Poder y Política


Manuel Cuadras

06/05/2010

 

 

La lectura del desfile


El día de ayer se conmemoró el 148 aniversario de la Batalla del 5 de Mayo en Puebla. Como siempre ocurre, los eventos cívicos alusivos a dicha gesta (concretamente la ceremonia del desfile) se convierten en actos políticos llenos de mensajes, señales y lecturas. Máxime, cuando se trata de un año eminentemente político-electoral y en plena recta final de la carrera sucesoria.


De acuerdo a la ortodoxia priista del viejo régimen, la ceremonia del 5 de Mayo del quinto año de gobierno era utilizada por el gobernador en turno para mostrar a todos (gabinete, periodistas, sociedad) la identidad del sucesor (previamente bendecido por el dedo sacrosanto de Los Pinos). De tal suerte que, el que era designado como orador oficial en dicha ceremonia, era invariablemente, el futuro candidato del PR y por tanto, próximo gobernador.


Todos estaban atentos a conocer quién sería el orador, era una tradición, un menaje entre líneas, era, ni más ni menos, “la pinche señal”.


La selección de la fecha para realizar este minidestape no era al azar, después del 15 de Septiembre la fecha histórica más representativa para los mexicanos es el 5 de Mayo (de hecho, la comunidad mexicana es E.U. celebra con mayor importancia la batalla de Puebla que el propio inicio de la Independencia), lo cual quiere decir que, independientemente de la visita del presidente de la República, la ceremonia del 5 de Mayo siempre atrae la atención de la prensa nacional, lo cual lo convierte en un entorno ideal para mandar todo tipo de mensajes, ¿no cree?


Hoy los tiempos han cambiado. Con el arribo del PAN al Gobierno federal, ésta y otras costumbres priistas sufrieron ciertas variaciones. ¿La razón?, las señales convexas lanzadas por uno y otro bando.


De esa manera, los presidentes panistas (sobre todo Calderón) han aprovechado los desfiles de Puebla como escenario para montar su propio juego de mensajes y señales. ¿Cómo olvidar la ausencia de Vicente Fox en 2006 como muestra de rechazo ante el penoso escándalo de Lydia Cacho? ¿Cómo no recordar, el ridículo discurso de Calderón hace un año, diciendo que salvó a Puebla, a México y al mundo de la terrible influenza? ¿Y qué decir de las señales que mandó Calderón el día de ayer?


Mucho se ha hablado de “la buena relación” entre el gobernador Marín y el presidente Calderón. Algunos ingenuos, incluso, interpretaban las constantes visitas de Calderón a Puebla como una muestra de “cachondeo político” a Marín.


Nada más falso que lo anterior, la realidad es que en TODAS (y repito, en T-O-D-A-S) las visitas del presidente a Puebla siempre han mostrado su animadversión hacia el gobernador. En su campaña de 2006 Calderón prometió sacarle tarjeta roja a Marín tan pronto llegara a Los Pinos, cosa que no sucedió. Al final, los acuerdos y las negociaciones pudieron más que la retadora promesa de campaña.


Sin embargo, a cambio de ello, Calderón no deja pasar la oportunidad para hacer patente su desprecio hacia el gobernador poblano. Así lo ha hecho en cada visita, en cada evento, en cada reunión. Caras largas, ceños fruncidos, saludos secos, frases cortantes, y una larga lista de desplantes, han sido las constantes en cada visita de Calderón a Puebla.


Pero lo visto el día de ayer fue quizá la más grande muestra de rechazo de Calderón hacia el marinismo. Y lo hizo con toda la intención, así lo pensó, así lo quiso y así lo hizo. La conformación del presídium montado para presenciar el desfile lo decía todo; Marín estuvo tan lejos del señor presidente, como el contingente del CENHCH lo estuvo del Morelos (acérrimos rivales). Dos sillas, dos lugares, dos personificadores, dos funcionarios, separaban a Calderón de Marín. ¿Qué son dos lugares? En el cine nada, en el fútbol menos, pero en un acto oficial, con la presencia del Ejecutivo federal, y uno siendo el anfitrión, la distancia es enorme y el mensaje clarísimo. ¿A alguien todavía le queda alguna de lo que vino a decir Calderón (entre líneas)?

 

*Agradecimiento

 

Gracias al señor Omar Durán por los comentarios enriquecedores hechos a mi columna del pasado martes. Sin duda, un gran apasionado (y conocedor) del box y la política.

 



 
 

 

 
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