Poder y Política


Manuel Cuadras

12/06/2009


Zedillo pide la cabeza de Madrazo


Era 1994. El partido dominante había retenido una vez más (y por última vez) el poder desde Los Pinos. Aún a pesar de la crisis, aún a pesar del asesinato de Colosio, aún a pesar del EZLN, aún a pesar de todo esto, el PRI ganó las elecciones, en la persona de Ernesto Zedillo Ponce de León.


A finales de ese mismo año, el presidente Zedillo tuvo que hacer frente a su primera elección complicada en su carácter de primer priista de la nación. Era la elección de Tabasco. Los candidatos eran Roberto Madrazo por el PRI y Andrés Manuel López Obrador, quien abandonó las filas del tricolor con la corriente democrática de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y que buscaba la gubernatura de Tabasco por segunda ocasión.


La elección fue como se esperaba: complicadísima. Al final, los resultados oficiales le dieron el triunfo a Roberto Madrazo. Obrador por su parte, se quejó de fraude electoral e inició una resistencia civil de grandes dimensiones que incluyó movilizaciones y concentraciones multitudinarias. Andrés Manuel viajó a la Ciudad de México, mientras en su estado, sus correligionarios se encontraban en plantón en el zócalo esperando la señal de ataque. Tabasco estaba de cabeza, las principales carreteras federales estaban bloqueadas, lo mismo que las instalaciones petroleras, en suma, fue el primer foco rojo en el sexenio de Ernesto Zedillo.


Fue entonces cuando el presidente Zedillo tuvo frente a sí la primera decisión importante de su gobierno. ¿Qué hacer en Tabasco? ¿Negociar? ¿Ceder? ¿Reprimir? Llamó a su secretario de Gobernación, el joven Esteban Moctezuma. La indicación era clara: “Las cosas no pueden continuar así. Cita a Madrazo y dile que pida licencia, él tiene que comprender. Dile que es mientras se calman las cosas, y si no, ofrécele la SEP.”


El novel secretario siguió las indicaciones de su jefe. Llamó a Madrazo a las oficinas de Gobernación. “Me pide el señor presidente que pidas licencia, es por el bien de tu estado y del país. Quiere que lo apoyes dentro del gabinete, concretamente en la SEP.”


Mientras eso sucedía, el secretario particular de Madrazo se puso en contacto con un antiguo amigo suyo, un gobernador de la región centro-sur del país. “Está pasando esto, Moctezuma le acaba de pedir que decline, ¿cómo ves, que hacemos?” Las palabras del enérgico mandatario fueron contundentes: “Y quién es ese pendejo chamaco de Moctezuma para andar pidiendo renuncias a los gobernadores.”


Acto seguido, el gobernador se puso en contacto con 10 mandatarios de diferentes estados, les contó lo ocurrido. Les sugirió que conformaran un bloque y que en conjunto defendieran a su compañero Madrazo: “Si permitimos que le hagan esto a él, mañana lo pueden hacer con cualquiera de nosotros.” Les dijo que era necesario que sesionaran al día siguiente de manera simultánea los 11 Congresos locales para exigir el respeto a la soberanía del Estado de Tabasco. A la par de ello, viajó a la Ciudad de México para entrevistarse con la presidenta de su partido. Una vez estando en el CEN del PRI, el asistente privado de la dirigente hizo pasar de inmediato al polémico gobernador. La presidenta se encontraba sentada en su sillón reclinable, viendo de frente al gran ventanal que ofrecía una vista imponente de la Ciudad de México, masajeándose la nuca (para aligerar el estrés) y diciendo por teléfono: “Bety, cómo me gustaría que estuvieras aquí…” De pronto, escuchó un carraspeo de garganta que la hizo voltear abruptamente, “Presidenta, el gobernador ‘B’ viene a verla”.


—¿Cómo estás mi querido gobernador?
—¿Bien, bien, Dulce María, ya sabes lo de Tabasco?
—No, ¿qué pasó?
—Ahh, no sabes, resulta que el muchachito pendejo de Esteban Moctezuma le pidió la renuncia a uno de tus gobernadores, pero tú, nuestra presidenta, no tenías conocimiento, así no nos sirves ¿eh? Dulce María, así no nos sirves a los priistas.
—No, no sabía, y ahora ¿qué hacemos?
—Yo ya tuve comunicación con 10 gobernadores y el día de mañana van a sesionar los Congresos para respaldar a Madrazo. Y tú, en tu calidad de presidenta, deberías sacar a la calle a tu partido a que defienda a su gobernador.


Al término de la entrevista, el gobernador se dirigió junto con su Dirigente Estatal del PRI a un conocido restaurante que se ubica frente a la sede del PRI. En ese lugar, en una recóndita mesa de una esquina, se encontraba pavoroso y solitario Roberto Madrazo. Antes de escuchar palabra alguna del tabasqueño, el gobernador defensor le dijo: “vete a tu estado, no te preocupes, tú eres el gobernador de Tabasco y 11 estados te apoyamos.”

 

Al día siguiente, los 11 congresos sesionaron de manera simultánea, miles de priistas tabasqueños salieron a las calles a defender a su gobernador y Roberto Madrazo permaneció en el cargo todo el sexenio. ¿Y Esteban Moctezuma? Fue removido al mes siguiente por no operar eficientemente la indicación del presidente.

 



 
 

 

 
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