Política y Poder


Manuel Cuadras

 

AYUNTAMIENTO VS. SINDICATO: “LA NUEVA BATALLA”


Un nuevo round entre el gobierno municipal y el sindicato de trabajadores del Ayuntamiento nos sorprendió esta semana. ¿El motivo? Las famosas naranjitas. La historia es la siguiente:


Resulta que después de aquel “encontronazo” entre ambos bandos en el mes de abril (cuando el sindicato exigía un aumento de dos dígitos y el Ayuntamiento sólo ofrecía un aumento del 4%), se acordó un incremento en prestaciones para los trabajadores consistentes en: entrega de premios, estímulos, bonos, ayuda de juguetes, ayuda de útiles escolares, entrega de lentes, etc. Todo, en aras de mostrar buena voluntad por ambas partes: El sindicato cedería en su petición de dos dígitos, y el Ayuntamiento cedería otorgando más beneficios paliativos.


Así las cosas, el tiempo pasó, la “calma” llegó y los paliativos jamás se vieron, por el contrario, llegó el mes de agosto y con ello el tan esperado festejo del empleado municipal, fecha en la que tradicionalmente los trabajadores de base eran “agasajados” por el presidente municipal en turno, en una especie de celebración para tener al enemigo contento (cerca). Era la fiesta del sindicato, había comida, vino, regalos y sorpresas. ¿Cómo olvidar las fiestas de Marín y Doger con los sindicalizados? Sin embargo, el actual Ayuntamiento no lo concibió así. Los “brillantes asesores” de la presidenta le recomendaron hacer unas “pequeñas modificaciones” al formato del festejo para ahorrar unos cuantos pesos (cosa que irritó a los sindicalizados). Al final, el sindicato desairó a la presidenta y a sus “audaces colaboradores” al no presentarse a dicho festejo: “Quédense con su pinche fiesta…”, dijeron, y así fue, lo que históricamente era un festejo para naranjitas, electricistas, personal de antirrábico, notificadores y secretarias, se convirtió en un festejo para secretarios, directores, jefes de departamento y asistentes.


Las cosas estaban tensas, las negociaciones continuaban. La secretaria de Administración (García Maldonado) hacía su mejor esfuerzo, lo mismo que el tesorero (Javier Ramírez Carranza); el de Gobernación (Juan de Dios Bravo) estropeaba todo, mientras que el secretario General (César Pérez) simplemente deambula en el limbo. De pronto, la tranquilidad sostenida con alfileres entre Alcalá y Pacheco se vino abajo gracias al “ingenio, visión y creatividad” de dos “célebres” funcionarios municipales: Héctor Sulaimán y  Román Lazcano.


El primero tuvo la brillante idea de fomentar la creación de un sindicato alterno, con la finalidad de debilitar el liderazgo de Israel Pacheco, lo mismo que intentó Luis Paredes con resultados fallidos. Guardando todas las proporciones (y sin ser adulador de Paredes) ¿qué le hizo pensar al junior Sulaimán que podría lograr lo que Paredes (un tipo con mucho más malicia, mucho más inteligencia, más ingenio y muchos más gü….) no pudo? ¿Pensaba que crear un sindicato alterno era lo mismo que jugar Monopoly, o que derrocar a un dirigente sindical era lo mismo que conquistar un nuevo territorio en el Risk? Lamentablemente para el joven funcionario, el tiro le salió por la culata, ya que los delegados del sindicato adscritos al Organismo de Limpia, en vez de aceptar la propuesta de Sulaimán, informaron a su jefe y esperaron indicaciones. Las indicaciones llegaron. Al día siguiente, personal sindicalizado del Organismo de Limpia realizó “paro de brazos caídos”, reclamando el retraso en la entrega de lentes que el organismo tendría que hacer a los sindicalizados.


