos terrenitos en San Miguel Canoa, NO, son dos predios que se ubican en un área neurálgica para el desarrollo de Puebla.

 

No digo que la administración marinista le haya tenido que pedir permiso a la administración entrante; es claro que Mario Marín es el jefe de las instituciones hasta el último día de su mandato, por lo tanto, es el ÚNICO que puede decidir en los destinos de Puebla (incluyendo el patrimonio público por supuesto); sin embargo, lo correcto hubiese sido informar a su sucesor, aunque éste no estuviera de acuerdo. Repito, no es una obligación, es algo que tiene que ver con la transparencia gubernamental y con la transición democrática (conceptos que no se le dan muy bien a Marín).


El pleito entre dos gobernadores (entrante y saliente) por afectaciones en la zona de Angelópolis no es nuevo. Recordemos cuando Piña Olaya expropió de manera ilegal cientos de hectáreas de la zona conurbada de Puebla con el pretexto de construir la autopista Puebla-Atlixco. El verdadero motivo de la expropiación (despojo) se supo al poco tiempo: vendió a un grupo de empresarios las tierras que anteriormente pertenecían a ejidatarios de la zona. Sobra decir que la indemnización hecha a los ejidatarios fue paupérrimamente ofensiva. Piña hizo el negociazo de su vida: despojó a los ejidatarios de sus tierras y después las vendió carísimas a un grupo de empresarios. El truco de la negociación radicó en el monto oficial con que se reportaron las ventas de los predios, es decir, el Gobierno del estado fingió vender a 50 centavos el metro cuadrado, cuando en realidad Piña recibió por fuera muchísimo más.


Al entrar Bartlett como gobernador, diseña su programa de desarrollo regional Angelópolis, el cual surge como un proyecto integral que le diera orden y modernidad a Puebla. Para su implementación, fue necesario enderezar legalmente la expropiación de Piña, lo que en los hechos representaba echar abajo el negocio (fraudulento) hecho con los empresarios. Para ello, Bartlett ordenó una reunión en la que estuvieran presentes: los ocho empresarios beneficiados; el Delegado de la Sedesol (avalando el nuevo decreto expropiatorio); un experto en materia penal y otro en materia constitucional (para hacerles ver a los empresarios los errores cometidos y las sanciones a las que se podrían hacer acreedores); el Secretario de Finanzas (para regresarles su dinero); y el secretario de gobernación del sexenio de Piña.


Bartlett dejó las cosas en claro desde el principio: “Señores, ustedes fueron víctimas de un engaño, compraron de manera ilegal unos predios que le pertenecen al gobierno del estado. Así que, le pedí a mi secretario de Finanzas que les extienda los cheques para devolverles su dinero…” Los empresarios, contrariados, casi se van de espaldas al ver el monto ínfimo de los cheques recibidos.


Esto no fue lo que pagamos —dijeron los empresarios— a lo que Bartlett contestó: “Señores, eso fue lo que ingresó a las arcas del gobierno, lo demás, no sé a quién se lo hayan dado, pero por eso se encuentra aquí el exsecretario de Gobernación del gobierno anterior, quien seguramente nos podrá dar una explicación de lo sucedido…”


Moraleja: Los negocios hechos al vapor, tarde o temprano se revierten, ¿lo sabrá Marín? Seguro que sí, él conoce perfectamente esta historia, de hecho, creo que él fue el encargado de “negociar” con los ejidatarios ¿no? Es sólo pregunta…

 



 
 

 

 
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