Poder y Política


Manuel Cuadras

13/08/2009


Teoría de la historia cíclica


En la última entrega hablábamos sobre la metamorfosis sufrida entre el Marín candidato y el Marín gobernador. Recordábamos algunas frases de Marín (durante el proceso electoral de 2004) en las que exigía un proceso equitativo y con reglas claras, hoy, seis años después, sentado en la cómoda silla de Casa Aguayo, hace justamente lo contrario.


Decíamos también que el riesgo de aferrarse a su decisión puede ser muy alto: políticamente puede ocasionar una división tan fuerte al interior del PRI que culmine en una desbandada tipo Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 (guardando todas las proporciones claro); y electoralmente (y como consecuencia de la primera) su imposición puede llevar al delfín a una inminente derrota electoral en caso de que los antimarinistas unan fuerzas. Bajo ese escenario es preciso preguntarse: ¿vale la pena enfrentarse, haciendo uso de toda la fuerza del estado, para ganar la candidatura y perder la elección constitucional?


Sin embargo, lo más preocupante en el panorama marinista no son las consecuencias políticas ni electorales, sino las consecuencias sociales que pudiera desatar su proyecto transexenal. Lo que está en juego el próximo año es mucho más que una simple elección o una gubernatura: es la estabilidad y gobernabilidad no solo de Puebla, sino de México. Veamos.


Existe una teoría denominada “Teoría de la historia cíclica”, según la cual, la historia tiende a repetirse de acuerdo a determinados periodos. Nuestro país es un buen ejemplo de dicha teoría, ya que, las grandes transformaciones políticas y sociales en México, parecen ocurrir cada cien años, concretamente durante la primera década de cada siglo.


Así ocurrió en 1810 (inicio de la Independencia); en 1910 (inicio de la Revolución) y así podría ocurrir el próximo año. Las condiciones en el país están dadas para que se dé un movimiento social que rompa (o al menos lo intente) con los esquemas y modelos existentes. De acuerdo a los estudiosos de la Ciencia Política, los principales factores que generan movimientos revolucionarios en un país son: profundas crisis económicas, ausencia de confianza hacia las instituciones, o bien, cuando el estado se ha visto rebasado en la aplicación de justicia y el orden.


En México contamos con esos tres factores y otro aún más grave: la guerra contra el narco, de tal suerte que, nos encontramos inmersos en una enorme olla exprés llena de inseguridad, crisis económica, políticos corruptos y ciudadanos asqueados, ¿se puede pedir algo más? ¿Qué hace falta para que esa bomba de tiempo estalle? Justamente eso: tiempo, nada más que eso (y un cerillo claro está; un insignificante cerillo).


¿Cuál podría ser ese “cerillo”que detone todo? Aunque le parezca exagerado, puede ser el mismísimo Proyecto Z, me explico: Para nadie es un secreto que Marín representa lo más rígido y anacrónico del priismo tradicional, características de las cuales la sociedad está cansada, está harta, aborrece, luego entonces, el hecho de que Marín ejecute un acto de autoritarismo en un momento de alta vulnerabilidad social, podría ser el detonante que active la reacción ciudadana ante los abusos de la clase gobernante.


Quizá le resulte exagerada mi lectura, sobre todo si consideramos que existen casos de gobernadores que consiguieron lo mismo que ahora intenta Marín (imponer a su sucesor) sin que hubiera brote de violencia alguno, cierto, sólo que ninguno de ellos tiene la peculiaridad y los antecedentes de Marín. La resolución de la SCJN en el caso de Lydia Cacho, respondió más a factores políticos que jurídicos, lo cual generó un estado de molestia colectiva entre los ciudadanos que finalmente derivó en impotencia.


¿No cree usted que ese sentimiento de impotencia pueda convertirse en venganza (o mejor dicho, en cobranza)? La sociedad mexicana de principios del siglo XIX aguantó muchos abusos por parte de la corona gobernante, pero llegó el momento de revelarse; lo mismo que la sociedad del siglo sucesivo ante los excesos del porfiriato; ¿Se confirmará la teoría de la historia cíclica?


La política que se practica en Puebla, simplemente ya raya en lo grotesco, vulgar y ofensivo. El grupo en el poder se ha olvidado de las formas y todo parece hacerse de acuerdo al gusto y designio del “jerarca mayor”, sin aceptar la crítica ni el disentimiento, como en los tiempos más recalcitrantes del PRI-gobierno. Los costos de la obra pública son hiperinflados como en tiempos del alemanismo; las candidaturas son otorgadas a los consentidos del sexenio como en tiempos de Echeverría; y los familiares del poder son beneficiados con posiciones políticas. En alguna ocasión, López Portillo al ser cuestionado por incluir a su hijo (José Ramón) en un cargo importante de gobierno, respondió diciendo que era “el orgullo de su nepotismo”. ¿Cuántos orgullos del nepotismo se pueden contar en Puebla. Uno, tres, cinco?

 

Así las cosas, ¿no cree usted que estemos en la ante sala del estallido social del siglo XXI? No olvide que la revolución mexicana tuvo su origen precisamente en el primer cuadro de la ciudad de Puebla.

 



 
 

 

 
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