Poder y Política


Manuel Cuadras

02/072009


CENA DE LA UNIDAD MARINISTA


El pasado martes por la noche el PRI-Gobierno realizó una cena para festejar el buen cierre de campaña que tuvieron todos sus candidatos a diputados federales. Razones había (y muchas) para celebrar “en familia” por las benditas encuestas y brindar por los buenos tiempos que se avecinan. Nadie podía negarles el derecho de auto agasajarse. Con las recientes publicaciones de las encuestas que pronostican un triunfo tricolor el próximo domingo los priístas llevan días brincando de alegría, se encuentran más que contentos, más que felices, los priistas hoy simplemente están “Chelises y contentos”.


Mucho se habló del perfil y la capacidad de los candidatos: que si eran malos, que si eran desconocidos, que si eran perdedores, etcétera. Y es cierto, la gran mayoría de ellos (salvo una o dos excepciones) son justamente eso: malos, desconocidos y perdedores, entonces ¿por qué están a un paso de convertirse en diputados? Que nadie se engañe, no es ni porque tienen las mejores propuestas, ni porque son muy buenos candidatos, ni por la excelente estrategia electoral que diseñó su partido, NO, es simple y sencillamente porque las circunstancias estuvieron a su favor (no quisiera hablar de suerte porque no es un término que reconozca la ciencia política, pero vaya que la tuvieron…).

 

Como quiera que haya sido, los priistas hoy se encuentran a un paso de la gloria y eso los tiene en un estado de excitación mental muy elevado que los hace, incluso, fantasear con grandes cosas. El mítico carro completo es algo con lo que sueñan los niños marinistas (hoy candidatos) para agradar a papá Marín, y es que, desde pequeños han escuchado infinidad de historias que narran la “gran hazaña” de su mentor en la elección de 97. ¿No acaso sería buena idea regalarle un 16-0 a papá?  —se preguntan Zavalita y compañía—.


Así las cosas, Marín llegó a la cena orgulloso del buen trabajo de sus muchachos. Entusiasmado por el óptimo escenario que se avecinaba el gobernador no podía ocultar su sonrisa que denotaba seguridad y confianza, pero al mismo tiempo dejaba escapar un ligero toque de soberbia y altivez. “Otra vez me la pelaron”    —pensaba mientras ingresaba al recinto donde lo esperaba la bufalada priista de su gobierno—.


Ahí estaban todos los priistas, o mejor dicho, todos los marinistas “priistas” brindando por el éxito personal de su jefe. Lo mismo burócratas pipitilla, diputados obedientes, empresarios agradecidos, candidatos frustrados, un delfín que está en el hoyo, un entrenador que ha servido de arlequín, y una dama respetable a quien quieren exprimir políticamente (Coral Castillo).


Sin embargo, esa noche de éxtasis marinista representa paradójicamente la imagen de su debacle. La algarabía y la “unión” de los felices asistentes contrastan con el desprecio y repudio que los NO marinistas sienten hacia el grupo en el poder. Así es, ni Doger, ni Estefan, ni Amador Leal, ni Chucho Morales, asistieron a la “Cena de la Unidad MARINISTA”, incluso el propio rector Enrique Agüera desairó al gobernador en su evento como una señal de rechazo ante la evidente cargada a favor del delfín.

 

El mensaje fue claro: “No seremos parte de su teatro”. El hecho de que alguno de los pre candidatos antes mencionados (incluyendo al rector) se presentara al evento, además de representar un acto indigno, representaba también la sumisión tácita al Proyecto Z. Sólo Víctor Hugo Islas (que se vende por tres cocas) aceptó asistir a una cena organizada por el Club de Tobi, los demás decidieron preservar sus respectivos proyectos y dignidades.

 

De esa manera, el Tucom poblano parece haberse robustecido tras la “Cena de Unidad” que no tuvo unidad. En su exceso de soberbia, el marinismo no ha dejado espacio para la disidencia ni otorgado posiciones para otros grupos ajenos a su seno. Los 16 candidatos a diputados son una clara muestra de ello, ¿cuántos melquiadistas hay? ¿Cuántos dogeristas, cuántos blanquistas, cuántos agüeristas? Seguramente la arrogancia de Marín minimizará los posibles alcances de este Tucom, sin embargo, ante la inexorable pérdida de poder que sufra el Ejecutivo en los próximos meses, aunado a la suma de fortalezas que capitalicen los “no alineados”, podrían ganarle la batalla que más le interesa a Marín, la de 2010. Bien dicen que el peor error de los imperios es creerse invencibles, veremos…

 



 
 

 

 
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