Política y Poder


Manuel Cuadras

10/03/2009

Diputados (marinistas) nacos


Hace apenas seis días el PRI festejaba con bombo y platillo su ochenta aniversario desde su fundación. Fue una fecha de esas en las que “el orgullo de ser militante” aflora en la piel de todos los priistas. Palabras como: nacionalismo, justicia, desarrollo, equidad, rumbo, progreso, visión, proyecto, entre otras, adquieren singular tono y acento en la boca de los henchidos tricolores. También, es una fecha en la que los priistas sacan a relucir, desde el más recóndito y polvoso rincón de los recuerdos, nombres de personajes históricos que —aseguran— son sus baluartes, sus ideólogos, sus fundadores, precursores y antecesores. ¿Algunos nombres? Luis Donaldo Colosio, Jesús Reyes Heroles, Lázaro Cárdenas, Plutarco Elías Calles, Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa y por su puesto, Benito Juárez. Todos ellos sin duda, protagonistas de la historia de México, y todos ellos, al parecer, propiedad exclusiva del PRI por derecho primario.

 

La semana pasada, figuras como Manuel Bartlett, Melquíades Morales y Guillermo Pacheco Pulido, en el marco del festejo de su partido, daban su opinión acerca de la vigencia de los postulados priistas, así como la importancia de preservar la ideología (herencia de sus abuelos militantes) que les dio sentido e identidad.

 

Los tres se pronunciaron por mantener la ideología y evitar las tentaciones del pragmatismo; los tres estuvieron de acuerdo en conocer y estudiar los principios básicos priistas; Los tres coincidieron en su vigencia, e incluso uno de ellos calificó como “NACOS” a aquellos que atentaran o desconocieran tales principios: “Son unos NACOS, quienes no conocen de ideologías y proyectos”, dijo uno de ellos.

 

En efecto, eso es lo menos que se puede decir de los diputados priistas que apoyan la reforma constitucional que se opone a los postulados de su partido, son unos NACOS. ¿En qué consiste la reforma? Veamos.

 

La iniciativa firmada por José Othón Bailleres y otros 20 priistas, Nueva Alianza y Acción Nacional, únicamente reconoce la unión entre hombre y mujer como núcleo familiar; defiende la vida desde la concepción hasta la muerte natural y establece el respeto al trabajo doméstico femenino.

 

La propuesta reconoce a la familia como agrupación primaria, natural y fundamental que constituye una unidad política y social que promueve la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos y sociales necesarios para el desarrollo de las diferentes generaciones que la conforman, pero lo más alarmante es que señala al matrimonio como la única organización de la familia (sic). ¿Y los hogares formados por parejas en unión libre? ¿Ellos no tienen derecho a considerarse como “familia”? ¿Y las madres solteras que con esfuerzo forman a sus hijos? ¿Tampoco tienen el privilegio de considerarse “familia”?

 

Pero la propuesta va más allá, y a pesar de que en la mayoría de las sociedades modernas se discute y aprueba con mayor vehemencia el derecho a decidir la realización de una muerte asistida (en casos de enfermedades graves), parece que en las mentes retrógradas y conservadoras de los legisladores priistas trasnochados, dicho tema parece ser un asunto tabú, o peor aún, un asunto vetado. Lo mismo ocurre con el derecho de decidir sobre la interrupción del embarazo, mire:

 

“La vida humana debe ser protegida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. El Estado garantizará a las personas el pleno goce y ejercicio de todos sus derechos”

 

¿Y qué hay de los enfermos terminales que quisieran (en un estado conciente) DECIDIR poner fin a su agonía? ¿No tienen ese derecho? O planteémoslo en sentido inverso: ¿Legalmente tienen la obligación de sufrir? ¿Y qué hay de las mujeres violadas que por voluntad y convicción quisieran abortar un producto, consecuencia de un acto cobarde e indigno y no fruto de la planificación “familiar”? ¿Tampoco tienen ese derecho? ¿Por qué? Porque a los diputados obtusos del PRI se les ocurrió que la vida humana debe ser protegida desde la concepción (unión de dos gametos).

 

Más allá del debate político de claudicar a sus tendencias ideológicas y cargarse con un pensamiento conservador, más identificado con el PAN, los diputados que apoyan esta propuesta simple y sencillamente se evidenciaron (una vez más) como cerrados e intransigentes. ¿Por qué no convocaron a un debate público acerca de estos temas tan importantes? ¿Por qué no hicieron foros y consultas (como en otros estados del país) para saber qué opinan los ciudadanos respecto a estos temas que tienen como base el derecho de decidir?

 

Ahora bien, por el lado netamente político, triste (y denigrante) resulta ver que un partido que siempre ha criticado las tendencias derechistas y conservadoras de su odiado rival, hoy, de la noche a la mañana, a solo seis días de haber “reafirmado sus principios”, DECIDAN apoyar una reforma promovida a nivel nacional por el PAN. ¿Qué sigue después? ¿Que consideren delito usar minifalda, besarse en la calle, decir piropos? Esos son algunos ejemplos de medidas que han impulsado los gobiernos panistas en distintos estados de la República, y que hoy, su hermanito el PRI, parece respaldar.

 

Comienzo a pensar que tanto Bartlett, Melquíades y Pacheco se quedaron cortos en sus calificativos hacia aquellos militantes que se doblegan a los intereses panistas. ¿Tendrán cara (o argumentos) para negar que son el “apéndice del PAN”, “el cabús del PAN”?

 

¿Y como sociedad qué otra cosa podemos decirles si no: obtusos, cerrados, retrógradas, ineptos, negados, cuadrados, conservadores, trasnochados, anticuados, demagogos, incongruentes, reaccionarios, seudo representantes, o simple y sencillamente: NACOS

 

*La otra reforma. ¿Adiós al piso 20?


El pasado jueves, el gobernador Marín envió al Congreso del Estado un proyecto de reforma para la Ley de Obra Pública del Estado de Puebla. Dicha reforma pretende que las convocatorias de licitación y procesos de adjudicación, no se concentren únicamente en la dependencia encargada del ramo (Seduop), sino que, a partir de la entrada en vigor del decreto, todas las dependencias del gobierno del estado que deseen realizar obra pública, puedan hacer las licitaciones respectivas por ellas mismas, sin tener que pasar por el filtro de Seduop, ¿esto qué quiere decir? Que si la Secretaría de Salud quiere hacer una clínica, la SEP unas aulas, o la SCT la ampliación de una carretera, lo podrán hacer sin tener que pasar por la burocracia de Javier García Ramírez, ¿y eso en la práctica qué significa? Que los constructores de aquí a que termine el sexenio se habrán librado del famoso “Piso 20” (20 por ciento de “cooperación”) que aseguraban les exigía el funcionario marinista.


La otra lectura de la reforma, aún más interesante, es que el gobierno del estado se prepara para “limpiar la casa”, es decir, las obras fuertes del sexenio ya se realizaron (o están en proceso de), eso implica que todas fueron concursadas bajo el actual esquema (“Piso 20”) y de aquí en adelante, en un ánimo de “transparentar y fortalecer los programas de cada dependencia”, podrán contratar por sí mismos. Aquí caben dos preguntas. Primero: ¿por qué no se les ocurrió esa idea de “transparentar” las licitaciones desde el principio de la administración? Segundo: ¿Por qué hacerlo en la parte final del sexenio, cuando faltan por realizar únicamente obras menores de bajo costo?

 



 
 

 

 
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