Poder y Política

Manuel Cuadras

08/12/2009

Trampas toleradas


La semana pasada hablábamos acerca del aparente letargo que vive la sociedad poblana ante los inminentes actos de autoritarismo del actual gobierno marinista, concretamente, los referentes a la imposición de Javier López Zavala.


Decíamos que tal parece que nos encontramos en un estado de conformidad automática, en la que a pesar de las grotescas y burdas acciones por imponer al delfín, los poblanos parecen consentir con su indiferencia tal arbitrariedad.


Nunca en la historia reciente de Puebla se habían visto tantos y tan descarados intentos por conseguir dejar a un sucesor. Quizá si nos remontáramos a los tiempos de Maximino Ávila Camacho encontraríamos semejantes ejemplos a los que hoy vemos en la figura de Mario Marín.


Hoy, al igual que hace seis décadas, el gobernador es amo y señor de todo: gobierno, Congreso, poder Judicial, universidad, iniciativa privada, prensa, partidos políticos, y un largo etcétera que van desde antros de moda hasta equipos de fútbol. Es un poder asfixiante en donde no hay cabida para expresiones distintas a las del Ejecutivo, todo, repito, con la aparente complacencia de la ciudadanía.


La periodista Denise Maerker lo define de manera muy singular: “Nuestra democracia está llena de trampas toleradas: se rebasan los topes de los gastos de campaña, se usan recursos públicos, hay dinero del narcotráfico y en la mayoría de los estados los medios de comunicación son parciales y hacen coberturas inequitativas. También es cierto que nuestra clase política deja mucho que desear y que a nadie en su sano juicio le gustaría ver reelecto al gobernador de Puebla, ni al de Oaxaca…”, hasta aquí la cita.


Efectivamente, los ciudadanos en cierta medida nos hemos vuelto cómplices de nuestros malos gobernantes al privilegiarlos con nuestra complacencia. Los políticos han encontrado en la indiferencia ciudadana su mejor herramienta para alcanzar sus objetivos. Maerker no se equivoca: a nadie en su sano juicio le gustaría ver reelecto al gobernador de Puebla en la persona de Javier López Zavala; sin embargo, nadie hace nada para impedirlo. ¿Qué pasaría si los ciudadanos se organizaran para impedir la continuación del Marinmato?


El principal error del llamado bloque opositor al marinismo, encabezado por Enrique Doger y Chucho Morales, ha sido no saber involucrar a la ciudadanía en su lucha; es decir, la batalla que han librado frente al marinismo se ha quedado únicamente en el círculo político (burócratas resentidos, candidatos frustrados, etc.) y no en el grueso de la población. Cierto, la sociedad en general es desinformada por naturaleza, pero el error de los rebeldes es no haber transmitido su lucha a la esfera social.


En la próxima entrega más acerca de esta paradoja entre el hartazgo hacia el marinismo y la indiferencia (cómplice) de los ciudadanos.

 

*Un mail.


Suena demasiado triste esta frase y me cuestiono permanentemente si esto es verdadero, además de justo. Será que realmente los seres humanos por desidia estamos condenados a soportar toda clase de idiotas que quieran asumir el liderazgo, no de la sociedad, sino de nuestros gobiernos. ¿Acaso nuestra sociedad ha caído en tal decadencia que está destinada a repetir sus errores indefinidamente?


Ahora que leemos cualquier clase de noticias alzando la mano de Zavala como candidato a la gubernatura, no puedo dejar de cuestionarme: ¿es acaso lo que Puebla se merece? Y no lo digo porque represente al marinismo ni porque sea obtuso, y mucho menos porque represente un retroceso para Puebla, lo digo por lo que ha hecho. Y no podría decir que no ha hecho nada, por el contrario yo diría que ha hecho demasiado, en el sentido de que ha ayudado a consolidar el abuso, el gobierno paternalista, el retraso, las campañas de Estado, etcétera. Observe tan solo lo que Puebla ha logrado en comparación con otros estados, no podemos comparar una obra en Tepic, Nayarit, que costó 90 millones de pesos por 2.5 km contando con siete carriles contra nuestra Atlixcáyotl de más de 700 millones de pesos y de 5.3 km (si Pitágoras no miente debería haber costado 180 millones); porque no podemos decir que “Zacatlán va por todo” (Léase Zavala) cuando su política social está destinada a servirle a sí mismo y no a los más necesitados. Y yo le pregunto ¿de qué sirve regalar dos tinacos y un suelo digno para abatir la pobreza? ¿No acaso tuvo la oportunidad de transformar la política social de estado y coadyuvar al abatimiento a la pobreza, en lugar de ponerla a su servicio como una herramienta electoral? ¿Por qué no nos convenció de sus cualidades como secretario para poder ser gobernador? Armenta Mier desde el PRI sirve a los intereses de Zavala, el gobernador presiona a María de las Heras para fortificar su última gran traición a Puebla, la designación de un advenedizo que representa los intereses de un ínfimo grupo que solo ha sumido a Puebla en una espiral decadente y sin fin. Tal vez al leer esto te preguntes si no estoy yendo demasiado lejos, tal vez sí, tal vez la única opción que queda es que te sumes a una resistencia silenciosa y democrática, que no permitas que hagan del gobierno y los recursos públicos un instrumento de unos cuantos, en lugar de ser la herramienta que impulse el desarrollo integral de lo que debería de ser uno de los estados modelo. Y todo esto se los permitimos con nuestro silencio y apatía. Puebla, se supone, es uno de los estados más importantes del país; sin embargo, posee uno de los peores gobiernos, porque hay que decirlo: el marinismo ha sido el negocio del siglo (para los marinistas). En estos días decembrinos no quise hacer un análisis político de lo obvio, sino una reflexión sobre lo que puedes llegar a elegir, que ayudes a recordarle a Marín que Puebla no es suya sino de los poblanos. No permitas que Puebla se sume en la eterna ignominia de la anacrónica conducta de unos cuantos. Que la democracia prevalezca, que todos participen, que gane el mejor, pero que no impongan a una persona porque “UN SOLO POBLANO” (y sus plutócratas) considera que debe gobernar para que sus intereses prevalezcan, porque ese día habremos perdido lo que se supone sustenta a la democracia. Déjenme ir más allá: Armenta, no olvides a tu amado Colosio; Zavala recuerda que no has hecho nada extraordinario por Puebla; y Marín, no olvides cómo conquistaste tu sueño.

 

Feliz navidad Puebla.

 



 
 

 

 
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