Poder y Política


Manuel Cuadras

15/04/2010

El factor Blanca (segunda parte). Dudas que matan

Dice un dicho que todo lo que se esconde apesta, y todo lo que apesta se descubre, luego entonces, tarde o temprano, todo lo que se oculta se encuentra. Tal es el caso de las irregularidades y los excesos cometidos en la actual administración municipal, encabezada por Blanca Alcalá, los cuales, poco a poco comienzan a salir a la luz pública.

 

Un ejemplo lo dimos a conocer el pasado martes en CAMBIO, con la publicación de un oficio firmado por un funcionario municipal, mediante el cual se contrató el servicio de “consultoría y asesoría especializada en materia de evaluación de la percepción ciudadana sobre la gestión municipal”, lo que en términos llanos y comunes se conoce como una encuesta, sí, así como lo lee, una simple y sencilla encuesta que le costó al Ayuntamiento 3 millones de pesos.

 

Es aquí donde surgen varias preguntas: ¿No es un despilfarro gastar 3 millones de pesos en una encuesta que mide la percepción ciudadana? ¿No hubiera sido mejor invertir ese dinero en obra pública? ¿No se supone que la actual administración carece de recursos, y que los pocos existentes se aplicarían racional y escrupulosamente? ¿Por qué no nos enteramos los poblanos de ese contrato? ¿Por qué no lo dio a conocer la presidenta en su último informe? Seguramente porque no era algo como para presumir, ¿cierto?, quizá por eso tampoco se subió a la página del Ayuntamiento. ¿Es ésa la actitud de un gobierno “honesto”? ¿Escondiendo cosas que después apestan?

 

¿Era prioritario gastar 3 millones de pesos en una encuesta? Para los poblanos no, pero para la presidenta sí, ya que eran los tiempos en los que aún aspiraba a la candidatura de su partido al gobierno del estado, y resultaba PRIoritario saber de qué manera la percibían los ciudadanos.

 

¿No hay maneras más económicas de conocer la percepción ciudadana? Si la alcaldesa quería medir su popularidad, ¿no hubiera sido más efectivo (y barato) salir de su bonito Centro Histórico e ir personalmente a alguna colonia popular? La lógica indica que sí, sin embargo, la presidenta optó por pagar a una empresa que le dijera cómo es percibida por la gente, y mantener así viva su ilusión de ser gobernadora, dicho de otra manera, pagó para que le endulzaran el oído: Doña Blanca pagó 3 millones de pesos por verse en un espejo encubridor. ¿Vanidad o malversación de fondos? Yo opino que las dos.

 

Obviamente, fiel a su estilo, Blanca Alcalá finge que no pasa nada y que todo es parte de un “complot” en su contra. “No voy a caer en descalificaciones (sic)…”  —espetó molesta, la presidenta, cuando la reportera la inquirió acerca de su peculiar encuesta—.

 

¿Descalificación? ¿Es una descalificación preguntarle acerca de una tropelía? Para Blanca Alcalá sí, quien en los discursos dice una cosa y en la práctica otra. Ahora resulta que cuestionar y criticar el ejercicio de gobierno es una descalificación…

 

Hace no mucho tiempo, la hoy presidenta decía lo siguiente: “La política de hoy nos exige que hablemos con la verdad, que podamos decirle a las cosas por su nombre y apellido…” Ok, pongámosle nombre y apellido a las cosas, ¿cómo se le puede llamar a un contrato como el que autorizó la alcaldesa: abuso, exceso, frivolidad? ¿Cómo calificar la candidatura de su yerno? ¿Imposición, madrinazgo, nepotismo?

 

La duda me mata, ¿cómo habrá salido (evaluada) Alcalá en la famosa encuesta que mandó a hacer? ¿Cómo será percibida en estos momentos por la ciudadanía a pocos meses de dejar el gobierno? ¿Estarán contentos con su gestión? ¿Estarán de acuerdo con las “obras” que ha hecho? ¿Se verá reflejada esa “simpatía” en las próximas elecciones?

 

¿Qué tanto le afectará al PRI el expediente negro de la presidenta Blanca? Repito, las cosas podridas apestan y lo que apesta finalmente se encuentra. ¿Cuántas cosas más habrá escondido la alcaldesa debajo de la alfombra? ¿Contratos, adjudicaciones, concesiones? Pronto las iremos descubriendo…

 



 
 

 

 
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