Poder y Política

Manuel Cuadras

11/09/2009

Doña Blanca (segunda parte)


El día de ayer hablábamos del papel de Blanca Alcalá en este proceso sucesorio. Decíamos que su nivel de posicionamiento está directamente relacionado al rol que desempeña como presidenta municipal. El día que se acabe el rol terminará también el dulce sueño que ahora vive.


Pero mientras eso ocurre, la presidenta sigue disfrutando las mieles del momento: gozando de las entrevistas diarias, los flashazos, los reflectores, de aparecer en las revistas de moda, de ser la cara bonita que lleve palabras dulces a los habitantes de Puebla, en fin, de las prerrogativas que permite su cargo.


Es como un sueño hecho realidad: vivir en un palacio (municipal), lleno de bufones (funcionarios), y sobre todo, cubierta y protegida por pilares de oro y plata (recursos públicos). ¿Se puede pedir algo más? Sí, dejar de mandar en el palacio y convertirse en la reina del castillo (Casa Puebla).


Lamentablemente, no todos comparten el sueño de la alcaldesa. Existen cinco jicotillos que andan en pos de acabar con el sueño de doña Blanca. ¿La razón? Que ellos tienen la misma aspiración y no cuentan con los mismos privilegios.


La estrategia sostenida por Alcalá en la búsqueda de su proyecto parece cobrarle sus primeras facturas. La inquietud de todos los aspirantes (salvo Estefan) respecto al doble juego de Alcalá, es una clara muestra del complicado escenario que se le avecina.


Hasta ahora se había transportado libremente dentro de una burbuja que le cubría de las inclemencias de la sucesión, mientras observaba cómodamente cómo se destrozaban todos sus adversarios, pero el miércoles los jicotillos decidieron ponerle un ultimátum: “Que se defina” –dijeron- “y que lo haga públicamente”    –remarcaron- “no podemos permitir que siga con su indefinición mientras nosotros nos desgastamos, para que al final nos salga con que siempre sí…”


Ante ese escenario, Alejandro Armenta abrió su juego y mostró una carta que utilizará como comodín de aquí en adelante: mermar a Alcalá con sus propias palabras. Las declaraciones del dirigente fueron contundentes: “Tuve comunicación con ella y me dijo que no participará en el proceso…”


¿Cómo entender estas declaraciones? ¿Por qué hacerlas en un momento en que la alcaldesa se encontraba fuera de México? ¿Rudeza innecesaria? ¿Madruguete? Quizá. Pero ¿no acaso es lo mismo que ha estado haciendo la presidenta con el resto de los contendientes (y con el propio Armenta)? ¿Cómo entender el doble juego de Alcalá? ¿Cómo interpretar su “indefinición”? ¿Como una chamaqueada? ¿Como un distractor? Simple y sencillamente, su estrategia basada en “sí voy, pero no voy”, es un insulto a la inteligencia de los demás, ¿o no Armenta?


Ahora bien, si la situación entre sus compañeros de partido se torna complicado el mayor problema para Blanca Alcalá se encuentra justamente afuera de su partido, es decir, entre la gente que le reprocharía el incumplimiento de su palabra. ¿Cómo va a resolver ese problema? Supongamos que Alcalá corre con suerte (nuevamente) y resulta designada como candidata, ¿cómo va a presentarse ante los ciudadanos para pedirles el voto?


Cierto es (y mucho se ha dicho) que legalmente no tendría ningún efecto el hecho de incumplir con su pacto firmado ante notario, sin embargo, las consecuencias mediáticas y demoscópicas serían devastadoras. ¿Cómo justificar su decisión? ¿Cuál será su discurso? “He tomado esta difícil decisión porque la gente me lo pide…” ¿Y qué pasaría si al día siguiente miles de poblanos salen a la calle para inconformarse por su salida del Ayuntamiento? ¿Qué seguirá después? ¿Una guerra de movilizaciones? ¿O qué tal si el argumento es: “He tomado esta difícil decisión para seguir dando beneficios a los poblanos…”? ¿Cuáles? ¿Más ciclopistas? ¿Más pistas de hielo? ¿Más campañas de Puebla Limpia?


¿Cuál va a ser la imagen de una candidata que prometió tres años de gobierno y no cumplió ni dos? ¿Qué pasará cuando en plena campaña para la gubernatura le cuestionen acerca de los retrasos de su única obra importante en su mini gestión? O peor aún, ¿cómo responderá en un debate cuando le echen en cara haber endeudado a la Ciudad por los próximos 15 años?
¿No le parece una auténtica bomba atómica? Imagine la siguiente combinación:


Falta de Obras


Promesa incumplida


Obra lenta, cara y de relumbrón


Dejar endeudada a la ciudad…

 

¿Podrá resistir tantos embates en una eventual campaña a la gubernatura? ¿No le parece que llegaría en una posición de desventaja? Eso sin contar los distintos flancos que ha dejado abiertos. ¿Y qué pasará cuando pierda la elección para gobernador(a) y tenga que regresar al Ayuntamiento? ¿Cómo será recordada por los poblanos? Ya ve por qué le digo que las cosas no son tan fáciles como las pintan. Veremos…

 



 
 

 

 
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