Poder y Política


Manuel Cuadras

16/04/2009

La Puebla conservadora, 478 años después


El día de hoy nuestra ciudad festeja su 478 aniversario desde su fundación. La fecha bien vale hacer un ejercicio de memoria para recordar aquellos primeros años de su fundación, y un breve (brevísimo) análisis (o crítica) de cómo nos encontramos hoy en día.


Puebla, la Puebla de los Ángeles, ciudad muy noble y muy leal que nació como un gran proyecto y que con los años alcanzaría su real grandeza.


La palabra “Puebla”, era un término acuñado por los españoles para determinar a los nuevos lugares que habrían de poblar, es decir, era la forma en que se referían a los lugares donde tenían pensado poblar y fundar una ciudad, los españoles decían: “Vamos a hacer la Puebla de Tepeaca”, “la puebla de Tlaxcala”, “la puebla de los Ángeles”.


Así es, nuestra ciudad originalmente fue concebida bajo el nombre de: “Ciudad de los Ángeles”. Esto debido (según la tradición) al sueño que tuvo uno de los fundadores de la ciudad, fray Julián Garcés, que los ángeles lo llevaban a un hermoso lugar que poseía todas las ventajas del mundo: tierra fértil, agua abundante y clima saludable, el campo tenía hierbas, flores y manantiales de agua, en medio de el había un río y a los lados otros dos. También observó a dos ángeles que trazaban y delimitaban con cuerdas lo que sería sus límites. En la mañana, al despertar, contó su sueño a un grupo de franciscanos quienes lo acompañaron a 5 leguas (25 kilómetros aproximadamente) de Tlaxcala, donde encontró el campo que había soñado, de esta leyenda surgió el nombre de Puebla de los Ángeles (Gómez y Escalera. Historiador. 1992).


Por aquellos años (1531) habían llegado informes a la corona española de ciertos abusos practicados por los encargados de conquistar los territorios del “Nuevo Mundo”, lo cual representaba un desprestigio al reinado ibérico y un alejamiento a los motivos originales del proyecto de conquista, por tal motivo, la corona tomó la decisión de enviar un grupo de misioneros franciscanos que reorientaran el verdadero proyecto, inculcando la religión católica a los nativos con métodos más “sutiles”.


Es justamente una de esas cuadrillas de franciscanos quienes tuvieron a su mando la zona ubicada entre la Villa Rica de la Veracruz, y la Ciudad de México. Pronto hicieron llegar un proyecto a las autoridades españolas, de fundar una Ciudad que sirviera de reposo para los largos viajes entre el punto de desembarque (Veracruz) y la ciudad central (México). Además, el proyecto hacía hincapié en formar una ciudad que fuera de españoles y para españoles, resaltando la necesidad de premiar con tierras a aquellos españoles que habían participado de manera leal, desde las primeras expediciones de conquista, para que tuviesen un lugar cómodo de “retiro”. Por último, al darlos el incentivo de algunas tierras —decían— los españoles amarían esa nueva tierra y procurarían de ella, eliminando así su deseo de obtener el mayor número de riquezas mediante acciones ilegales, y por el contrario, se esmerarían por el engrandecimiento de de su nueva ciudad, de su nueva Puebla.


Es así, a muy grosso modo, como se fundó nuestra ciudad (usted disculpará lo simplista de la reseña). Lo que podemos destacar son dos cosas: La idea de formar una ciudad de puros españoles, así como la gran influencia de la cuadrilla franciscana para el establecimiento oficial de la Iglesia Católica en este territorio.


Muy loable fue la participación de aquellos misioneros franciscanos para la ciudad, y dado que Puebla era una ciudad predominantemente española (a diferencia de otras ciudades en que se daba un mestizaje mucho mayor), la ciudad de Puebla con el paso del tiempo se caracterizó por ser una de las de mayor ferviente catolicismo en nuestro país. No podía ser de otra forma: españoles igual a católicos y franciscanos igual a catolicismo, por consiguiente, todo Puebla (incluyendo a los mestizos y criollos) era católica.


El tiempo pasó, los siglos caminaron, y con ello el mundo fue adoptando nuevas teorías y nuevas formas de pensar que cuestionaban el papel preponderante de la Iglesia Católica a lo largo de la historia. Términos como igualdad, libertad, gobierno, estado y LAICIDAD, fueron impulsados bajo la idea de separar el papel de la iglesia de la vida secular. Surgió la necesidad (la idea ya venía de siglos atrás) de separar los asuntos de la Iglesia y los asuntos del Estado.


Así llegamos nuevamente a la Puebla, pero ahora del siglo XIX. Aquella Puebla que tuvo que adoptar las leyes de Reforma decretadas por Benito Juárez, aún a pesar de los reclamos de la sociedad poblana que veían con malos ojos la idea del presidente Juárez de “querer luchar contra la Iglesia”. La misma sociedad poblana que nunca apoyó al general Zaragoza en su lucha contra los franceses y que por el contrario, algunos incluso se intentaron aliar con las tropas enemigas.


Las raíces de la Iglesia son tan fuertes y profundas que en más de una ocasión le han ganado batallas a las autoridades del estado, mucho más en una sociedad como la nuestra, la poblana, que tiene una historia marcada por el catolicismo desde su fundación.


Por supuesto que es respetable cualquier práctica y creencia religiosa. Por supuesto que entendemos la enorme tradición católica en nuestro país y en nuestra ciudad. Por su puesto que el catolicismo (concretamente el ala franciscana) jugó un papel preponderante en la formación y educación de los primeros habitantes de Puebla, en suma, por supuesto que la Iglesia Católica tiene un lugar especial innegable en la historia de Puebla. Pero en pleno siglo XXI, después de siglos y toneladas de teorías seculares, resulta incomprensible que la Iglesia aún tenga injerencia en los asuntos del Estado y de la vida pública.


Nuevamente felicidades diputados y regidores por esta reforma constitucional que evangeliza nuestra Carta Magna. Feliz aniversario de la ciudad.

 



 
 

 

 
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