Poder y Política


Manuel Cuadras

02/06/2009


Ayuntamiento vs sindicato (otro round)


Seis largos meses habían pasado, en ese tiempo hubo de todo: amenazas, mensajes, malos entendidos, treguas (sobre todo eso, treguas) laxas y endebles, pero que “garantizaban” momentáneamente la paz.


Sólo así puede entenderse la ríspida relación entre el Ayuntamiento de Puebla y su sindicato de trabajadores. Una guerra fría en la que basta cualquier movimiento de más (o de menos) para activar las alarmas en el bando opuesto.


Desde el inicio de la administración, Blanca Alcalá y sus funcionarios han buscado debilitar al sindicato, y para lograrlo ha hecho de todo: cooptar agremiados disidentes, intentar negociar a espaldas del líder sindical, despedir a piezas claves del sindicato, etcétera. Cierto es que el sindicato (y su líder) no son una perita en dulce, pero ¿había alguna necesidad de echarse de enemigo a los trabajadores? ¿No hubiera sido más fácil tener como aliado al sindicato (y a su líder) en vez de chocar, confrontarse constantemente?


Ojo, con esto no quiero decir que el Ayuntamiento deba ceder a cada petición (presión) por parte del sindicato, NO, pero tampoco jugar a las fuercitas de manera innecesaria. Uno de los puntos débiles de la presidenta Blanca Alcalá, es justamente la falta de aliados dentro y fuera de su Gobierno, o lo que es lo mismo: son muchos frentes abiertos los que ha propiciado (en otra ocasión los analizaremos con más detalle), de esa manera, según los estudiosos de “El arte de la Guerra”, entre más frentes de batalla (abiertos) se tengan, menos posibilidades se tendrá de conseguir el éxito. En esas condiciones, ¿no sería más lógico tener como aliado al vecino incómodo?


Lo anterior viene a colación por el último enfrentamiento suscitado entre ambos rivales. Resulta que el sindicato convocó a sus trabajadores a una asamblea y posteriormente escucharían las propuestas de un candidato (del PRI) a diputado federal. Hasta aquí nada nuevo. Lo mismo hicieron los sindicalizados del Gobierno del estado cuando recibieron a Marín (candidato), lo mismo hizo el sindicato de Pemex con Roberto Madrazo, lo mismo hizo Fidel Velázquez con ocho candidatos presidenciales, lo mismo ha hecho Elba Esther Gordillo desde hace 20 años y lo mismo hacen todos los sindicatos en México que nacieron del régimen priista. El hecho de que sea una práctica común, no quiere decir que sea normal, ni mucho menos adecuada.


La reunión hubiese sido privada (como todas las asambleas sindicales) de no ser porque “alguien” del Ayuntamiento filtró la noticia a los medios de comunicación. ¿El fin? Debilitar al sindicato. ¿El argumento? “Se está presionando a los agremiados a votar por un partido político”. ¿Quién pudo ser ese “alguien” que le sugirió a la presidenta operar mediáticamente para filtrar la nota? Seguramente fue alguien que no sabía que el jarabe se podría convertir en veneno, es decir, ¿cómo olvidar que la propia Blanca Alcalá se favoreció (como candidata) por quienes hoy persigue con palo y machete? ¿Cómo olvidar que Blanca Alcalá fue recibida por los trabajadores del Ayuntamiento en asamblea sindical, y en instalaciones del sindicato? ¿Por qué ahí no se dijo nada?


Que no se malinterpreten estas líneas, no justifico la inducción al voto en cualesquiera de sus formas, simplemente señalo que muchos candidatos del PRI (Marín y Alcalá entre ellos) se han visto favorecidos por la bendita y cómoda mano de los “amigos” sindicalizados. Ahora, mucho se ha cuestionado que la presidenta no ha apoyado a los candidatos de su partido en Puebla capital, luego entonces, si los candidatos tuvieron que pedir apoyo directamente al líder del sindicato y con ello se saltaron a la presidenta ¿eso causó su molestia?


En cuanto al tema legal, poco o mucho podrán encontrar las autoridades electorales, toda vez que tanto los organizadores priistas del evento, como la dirigencia sindical, cuidaron las formas de acuerdo al Código Reglamentario Municipal y al Código Electoral, por lo que dejaron pocos resquicios para la investigación.

 

Concluyo con dos reflexiones:


1. ¿Cómo queda Blanca Alcalá (ante el PRI y ante su sindicato) después de conocerse que “alguien” de su confianza fue el que dio el “pitazo”?

 

2. Bien dicen que “Dios no castiga por hacer cosas malas, sino por hacer las cosas mal”, y en este caso, me parece que los organizadores “las cosas malas las supieron hacer bien…” (Vean la diferencia con un caso similar de Guasave, Sinaloa.)

 



 
 

 

 
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