Política y Poder


Manuel Cuadras

 

JULIETA MARÍN Y LA HISTORIA DE UN CAPRICHO


Haga click aquí para ampliar la imagen

Hace ocho días comentábamos en este espacio sobre la imperiosa necesidad que tiene Marín para contar con gente de su confianza en la próxima legislatura federal. El reciente destape de su hermana Julieta el pasado sábado, es una muestra más de la falta de prudencia y mesura política por parte de quien debería ser el líder moral de los priístas en Puebla. ¿por qué digo “debería ser”? porque en la práctica no lo es, ¿o cómo se sentiría usted si fuera priísta y quisiera que su partido le diera la oportunidad de contender a un cargo de elección popular y le dijeran que la hermana del gobernador tiene la misma aspiración y por el mismo distrito? ¿sentiría que el gobernador es el “líder moral del partido en Puebla” (como le suelen llamar a Marín en los eventos priístas)?

 

Y es que, me queda claro que Julieta Marín es una ciudadana más y como tal tiene todo el derecho de aspirar a una diputación federal, eso no está ni a discusión, la cuestión es un asunto de moralidad, prudencia y mesura política, es decir, ¿qué méritos tiene Julieta Marín para ser merecedora a una diputación? ¿ser líder de una organización que cumplió 3 años de vida (osea, el tiempo que lleva su hermano de gobernador)? Ahora bien, supongamos que es un cuadro valioso del PRI y que cuenta con un capital político importantísimo, ¿por qué no esperar a que su hermano deje el poder para que no se preste a malas interpretaciones? No creo que el liderazgo de una organización tan sólida se base sólo en los lazos familiares ¿o sí? O dicho de otra forma, no creo que la “Red de Mujeres” que presiden Julieta Marín pierda su cohesión (se desinfle) el próximo sexenio ¿o sí? Entonces, ¿por qué no esperarse 3 años?

 

Repito, se trata de un asunto de sanidad política. ¿No le parece ilógico (inmoral) que Enrique Marín Torres (actual diputado local) califique las cuentas públicas de su hermano Mario Marín? ¿No le parecería ilógico (inmoral) que Julieta Marín Torres (futura diputada federal) vote ante un eventual juicio político contra el ex gobernador de Puebla Mario Marín Torres? Solo faltaría otro Marín como magistrado para cerrar el círculo familiar en los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial).

 

Bien es sabido que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente, y ese es justamente el riesgo de entregar el poder absoluto en manos de una sola persona. ¿qué espacio queda para la disidencia? ¿hay lugar en este Estado para alguien que no comulgue con las doctrinas marinistas? ¿qué se espera alguien que por cualquier circunstancia tenga alguna diferencia con un Marín? ¿qué garantías tengo de no ser presa de una persecución, en caso de no ser bien visto por un pariente del gobernador?

 

Las preguntas anteriores vienen a colación por la experiencia de una persona que –por tener la osadía de enfrentar al marinismo- se vio perjudicada en su trabajo y descubrió que en este Estado se combate frontalmente la corrupción y el tráfico de influencias, siempre y cuando la parte denunciada no tenga por apellido Marín.

 

La historia es la siguiente: Era el año 2004. La vorágine producida por la campaña política estaba al máximo. La entonces maestra de la facultad de Derecho de la BUAP (y operadora política de Julieta Marín) reclutaba alumnos para que se integraran a la campaña del Lic. Mario Marín Torres. La ilusión y esperanzas producidas eran inmensas: “entrar a trabajar al gobierno del estado” –soñaban-.


La campaña llegó a su fin y con ello el triunfo aplastante de Mario Marín, posteriormente los tan ansiados “acomodos”.


La gente cercana empezó a colocarse en los puestos de mayor importancia, la tropa tendría que esperar un poco más, y un poco más, y más y más…

 

Así, la protagonista de esta historia comenzó a desesperarse y a buscar entrar por sus propios medios (sabedora que había sido utilizada por su maestra y por la “Red de Mujeres por Marín). Fue en una de esas búsquedas cuando por fin se le dio la oportunidad. Después de tanto y tanto batallar, después de tantos y tantos currículums entregados, por fin en la Secretaría de Desarrollo Social se le abrió una puerta, concretamente con el entonces subsecretario Lázaro Jiménez Aquino.


La noticia pronto llegó a los oídos de la Maestra Julieta (como muchos la conocían), quien no tardó en preguntar ¿cómo le había hecho esa persona para entrar a trabajar ahí? (La pregunta en el fondo era: ¿cómo sin su apoyo y sin su consentimiento?). Acto seguido, dio la “indicación” de dar de baja a esa persona por no ser institucional y por “saltársela”. ¿Qué cree que pasó? Pues que la dieron de baja, ¿Cómo no hacerlo si era una “petición” de la hermana del gobernador? De esa manera fue el subsecretario Lázaro quien le dio la noticia, diciéndole que “a pesar de estar a gusto con su desempeño, tenía que acatar la orden y le rogaba su comprensión”.

 

Posteriormente la agraviada acudió a la recién creada Fiscalía Anticorrupción donde sólo recibió largas, pretextos y finalmente una confesión sincera pero incómoda por parte del titular de esa imparcial dependencia: “Mira, tu sabes lo difícil que es que proceda tu queja, sobre todo por la persona de que se trata, yo te recomiendo que mejor ya no te desgastes…”

 

A la par de ello, la maestra de universidad de aquella funcionaria rebelde, a quien le enseñaba la importancia y el respeto a las instituciones (hoy por cierto diputada), le dijo que “la Maestra estaba muy enojada con su actitud y que no se le hacía justo puesto que ella (Malinally) era quien la había llevado a la campaña y que ahora la ponía en una situación de vergüenza, por lo que le pedía que retirara la queja y sus entrevistas en medios, a cambio de una generosa liquidación”.

 

La quejosa desistió de su intento, Malinally suspiró y la liquidación nunca llegó.

 

Las conclusiones de esta historia pueden ser muchas, ¿es permisible tanto abuso y tanta indefensión? ¿acaso los poblanos votaron por un gobierno dictatorial en el 2004? ¿cuántas historias como ésta se seguirán quedado en el anonimato? ¿cuántas personas seguirán rezagadas a causa del marinismo? ¿Es legítima la aspiración de una persona tan cercana al gobernador? ¿es bueno seguirle dando más poder al poder?

 

Recuerdo que en durante el sexenio de Mariano Piña Olaya, un prestigiado comunicador cada día informaba a los ciudadanos los días que faltaban para el término de ese nefasto gobierno. Hoy (y con mucha demora) yo empiezo la mía: Faltan 885 días para que termine el gobierno de Mario Marín.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas