Poder y Política


Manuel Cuadras

15/04/2009

LOS CARTUCHOS QUEMADOS DEL PAN


El día de ayer, Mario Alberto Mejía plasma en su columna un artículo denominado “Lo que Anatere trae entre manos”. En él, nos habla de lo que ha sido parte de la trayectoria política de Ana Teresa Aranda Orozco.

 

Sin duda, “Anatere”, como muchos la llaman cariñosamente, ha sido uno de los referentes de la política local más significativa en las últimas tres décadas. Para su partido, un pilar fundamental que le ha dado infinidad de galardones, producto de las tantas batallas que ha librado “La Doña”.

 

A la par de Francisco Fraile, “El pastor”, han luchado juntos por abrir los espacios públicos que durante muchos años estuvieron reservados para su tan odiado partido rival: el PRI.

 

Ambos, han dirigido al PAN por muchos años; han sido sus candidatos; sus dirigentes; sus guías espirituales; sus gurús, sus chamanes; sus mesías; y en años más recientes: sus líderes morales.
Regreso a la columna de Mario Alberto Mejía. En ella nos narra dos hazañas de “La Doña” enfrentándose al poder, precisamente en los tiempos más ácidos éste, y frente a dos representantes de la máxima expresión del poderío priista:

 

Anatere se enfrentó a muerte a Mariano Piña Olaya y lo derrotó.


Piña gobernador no quería que ella fuese la candidata de Acción Nacional al ayuntamiento de Puebla en 1989 y argumentó, a través de sus empleados en el Congreso local, que había nacido en Guanajuato y no en Puebla.


Anatere recurrió a todo —pudiendo haber tramitado su ciudadanía poblana—, se inconformó, mentó madres, hizo resistencia civil, escandalizó el ambiente, llevó a México el tema poblano y terminó por derrotar al gobernador.


En otras palabras: se salió con la suya y fue la candidata del PAN.


…Ante Manuel Bartlett no fue distinto.


En el caso Huejotzingo, haciendo oídos sordos a su dirigencia nacional, Anatere encabezó la lucha de los pobladores que argumentaban un fraude al seno del Tribunal Estatal Electoral.


…Desde ahí, todos los días, enfrentó a Manuel Bartlett y a los encorbatados que le mandaban mensajes ominosos.


No tuvo miedo y siguió su lucha ciega.


E hizo de todo: desde mover como nadie a las mujeres de Huejotzingo, hasta plantarse a las afueras del Palacio de Gobierno —en Reforma todavía— y lograr que le echaran a la policía y la desalojaran.


… Queda claro que el mayor fracaso del sexenio de Bartlett fue Huejotzingo.


La peor humillación.


El peor ocaso.”


Hasta aquí la cita.


¡Qué tiempos aquellos!


¿Quién no recuerda esos años de lucha, de pasión, de carácter, de luchar por los ideales!

 

De Francisco Fraile se cuentan iguales o mejores anécdotas. Como cuando fue abofeteado por un guarura del PRI en plena manifestación frente a Palacio de Gobierno. O como cuando se enfrentó al sexenio de Manuel Bartlett, recibiendo presiones y amedrentaciones. En fin.

 

Pero el tiempo no pasa en vano. Hoy ambos políticos viven solo de sus viejas glorias, de sus recuerdos, de sus suspiros. Ambos se encuentran en el ocaso de su carrera, pero ambos se niegan a aceptarlo; los dos se aferran a seguir siendo las figuras centrales de su partido, olvidando que su capital político no es el mismo de sus tiempos de gloria.

 

Así es la vida, así es el tiempo, así de injusto y así de celoso. Hoy Paco y Anatere hablan y dan consejos, de la misma manera y con la misma melancolía que lo hace un boxeador en declive (que se niega a aceptar que ha perdido destreza, lucidez y ponch). Sin embargo, a pesar de haber sido rebasados por el paso del tiempo, ambos se niegan a aceptarlo. Celosos de lo construido a lo largo de los años, se niegan a compartir los espacios con los nuevos panistas (muchos de los cuales, ellos mismos formaron).


Esto tiene una explicación lógica y teórica. Robert Michels, el gran teórico de las élites, en su libro “Los partidos políticos”, afirma que todas las sociedades y todas las asociaciones son gobernadas y dirigidas por pequeñas élites. Los representados —dice— inconscientemente requieren de dichos liderazgos por la conducta apática de la sociedad, la cual los lleva a desear soluciones fáciles que otros les brinden. Las élites por su parte, “buscarán perpetuarse como tales a cualquier precio”. Cuando la élite se vuelve vieja y nuevos liderazgos intentan desplazarla, los viejos dirigentes apelan a la disciplina de los miembros para retardar al máximo la rotación de los espacios cupulares.

 

¿Se da cuenta? Pero hay más. Gaetano Mosca, otro gran teórico de las élites, afirma que para la preservación y éxito de un partido político, es necesario —entre otras cosas— tener una eficiente renovación de sus cuadros, es decir, alimentar constantemente sus filas de nuevos liderazgos, y no depender de una figura central paternalista que perdure a lo largo de los años. En el PRI lo entendieron y lo practicaron durante décadas, y vaya que les dio resultado. Caso contrario al PAN, obvio, la naturaleza de ambos partidos era distinta y como tal su desarrollo interno. El PRI nació en el poder y diseñó un mecanismo de transmisión pacífica del poder cada seis años, lo cual permitía la renovación constante de sus cuadros. En el caso del PAN, su papel de oposición los obligó a necesitar un líder que los guiara y defendiera, muchos de ellos figuras míticas del panismo: Gómez Morín, Luis H. Álvarez, Luis Calderón (padre del hoy Presidente), Manuel Clouthier, Vicente Fox, entre otros.

 

En el caso de Puebla, dos figuras que cumplieron con ese papel durante muchos años fueron precisamente Anatere y Paco Fraile, y como dije al principio, en verdad le abonaron grandes cosas al PAN (en su tiempo), sin embargo, como diría Mosca, parte del fracaso del panismo en Puebla se debe a la falta de nuevos liderazgos que sustituyan a los ya desgastados Fraile y Ana Tere. Paradójicamente las dos figuras más redituables para el PAN en Puebla en los últimos años, son hoy su principal obstáculo para desarrollarse.

 

¿Cuándo terminará la dinastía de dichos personajes? ¿Esperarán pacientemente los nuevos panistas hasta que Anatere y Fraile les quieran ceder el control del partido? ¿Cómo entender los caprichos de Anatere por aceptar una candidatura (¡¡¡¡plurinominal!!!!) ¿Cómo tomar las declaraciones de Fraile (cinco años después) arrepintiéndose de no haber sido un candidato férreo y crítico de su oponente Marín? En mi pueblo le llaman “chochear”.

 

¡Suerte en las próximas elecciones!

 



 
 

 

 
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