Poder y Política

Manuel Cuadras

08/09/2009

LA GUERRA DE LAS ENCUESTAS


El día de ayer se vivió un capítulo más de la guerra de las encuestas en la carrera sucesoria de 2010. En esta ocasión, el personaje “beneficiado” fue el Secretario de Desarrollo Social, Javier López Zavala.

 

Como ya se ha comentado en múltiples ocasiones, las encuestas han dejado de ser una herramienta de medición que ayude a la toma de decisiones, para convertirse en un instrumento de manipulación, confusión e incluso de golpeteo político.

 

Cada semana vemos una encuesta diferente que da como puntero a “x” o “y” candidato. Lo mismo Enrique Doger, que Javier López Zavala, Chucho Morales o Rafael Moreno Valle; todos, en diferentes momentos y en diferentes columnas, han gozado de las mieles de sentirse punteros de la contienda.

 

Esto, más allá de beneficiarlos los perjudica, veamos por qué.

Partamos del hecho que la política actual se rige por los cánones del marketing político, esto es:
candidatos = producto.
electorado = consumidores.
partidos = grandes tiendas departamentales.

 

Luego entonces, al igual que lo que ocurre en el mercado económico, en la arena política el producto (candidato) que más se vende, no siempre es el mejor, sino el que implementa mejores estrategias de venta. Por ese motivo, los candidatos se esmeran por posicionarse ante los consumidores (electores) como la mejor opción, a través de innumerables campañas y métodos publicitarios, uno de ellos, el uso de las encuestas.

 

Un elemento importantísimo para posicionar una marca o un producto, es darle la certeza al consumidor de que lo que van a comprar es algo exitoso, de moda, o popular, es decir, que así como Pedrito, hay millones de personas que simpatizan con el producto en cuestión. Esto genera tendencia. ¿Cuántas veces no ha escuchado usted campañas publicitarias que dicen:
“Cerveza Duff, la cerveza más vendida…”
“Toyota líder en ventas
“La pasta de dientes que más doctores usan…”

 

Con las encuestas sucede lo mismo. Los candidatos se promueven ante el electorado como los número uno en las mediciones, para hacer más fácil (en teoría) el proceso de convencimiento.

 

Sin embargo, los candidatos parecen no tomar en cuenta un factor clave: Según los mercadólogos, un elemento fundamental para el éxito de todo producto, es la confianza y/o credibilidad que la gente tenga hacia lo ofertado, de tal suerte que, si la gente no cree en aquello que se publicita, simple y sencillamente no lo compra.

 

Cuando un producto es publicitado de manera exagerada, éste cuenta con el rechazo inmediato de la gente, por ejemplo: “Utilice Fataché y adelgazará al instante…; Use Dimoximil y le saldrá el doble de cabello…” ¿Usted compraría estos productos? ¿Usted les creería?

 

En el caso de las encuestas ocurre lo mismo: ¿Cómo decir que Zavala es el puntero en las encuestas, cuando el 80% de los poblanos vomita al marinismo? ¿Alguien en su sano juicio puede comprar esa idea?

 

Pero volvamos al inicio. Decía que el día de ayer se vivió un capítulo más en la Guerra de las Encuestas porque en diferentes columnas se hizo mención de “ciertos trabajos demoscópicos” que ubicaban a López Zavala a la cabeza de las preferencias. Varias cosas saltan a la vista:

 

Primero. Llama la atención la uniformidad del guión empleado por los columnistas que llevaron la nota. Pareciera que todos recibieron la misma información, de la misma persona (dictado).

 

Segundo. En tres columnas se habla de dos casas encuestadoras, una local y una nacional, ambas de renombrado prestigio. El problema de las encuestadoras nacionales es que no cuentan con personal operativo (encuestadores) en los municipios en que se realiza el trabajo, por lo tanto, tienen que recurrir a la contratación de personal de encuestadoras locales, es decir, ¿usted cree que Mitofsky tiene representantes en Tepeaca (por ejemplo)? Por supuesto que no, luego entonces, se apoya en casas encuestadoras de Puebla como Parametría (que por su cuenta también realiza trabajos similares), por lo tanto, los resultados a los que se lleguen son los mismos. Luego entonces, hablar de que el gobernador tiene 2 encuestas diferentes y que ambas le dan ventaja a su delfín, es un argumento manipulador, ya que el resultado es el mismo.

 

Tercero. Como ya lo dijo recientemente en una de sus columnas la acertada analista Marcela Jiménez: Lamentablemente no existe una entidad que regule la veracidad del trabajo que realizan las casas encuestadoras (una especie de PROFECO de las encuestas), por lo tanto, se pueden alterar, manipular y publicar supuestos resultados demoscópicos de manera arbitraria y tendenciosa sin ningún reparo. Las empresas que se dedican a levantar encuestas son finalmente empleados momentáneos del cliente que las contrató, ¿cómo entonces decirle que no al que está pagando? Recuérdese aquello de “El que paga manda…”

 

Así las cosas, podemos apreciar que la estrategia de “convencimiento” a través de encuestas, puede resultar perjudicial en el proyecto sucesorio de quien las utiliza. Existen sólo dos encuestas reales que definirán al candidato del PRI a Casa Puebla: Consulta a la Base ó la encuesta que realice en Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI. No se hagan bolas, lo demás son meras chaquetas…

 



 
 

 

 
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