Poder y Política


Manuel Cuadras

30/05/2011

 

 

Primero palo, luego PAN


El día de ayer, mi amigo y distinguido columnista, Jesús Ramos, realizó un análisis del comportamiento de la Secretaría de Seguridad Pública del nuevo gobierno, a cargo de Ardelio Vargas Fosado. La tesis de Ramos es que, Ardelio Vargas está cometiendo muchos yerros al frente de su dependencia, no por falta de pericia, sino por falta de interés, es decir, Ardelio ya no quiere estar al frente de la SSP (que quiere irse a la campaña de Peña Nieto), por eso su actitud, para que lo corran pues. Ramos dice que Vargas habría presentado su renuncia al ejecutivo y que éste no se la aceptó.

 

Aunque interesante, difiero del análisis presentado. Primero, porque no creo que el gobernador le tolere a alguien que le presente su renuncia y no se la acepte. Y segundo, porque no creo que Ardelio prefiera irse a hacer campaña, a hacer talacha política, en vez de estar en el primer plano de un gobierno entrante y poderoso, de ser eso, no habría aceptado el cargo y se hubiese ido desde hace (cinco) meses a operar al Edomex, ¿no creen?

 

 Mi teoría, como diría Benedetti, es más simple y más sencilla, mi teoría es que Ardelio Vargas está siguiendo indicaciones, y como reza aquélla máxima de la administración pública: “el que sigue indicaciones, no se equivoca…”

 

Si algo ha demostrado Rafael Moreno Valle en estos meses, es que es un gobernante de mano dura, sin titubeos. Si algo no le gusta, lo dice; si algo no le convence lo cambia; si alguien no da resultados, lo corre. Al igual que Don Corleone, nunca pide segundos favores, y gusta de enterarse de las malas noticias de inmediato. No le gustan las presiones (y mucho menos) los chantajes; tampoco le gusta que le hagan sombra o que quieran jugar a las fuercitas con él (si no, pregúntenle a Eduardo Rivera).

 

Es, en muchos aspectos, un gobernante chapado a la antigua, a la vieja usanza del PRI (quizá por la carga político-genética de su abuelo). Es un gobernador que le gusta tener el control de todo, sus acciones en este inicio de sexenio así lo demuestran. Ya en una ocasión anterior analizamos su estrategia de desmantelar los bastiones del anterior régimen y cooptarlos a su favor: prensa, BUAP, partidos políticos, etc. Las organizaciones de comerciantes, como La 46, La Piedad, y La Fayuca, históricamente ligadas al PRI, no escapan a esa lógica, no tendrían por qué.

 

En todos los casos anteriores, la estrategia se basó en la regla de oro del sistema político priista (del siglo pasado): primero palo, luego pan

 

Enrique Krauze es muy claro al definir este método: “Para qué este método funcionara, tenía que ser una fórmula equilibrada, a cada dosis de palo, le debía seguir en contraparte, una buena dosis de pan…”

 

Rafael Moreno Valle siguió al pie de la letra esta receta, vea si no: Hoy el gobierno (RMV) tiene una excelente relación con la BUAP (EAI), pero primero hubo un palo de por medio. Hoy el gobierno mantiene una relación cordial con los medios de comunicación, pero antes hubo varios palos (y en los bolsillos, que es donde más duele). Hoy el gobernador lleva una relación de respeto con el Partido que llevó al poder, pero antes de ese PAN, hubo muchos palos (para demostrar quién manda).

 

Luego entonces, los polémicos operativos que nos ocupan el día de hoy, si bien fueron ejecutados por Ardelio Vargas, me da la “ligera” impresión que fueron orquestados desde Casa Puebla como parte del Plan Estatal de Control Absoluto, que se puso en marcha desde el primer día del sexenio.

 

*Por cierto, Enrique Krauze narra una anécdota acerca de la relación entre obreros y gobierno, en tiempos de Miguel Alemán, que bien podría adaptarse a la situación actual en Puebla entre comerciantes y gobierno: Al inicio de su sexenio, Alemán enfrentó un severo conflicto político con el Sindicato de Trabajadores de PEMEX. Fue tal la magnitud del conflicto, que tuvo que intervenir el ejército para disuadir más de una manifestación. Después de meses de conflicto, el arreglo llegó. Para sellar este nuevo pacto, se organizó una comida entre el Presidente de la República y los trabajadores petroleros. Ya con copas, los líderes comentaron:

 

-Pero si nada más lo estábamos calando, señor presidente…

 

A lo que Alemán contestó:

 

-¡Pues ya me calaron hijos de la chingada…!

 

*(La Presidencia Imperial, E. Krauze).

 



 
 

 

 
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