Poder y Política


Manuel Cuadras

29/06/2010

 

 

Narco: ejecuciones y elecciones


El día de ayer nuevamente el país se tiñó de sangre. A las 10:30 de la mañana, justo cuando el país estaba despertando de la cruda (emocional y física) que produjo la eliminación de México del Mundial de fútbol, un comando armado ejecutó al candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas. Dos horas más tarde, la notica circulaba en todos los medios de comunicación y todas las redes sociales.


El asesinato de Rodolfo Torre Cantú hay que enmarcarlo dentro de dos contextos: 1. La (mal) llamada “Guerra contra el narco”.


2. El proceso electoral que se vive en 13 estados de la República.


La ejecución de ayer se suma a las más de 25 mil muertes “civiles” que ha arrojado la ininteligible Guerra del Presidente, pero además, a la ya también larga lista de asesinatos de políticos, candidatos y autoridades en lo que va del actual sexenio.


¿Cuántos candidatos, presidentes municipales y funcionarios han muerto en los últimos cuatro años? No lo sabemos, pero lo de ayer fue uno de los atentados más trascendentales, quizá sólo equiparable con la muerte de Juan Camilo Mouriño o la desaparición de Diego Fernández de Ceballos.


Quizá se pueda refutar que, en ambos casos, no está “comprobado” que hayan sido obra del crimen organizado; sin embargo, ¿alguien en su sano juicio cree que la muerte de Mouriño se debió a una falla técnica, o a la falta de pericia del piloto? ¿Por qué no había sucedido antes? ¿Por qué justo con Mouriño? ¿Alguien cree que el asunto de Diego Fernández fue por dinero? ¿Por qué no a otro personaje igual de rico pero menos público? ¿Por qué justo a una persona tan ligada al poder político de nuestro país?


Muchas son las preguntas que nos hacemos los ciudadanos y pocos los resultados ofrecidos por Calderón. ¿Por qué 25 mil inocentes (entre ellos niños, estudiantes y mujeres) se convirtieron en víctimas? ¿Cómo es que un excandidato a la presidencia de la República, un secretario de Gobernación (federal) y un candidato a gobernador hayan sido rebasados en su seguridad personal? ¿Qué nos puede esperar al resto de los ciudadanos?, a nosotros que no andamos en Suburbans blindadas ni tenemos escoltas a nuestro servicio ¿Cómo es que ocurre todo esto en un país “estable y seguro”? ¿No que el gobierno tiene el control de las cosas?


Una primera conclusión salta a la vista: El Gobierno federal está lejos de ganar la batalla frente al crimen organizado (como ellos mismos se han encargado de difundir); por el contrario, las muertes antes señaladas no hacen más que confirmar las condiciones actuales en las que se encuentra el narco: un narco que reta a las instituciones y en muchos de los casos (como el de ayer) les gana la partida.


Ahora bien, si analizamos el atentado mortal de ayer, desde la óptica del proceso electoral, lo primero que hay que preguntarse es: ¿por qué ejecutarlo en este momento? ¿Por qué no antes? ¿Por qué no después? ¿Por qué a tan sólo seis días de la elección? ¿Ajuste de cuentas? ¿Venganza? No lo creo, el hoy occiso nunca fijó una postura radical de combate al narcotráfico, sus propuestas en materia de seguridad eran más bien mesuradas y recurrentes en frases comunes (“Trabajaré en coordinación con el Gobierno federal”. “Mejoraremos los cuerpos de seguridad”.). ¿Se trató entonces de un mensaje del narco? ¿Dirigido a quien? ¿Al gobernador (recordemos que era su delfín)? ¿Al presidente? ¿Al PRI nacional? El destinatario es importante, porque de ello depende la traducción del posible mensaje.


Sin duda, el atentado de ayer rebasa el ámbito de consecuencias del estado de Tamaulipas. La muerte de Rodolfo Torre Cantú es, antes que nada, una tragedia para los familiares y un duro golpe que alterará el comportamiento electoral del próximo domingo (está comprobado que los actos de esta naturaleza disminuyen la participación electoral). Me niego a creer que los autores del crimen no hayan considerado la fecha precisa para ultimar a su víctima, y me preocupa pensar que lo hayan calculado (fríamente) para generar miedo (pánico) e inhibir la participación. Eso significaría que al narco le interesa el resultado de los comicios.


*El ridículo

 

Derivado de los eventos de cierre de campaña realizados por los candidatos Rafael Moreno Valle y Javier López Zavala, ambos en el estadio Cuauhtémoc, comenzó (como era de esperarse) la guerra de cifras. “Que si Fulanito juntó a tantos; que si Zutanito llevó más”, en fin. ¿Quién congregó más?, es difícil saberlo. Ambos llenaron el estadio, lo demás, es cuestión de percepción. Lo que no es permisible (mucho menos en un medio de comunicación) es que se juzgue tan diametralmente ambos eventos; es decir, que se diga que uno llevó a 50 mil y el otro 150 mil, tal como lo hiciera en su edición de ayer Puebla online, ya que su reportera Alejandra Bautista desestimó el evento morenovallista diciendo: “Ante más de 45 mil personas que abarrotaron el estadio Cuauhtémoc (aunque sus organizadores aseguran que fueron 120 mil poblanos), el candidato al gobierno del estado por la coalición Compromiso por Puebla, Rafael Moreno Valle…”, fin de la cita. Mientras que, otra reportera de la misa casa (Dalia Patiño) escribió lo siguiente del evento zavalista: “En el marco del cierre de campaña del abanderado al gobierno del Estado Javier López Zavala ante más de 100 mil poblanos que vistieron de verde, blanco y rojo el Estadio Cuauhtémoc…” ¿Qué sucedió? ¿Error de cálculo o mala leche? Como diría el clásico: ¡Seriedad señores!

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas