Poder y Política


Manuel Cuadras

07/07/2009


MITOS Y REALIDADES DEL CARRO COMPLETO


Finalmente se confirmó lo que se suponía: el PRI se alzó con la victoria el pasado domingo. Si bien es cierto que todos esperaban un resultado contundente a favor del tricolor, la verdad es que pocos (muy pocos) realmente apostaban por las cifras que hoy conocemos.


Como es lógico, hoy todo es fiesta y alegría entre los priistas, ya desde la semana pasada se vivía un ambiente de tranquilidad y soberbia cuando en aquella “Cena de la Unidad Priista” el marinismo (en un arrojo de altivez) celebró públicamente un triunfo que aún no se daba.


El triunfo llegó y de manera rotunda, lo cual ha dado infinidad de argumentos (muchos de ellos falaces) para ensalzar la figura de un gobernador “todo poderoso” elevado a la figura de un dios.


Marín hoy es el centro de muchísimos análisis equivocados y esbirros que pretenden adjudicarle la autoría de este engañoso triunfo priista, o mejor dicho, columnas tendenciosas que buscan engrandecer la figura de Marín y minimizar los factores reales del triunfo. ¿Qué hay detrás de este “rimbombante” carro completo obtenido por el PRI en esta elección? ¿Son realmente extraordinarios los resultados alcanzados? ¿Es Marín el gran operador que todos suponen? ¿Con esto se convierte en invencible en sus proyectos futuros? Veamos.


Pretender otorgar el mérito de este triunfo únicamente a la habilidad del gobernador es un error de primer año. Algunos columnistas por falta de conocimiento (y de historia electoral) cómodamente señalan que la victoria se debió a una impecable operación orquestada desde Casa Puebla, lo cual, a todas luces es un análisis simplista y tendencioso. Algunos otros, por encomienda difunden que el resultado es producto de la fuerza y capacidad del ejecutivo: “Marín todo lo sabe, todo lo puede…” —dicen los periodistas subordinados a la nómina—.


El reposicionamiento electoral del PRI no fue un fenómeno meramente local, sino nacional. La mala estrategia de campaña implementada por el CEN panista, aunado al desgaste en el ejercicio de gobierno por la crisis económica y la inseguridad, provocaron la debacle panista en todo el territorio nacional. El PRI no ganó por tener los mejores candidatos ni las mejores propuestas, por el contrario, en muchos de los estados se dio una regresión a los tiempos de López Portillo y muchos gobernadores impusieron a familiares suyos en las listas de candidatos, “orgullo de sus nepotismos” (Puebla es un buen ejemplo). Que nadie se engañe, el PRI ganó por los errores y desgaste del PAN-gobierno.


Así pues, se trató entonces de una tendencia nacional que incluso arrasó con fuertes bastiones panistas como es el caso de Nuevo León, San Luis Potosí y el emblemático caso de Guadalajara. ¿Puebla por qué habría de ser la excepción?


Ahora bien, respecto al famoso carro completo ocurrido en nuestro estado, comparado con aquel mítico resultado del 97, existen diferencias diametrales, mire: En 1997 el PAN se encontraba en pleno movimiento ascendente que lo llevaría finalmente a sacar al PRI de Los Pinos en el 2000. La ola azul cobraba cada vez más fuerza ante el hartazgo de la sociedad por los gobiernos priistas. ¿Cómo olvidar la exitosa campaña de: “70 años del PRI, 70 años de corrupción”. ¿Lo recuerda?  El panorama para el PRI era similar a lo que hoy vive el PAN (debacle), aunado a ello, el PRD consolidaba en el centro del país, ganando por primera vez la elección para Jefe de Gobierno del D.F.


Ante un escenario como este, sólo tres estados entregaron saldos a favor del PRI: Oaxaca, Tabasco y Puebla, siendo éste último, el único que ganó todos sus distritos (carro completo). Pequeña diferencia con el carro completo de ahora ¿no cree? No es lo mismo ganar todo cuando afuera TODO se perdía, que ganar todo porque afuera TODO se ganó.


Pero hay más. Resulta que este carro completo que tanto ha llenado de orgullo  los priistas (y concretamente al marinismo), obtuvo una votación paupérrima, menor incluso que en la elección del 97. En 1997 el PRI obtuvo una votación de 166,350 votos en el municipio de Puebla, con un Listado Nominal de 771,546 electores; mientras que en este 2009 el PRI obtuvo 132,633 votos, con un Listado Nominal de 1,093,188 electores, es decir, que hace doce años (en medio de una debacle tricolor) el PRI obtuvo más votos que ahora y con menos electores registrados, ¿se da cuenta?


Y no sólo eso, en la elección de 2006 que resultó ser un holocausto para el PRI, con un pésimo candidato (Roberto Madrazo) que los hundió electoralmente y los llevó a convertirse en la tercera  fuerza electoral del país, el PRI obtuvo más votos que en esta elección!! Mire: En 2006 el PRI obtuvo 154,733 votos, o sea, 22 mil votos más que en ésta súper elección de 2009!! Es decir que incluso con el perdedor de Madrazo se alcanzaron más votos que ahora.


¿Recuerda usted que en esa elección de 2006, mucho se habló de que Marín se cruzó de brazos y decidió no operar a favor del PRI (por acuerdos con Manuel Espino)? Esto nos lleva a cuestionarnos lo siguiente: ¿Por qué en 2006 con un PRI dormido se obtuvieron más votos que ahora con toda la fuerza del gran Marín? O dicho más simple: En 2006 Marín NO OPERÓ y (el PRI) obtuvo más que en este 2009 en que SÍ OPERÓ Marín. ¿Curioso no?

 

Como podemos ver, el triunfo del PRI el pasado domingo es engañoso y debe ser analizado dentro de la coyuntura nacional, no hacerlo así sería tanto como ver solo el árbol y dejar de ver el bosque. Las lecturas que muchos columnistas pretenden dar, son (en el mejor de los casos) simplistas y tendenciosas. ¿De qué se enorgullece el PRI poblano? ¿De ser parte de un concierto nacional? Mal se hubieran visto si hubiesen sido los únicos en perder no? ¿De qué se enorgullece el marinismo? ¿De haber sacado menos votos que hace 12 años? ¿De tener menos votos que con el loser de Madrazo? ¿De eso se enorgullecen? ¿Ese es el músculo de Marín?

 



 
 

 

 
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