Poder y Política


Manuel Cuadras

16/03/2010

La historia de tres juniors


“No quiero que exista la sospecha de favoritismo…”, dijo Jean Sarkozy, hijo del presidente francés, Nicolas Sarkozy, el pasado mes de octubre ante la posibilidad de ocupar un importante cargo público de un organismo en Francia.


El eventual arribo del primogénito Sarkozy a la presidencia del organismo encargado de urbanizar el mayor barrio de negocios de Europa (La Défense), despertó la molestia entre los ciudadanos, políticos y periodistas del país galo, al considerar dicho arribo como algo inmoral.


De acuerdo a una nota publicada en Milenio Diario, dos terceras partes de la sociedad francesa criticaban el “casi seguro nombramiento” del joven, incluso entre los simpatizantes de la UMP (el partido del presidente) un 51 por ciento se mostró en contra del nombramiento.


Mientras tanto, el presidente Sarkozy negó que se tratara de un acto de nepotismo, justificando que “no se trataba de una designación, sino de un puesto de elección popular”.


El junior finalmente declinó a participar en la contienda, para evitar cualquier interpretación de favoritismo y dijo haber tomado la decisión por cuenta propia.


¿A qué viene todo esto? Al comportamiento de dos juniors de la política poblana ante una situación similar, veamos.


La semana pasada, en la prestigiada sección “En esto creo” del diario Cambio, Mario Marín García, el primogénito biológico del gobernador, puso fin a las suspicacias de una posible candidatura a diputado local: “Como todo político —dijo Marín García— tengo también la intención de que algún día aspiraré a un puesto de elección popular. Pero esperaré los tiempos. Tengo muchas ganas de poder representar a la gente y al pueblo. Algunos jóvenes me han hecho comentarios de que les gustaría que participara. Pero primero me lo quiero ganar y esperaré los tiempos. Lo que me abrirá las puertas será mi trabajo”.


Hasta aquí la cita.


¿Se fijó en la parte que dice “primero me lo quiero ganar”? ¿Cree usted que si el gobernador quisiera imponer a su vástago como candidato (y posterior diputado) podría hacerlo? Por supuesto que sí. ¿Cree usted que le importarían los comentarios o las críticas? ¿Le darían rubor, lo harían dudar? Por supuesto que no. ¿No acaso ha hecho lo mismo con sus hermanos y con su hijo político (Zavala)? ¿Haría menos corrupto al gobierno marinista el hecho de no imponer al hijo del gobernador? No. ¿Entonces?


Paradójicamente, el acto de prudencia, mesura y madurez política más importante del actual sexenio no vino del gobernador Marín ni de ninguno de los integrantes de la burbuja marinista, sino de un joven que, al igual que los colaboradores de su padre, pudo haber dejado de lado la vergüenza y aceptar una candidatura aún sin tener los merecimientos.


Con esto no estoy diciendo que Mario Marín García sea el político que el estado de Puebla necesita. Tampoco que sea un prócer del decoro y la honradez (sus paseos por la bahía de Acapulco en un lujoso auto deportivo dirían lo contrario) NO, simplemente que, con su declaración del pasado miércoles, el famoso Mario chico dio una cátedra de honestidad y congruencia política a muchos políticos poblanos (comenzando por su padre).


Lamentablemente no todos los jóvenes políticos tienen la misma visión del poder, para muestra un botón. ¿Cómo entender la postulación de Édgar Chumacero a una candidatura a diputado local? ¿Qué méritos tiene Édgar Chumacero? ¿Haber ido a unas olimpiadas con más pena que gloria? ¿Es acaso un funcionario brillante? ¿O será simplemente porque es “pariente político” de Blanca Alcalá?


¿Quién lo está impulsando? ¿Alejandro Armenta, la delegada del Comité Ejecutivo Nacional, o la propia alcaldesa? ¿Sabrán de su pasado incómodo? ¿Les habrá contado Chumacero de los “dulcecitos” que traía de sus viajes y a quiénes se los daba? En fin.


En la nota de Sarkozy, decíamos que no solamente la sociedad francesa veía con malos ojos la llegada del junior, sino además los militantes de su propio partido. En el caso de Chumacero ocurre lo mismo. ¿Qué pensarán los ciudadanos cuando se enteren que el flamante candidato por el distrito “x” es “pariente cercano” de Blanca Alcalá? ¿Se sentirán más motivados a votar por él? Lo dudo. Y en el caso de su partido, ¿qué pensarán los jóvenes priistas, esos que incondicionalmente reparten volantes, colocan pendones, y hacen talacha partidista esperando una oportunidad a un cargo de elección popular, ante la candidatura del yerno incómodo de Blanca Alcalá?


De entrada, el líder tricolor en el municipio, Carlos Meza Viveros, ya ha fijado con bastante claridad su postura acerca de dicha nominación: “No que me echen a cuestas a mí, a la esposa del compadre del candidato Zavala, Xitlálic no se qué, o que me pongan al novio de una hija de una presidenta municipal, al esgrimista, eso no quiere el PRI (…) estamos muertos, no sé cómo voy a cargar con ese lastre.” ¿Así o más claro? ¿Eso quiere el PRI? Veremos cómo les va.


¿Qué pasa si se logra la imposición de Édgar Chumacero? Nada, seguramente nadie dirá nada y con un poco de suerte (y muchos recursos públicos) se convertirá en un diputado que pasará sin pena ni gloria ¿Qué hubiera pasado si Sarkozy imponía a su hijo como presidente de La Défense? Nada, hubiese hecho más millonario a su padre y al poco tiempo se hubiera olvidado el escándalo; sin embargo, el junior optó por cuidar su imagen pública y evitar la sospecha de cualquier tipo de favoritismo. ¿Qué hubiera pasado si Marín imponía a su hijo como diputado? Nada, hubiese ganado sin problemas su distrito y hubiera sido otro orgullo del nepotismo marinista; sin embargo, el joven político poblano prefirió ganarse por méritos propios la candidatura.

 

Se llama madurez y sobriedad, aunque claro, algunos desconocen su significado…

 



 
 

 

 
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