Poder y Política


Manuel Cuadras

08/04/2010

La (difícil) meta de Montero

Cuando lo leí no lo podía creer: “Mario Montero espera obtener 300 mil votos en la próxima elección” y no sólo eso, “le ganaré a Eduardo Rivera por 50 mil votos” —agregó confiado el candidato.


¿Qué le hará pensar a Montero tal cosa? ¿Tendrá conciencia de lo que dice? ¿De dónde los piensa sacar? ¿Le alcanzará su capital (político y económico) para llegar a esa meta? Hagamos un ejercicio sencillo de retrospectiva para obtener un estimado de lo que le espera a tan entusiasta aspirante (suspirante), veamos.


El piso de votación del PRI en Puebla capital es de (+ -) 120 mil votos; es decir, independientemente de quién sea el candidato, el PRI como marca vale eso: 120 mil votos. Es a lo que muchos llaman el famoso voto duro, aquél que tiene “asegurado” el PRI, sea cual sea la elección y sea quien sea el abanderado (por muy malo que éste fuese).


Ahora bien, los votos que se obtengan a partir de dicha cifra son, por así decirlo, responsabilidad del candidato y dependen de ciertas variables: propuesta de campaña, perfil del oponente, porcentaje de votación, etcétera. Vayamos a los ejemplos.


En la última elección para presidente municipal (2007), Blanca Alcalá obtuvo 224 mil votos, frente a 129 mil del tristemente célebre (loser) Toño Sánchez. Durante este proceso se combinaron varios factores para genera tal distancia entre uno y otro partido. Primero: un perfil ciudadano, de imagen sencilla y alegre como era Blanca Alcalá; frente a un candidato gris y acartonado, de aspecto senil como era Toño Sánchez. Segundo: una campaña articulada y propositiva de Blanca Alcalá, frente a una campaña misógina, sin pies ni cabeza, llena de ataques y errores por parte del candidato albiazul. Tercero: la expectativa generada de que Puebla fuese gobernada por primera vez en la historia por una mujer. Todos estos factores hicieron posible que Blanca Alcalá le sacara una ventaja de casi 100 mil votos a su desdichado oponente.


En 2004, el PRI llegó a la elección con muchos aspectos a su favor. Una excelente fórmula conformada por Mario Marín y Enrique Doger, candidatos a la gubernatura y a la presidencia municipal respectivamente. El primero venía de ser presidente municipal y tenía tres años en intensa campaña por todo el estado; el segundo, rector de la Máxima Casa de Estudios durante casi ocho años y contaba con un perfil ciudadano, académico y respetable. Ambos con buena trayectoria y alto nivel de posicionamiento; en resumen, excelentes productos para vender, unos candidatazos pues. Aunado a ello, la buena imagen del gobernador Melquiades, frente a la nefasta administración municipal encabezada por el polémico Luis Paredes, hicieron que el PRI se alzara con la victoria en los comicios. Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas para el PRI, ni tardes negras para el PAN, ya que, a pesar de todo el escenario favorable con el que contó el tricolor, su candidato a la alcaldía, Enrique Doger, se topó frente a un rival fuerte que le disputó palmo a palmo la elección. El saldo final fue, 242 mil votos para Doger, contra 198 mil de Pablo Rodríguez. Ambos, han sido los candidatos más votados de sus respectivos partidos.


En 2001, el candidato priista Julián y Nacer perdió la elección frente a Luis Paredes por un escaso margen: 160 mil vs 170 mil. La diferencia (10 mil votos aproximadamente) estribó en que Paredes cautivó el llamado voto switcher (cambiante), mientras que Nacer sólo convenció a 40 mil ciudadanos ajenos al PRI. Paradójicamente, Nacer perdió aún a pesar de haber obtenido más votos que Marín tres años antes.


En 1998, en una elección conjunta para gobernador y presidente municipal (que por su naturaleza atrae mayor votación) Marín obtuvo 155 mil votos, frente a los 124 mil que obtuvo el entonces desconocido José Antonio García, mientras que el candidato del PRD Emilio Maurer obtuvo 105 mil votos. ¿Qué hubiera pasado si el PRD no postulaba a Maurer? Nada, simplemente que el PAN hubiese capitalizado el voto switcher (tradicionalmente adverso al PRI) y por lo tanto habría ganado la elección. Los números nos indican que en realidad Marín fue un mal candidato, ya que sólo obtuvo 35 mil votos por él mismo, sólo que corrió con la “suerte” de haberse encontrado a Maurer como “rival”.


¿Qué podemos esperar para esta elección de 2010? ¿Cuál es el escenario que enfrenta el candidato Montero? De entrada, al igual que sus antecesores (Blanca, Doger, Nacer y Marín) ya tiene en la bolsa 120 mil votos seguros, ¡perfecto! Sólo que con esos no gana, luego entonces, ¿de dónde va a sacar los otros 180 mil que necesita? ¿Él solito vale eso (180 mil votos)? Lo dudo.


¿Tiene Montero un perfil ciudadano? ¿Un extraordinario posicionamiento? ¿Un buen compañero de fórmula? La respuesta es no, ninguna de las anteriores, ¿entonces? Veremos si alcanza su meta.


*El nuevo nombramiento


¿La llegada de Héctor Guerra a Seguridad Vial del Estado tendrá algo que ver con la campaña de Montero? ¿Será para hacer la vaquita? Es sólo pregunta.

 



 
 

 

 
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