El Ayuntamiento, por su parte, también respondió. Y la respuesta vino del “connotado” jurista Román Lazcano, quien cobra como síndico municipal. La recomendación de Lazcano fue enviar un mensaje siciliano para medir fuerzas, un mensaje a todos los trabajadores sindicalizados para infundir miedo en caso de futuros paros, movilizaciones y huelgas. El Ayuntamiento, a través de la Sindicatura, presentó una denuncia penal en contra de dos delegados del Sindicato, adscritos al Organismo de Limpia, por “oponerse a la prestación de los servicios públicos del municipio”, lo cual constituye un error jurídico y político. Veamos:


Por supuesto que siempre va ser mal visto un trabajador que se presente “a trabajar” y no trabaje. Sin embargo, el error JURÍDICO del Ayuntamiento radica desde el planteamiento: Entiendo que presentó una denuncia penal porque un trabajador del Ayuntamiento “se opuso a prestar un servicio público”, y entiendo que al decir servicio público se refería a la recolección de basura y al barrido manual (ahí radica el error). La defensa jurídica para el sindicato es sencilla, ya que, tanto la recolección de basura como el barrido manual, no son responsabilidades de los delegados (ellos tienen otras funciones administrativas), es más, por irónico que parezca, no es responsabilidad ni de las naranjitas, ya que, de acuerdo al Contrato de Concesión realizado en 1990 por el entonces presidente Rafael Cañedo, las empresas SUP y PASA tendrían la concesión del Servicio Público de Recolección, Barrido Manual y Mecánico, Transportación y Disposición Final de los residuos sólidos en el Municipio de Puebla, es decir, que la función de las naranjitas es de apoyo al Municipio, la responsabilidad y obligación de prestar dicho servicio público es de la empresa.


Ahora bien, el error POLÍTICO consiste en que, más allá de hacerle un bien a su jefa, los funcionarios mencionados le complicaron más las cosas. ¿Usted cree que Blanca Alcalá quiere “aventarse una bronca” con 2 mil 500 trabajadores de base? ¿Cómo cree que sea la relación con el sindicato pasando esta nueva crisis? ¿No le da la impresión de que se está jalando y jalando la cuerda de manera innecesaria? ¿Qué va a pasar cuando la cuerda se rompa? Nada, que los trabajadores se declararán en huelga permanente, la ciudad estará sin servicios, paralizada, con marchas y manifestaciones en el primer cuadro de la ciudad, y eso significa tiempo perdido para dar resultados a la ciudadanía. Al final de cuentas, al paso de los años, la gente no va a decir: “Ahh, sí, el Ayuntamiento de Alcalá no hizo nada, pero es que había problemas con el sindicato…”, ¿o sí? ¿Entonces? ¿Qué es mejor, negociar o combatir? ¿Conciliar o confrontar? ¿Ganó algo Sulaimán al cooptar a 20 naranjitas? Sí, provocar a la dirigencia sindical. ¿Ganó algo el síndico al denunciar penalmente a los delegados? Sí, generar unión y solidaridad entre los empleados de base.


En fin, lo cierto es que a nadie conviene que el Ayuntamiento se encuentre en continuo pleito con sus trabajadores. Lo cierto es que la actual administración municipal tiene muchos problemas como para aventarse otro de esas magnitudes. Lo cierto es que los funcionarios de la presidenta, en vez de ayudarla, la perjudican. Y lo cierto es que hay dos empresas que llevan años haciéndose millonarias en Puebla.

 

*¿La salida de Juan de Dios?


Quien se puso a temblar de miedo por su posible salida del gabinete municipal fue el secretario de Gobernación, Juan de Dios Bravo. Resulta que este simpático funcionario vio con mucha extrañeza la salida de José Ventura Rodríguez Verdín de la Dirección de Normatividad Comercial, y con mucho mayor extrañeza que la presidenta no le haya aceptado su renuncia y lo haya mandado a Gobernación Municipal. ¿Se estará preparando su llegada como Secretario?

 



 
 

 

 
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