Política y Poder


Manuel Cuadras

 

La silla más chica


El tema de la sucesión de Mario Marín fue, sin duda, el más polémico de este 2008. A lo largo del año, los diferentes actores que aspiran a suceder al actual gobernador dieron infinidad de declaraciones y mensajes con el propósito de estar dentro de la pista de la sucesión. Así, hoy encontramos participantes como Javier López Zavala, Enrique Doger, Blanca Alcalá, Enrique Agüera, Rafael Moreno Valle, Chucho Morales, y lo más irónico es que ninguno de ellos ha aceptado públicamente su deseo de competir para alcanzar dicho objetivo; según ellos, es muy temprano para hablar del tema y esperarán los tiempos para tomar una decisión, lo cierto es que los seis (cada uno desde sus diferentes esferas, y aunque lo nieguen) se encuentran avocados de tiempo completo para ser el sucesor de Marín.


Mucho se ha hablado sobre quién tiene más posibilidades: “que si éste cuenta con el apoyo del gobernador, que si éste con el de Elba Esther, que si aquel con la estructura, que si éste otro con la base…” en fin. En este espacio hemos comentado que el hecho de contar con el respaldo del actual gobernador, no es garantía para convertirse —como por arte de magia— en su sucesor, por el contrario, entre más cercana es la identificación del candidato con el gobernante, mayor es el rechazo por parte de la ciudadanía. El efecto del “dedazo” que durante muchos años presenció la sociedad mexicana a lo largo del régimen priista, es una especie de fantasma que ronda en la cabeza de los mexicanos, provocando una sensación de asco y rechazo ante cualquier eventual aparición. De ahí la importancia y el auge de las famosas “candidaturas ciudadanas”.


Todo gobernante llega muy desgastado a su último año de gobierno, y Marín no será la excepción, por tanto, la decisión de postular al candidato del PRI al gobierno del estado es una decisión que sale de los límites de su poder. Cierto, será un factor de decisión, mas no el único ni el más preponderante. La designación será monopolio del centro, léase: Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Enrique Peña Nieto.


Sin embargo, si bien es cierto que Marín no contará con la fuerza necesaria para imponer a su candidato para sucederlo, si podrá designar al candidato a la alcaldía, y eso —en estos tiempos— no es nada despreciable. Mire:


De acuerdo al principio del equilibrio de fuerzas que permitió al PRI compartir (y cederse) el poder de manera pacífica, se procuraba otorgar espacios para todos los grupos, a fin de lograr la “unidad en el partido”. En el caso de Puebla, en los últimos dos sexenios, los gobernadores (Bartlett y Melquiades) no pudieron imponer a algún sucesor, pero a cambio de ello encontraron espacios para la supervivencia de su grupo político. Así pues, dentro de las negociaciones (encabezadas por el Comité Ejecutivo Nacional del PRI) que garanticen la “unidad” para las próximas elecciones, el grupo marinista contará con un espacio de acomodo para sus integrantes, a fin de evitar alguna escisión o ruptura en las elecciones de 2010, y la más importante: 2012.


Cierto es que a raíz de que el PRI perdió la Presidencia en el 2000, han habido casos en los que un gobernador ha designado a su sucesor (de ello hablaremos en otra entrega), sin embargo, el caso de Puebla, por todos los problemas que se han dado a lo largo del presente sexenio, se antoja por demás complicado que el sueño de la imposición se pudiera materializar. Por tal motivo, algunos integrantes de la burbuja marinista, tienen ya puesta su mirada en una silla más chica, pero con los mismos cinco años de garantía (por la reforma electoral) que la del próximo gobernador: El Ayuntamiento de Puebla Capital. ¿Le doy algunos nombres? Pericles, Valentín y Armenta. Continuará…

 



 
 

 

 
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