Poder y Política


Manuel Cuadras

16/07/2009


El destape de ayer…


Ayer, Marín abrió su juego y mostró las cartas con las que buscará ganar la partida más importante de su vida. Fue en medio de una reunión con columnistas locales, donde el gobernador enseñó al público cuáles son las cartas a las que habrá de apostar TODAS las fichas que le quedan. Nada de medias tintas ni especulaciones, el tiempo ya no da para hacer eso. Los demás competidores en las últimas semanas pusieron al centro de la mesa sus fichas para definir el valor de sus apuestas, Marín —en un acto de soberbia y quizá desesperación— igualó las apuestas lanzadas y las duplicó, esperando con ello el retiro de algún jugador rival que dijese: “No voy”.


¿Cómo entender el destape de ayer? ¿Era necesario que lo hiciera? ¿Fue otra más de sus “señales”? ¿Fue un mensaje de poder? ¿Dirigido a quién? ¿Fue parte de una estrategia fina, o fue más bien un arranque de desesperación? Veamos.


Por principio de cuentas habría que decir que con el famoso destape, Marín no dijo nada que no supiéramos. ¿Acaso no sabíamos que su favorito es Zavala; que Armenta es su mejor cuadro; y que la presidenta está bien posicionada pero que simple y sencillamente no la traga? Luego entonces, ¿qué ganó al hacerlo público? La respuesta es simple: TIEMPO, Marín busca en cada movimiento ganar tiempo (tiempo que le robaron los ministros a su reloj transexenal).


A todos nos queda claro que Marín lleva mano en el juego sucesorio, lo cual no significa que tenga el partido comprado. Es el jefe de las instituciones y como tal, su voz es preponderante (mas no decisiva), es el dueño temporal de la casa y todo lo que en ella existe. Pongámoslo de la siguiente manera: Imagine que usted habita una casa rentada, firmó un contrato de arrendamiento por seis años. Usted ciertamente es quien decide todo lo que al interior sucede: cuánto y cómo se gasta, qué se compra, quién entra, quién no entra, etcétera. El contrato está a punto de llegar a su fin y usted pretende traspasársela a su hijo, sólo que para ello debe cumplir con los requisitos que fija la Inmobiliaria que administra la vivienda. Evidentemente la inmobiliaria hará caso a las recomendaciones que usted haga (eso si durante los seis años no hizo ningún desperfecto a la casa), sin embargo, si se presentara un candidato con una oferta más atractiva, sin duda la inmobiliaria optará por la opción más rentable. ¿Así o más claro?


Así las cosas, Marín se preparaba para renegociar su contrato cuando algo sucedió fuera de lo previsto. Marín esperaba llegar a su quinto informe de gobierno llevando de la mano a su hijo para promoverlo (y así lo venía haciendo), a la par de ello, buscaría impulsar una opción alterna en caso de que las cosas se complicaran, sólo que unos señores vestidos de toga negra irrumpieron en los planes marinistas.


Con la decisión de los ministros de la SCJN de adelantar la elección a Julio (2009) se adelantaron los tiempos que Marín había contemplado, por ese motivo, todo lo que tenía pensado hacer más adelante, lo está adelantando al presente (con todos los riesgos que ello implica).


Cuando una decisión externa afecta los planes que se tenían definidos, lo primero que ocurre es un descontrol (eso es justamente lo que le está sucediendo a Marín), posteriormente, si no se realizan los ajustes necesarios, se puede caer en la desesperación (ante sala de la derrota).


Un viejo refrán afirma que los hombres más exitosos no son siempre los más inteligentes ni los más valientes, sino aquellos que tienen la capacidad de adaptarse mejor a las nuevas circunstancias, y si de por sí se antojaba difícil que Marín pudiera imponer a su delfín, ahora con estas nuevas circunstancias se antoja más que imposible. ¿De qué manera enfrentará Marín esas nuevas circunstancias?


Por supuesto que no faltan los análisis simplistas que afirman que Marín tiene todo para designar a su sucesor. Para sustentar esta hipótesis (falacia) algunos columnistas citan como ejemplos los casos recientes de gobernadores que han impuesto a sus candidatos (delfines), sin embargo, ninguno de los casos citados sirve como referencia al caso Puebla, veamos por qué.


Primero. Cierto es que han sido cinco los gobernadores que han conseguido su cometido, y cierto es también que sus candidatos no eran los que se encontraban como cabeza en las encuestas, sin embargo, esos delfines ocupaban el segundo lugar, sólo abajo del precandidato puntero, en ninguno de los casos el gobernador se atrevió a impulsar un candidato que estuviera en cuarto o quinto lugar en las encuestas, ¿qué les hace pensar que Marín podría hacer valer su dedazo con un candidato que se encuentra en el hoyo en todas las encuestas?


Segundo. Para lograr la imposición, los gobernadores no encontraron mayor obstáculo que el berrinche y enojo del precandidato puntero (vencido), en ninguno de los casos se encontraron con un bloque opositor de precandidatos como sí lo hay en el caso Puebla. Al día de hoy, el bloque antimarinista (Tucom) ha cerrado filas y se ha fortalecido después de conocer la imprudente declaración de Marín en que los deja fuera de su juego. ¿Aceptará el Comité Ejecutivo Nacional del PRI una imposición a costa de una desbandada?


Tercero (y más importante). Ninguno de los gobernadores en cuestión tuvieron un escándalo de tipo nacional que marcara sus carreras futuras, de hecho, el único caso en que un gobernador se vio envuelto en un escándalo de alcances mayores (Sonora), perdió su elección ante la guerra mediática a la que se vio expuesto. La lectura es muy clara: escándalos mayores = derrotas electorales. En el caso de Puebla, los grandes decisores del PRI a nivel nacional (léase: Gamboa, Peña Nieto y Paredes) ¿aceptarán la candidatura de alguien identificado con el góber precioso, con todo el escándalo que esto arrojaría? Lo dudo.


Como podemos ver, el escenario para Marín luce más que complicado. Su favorito está hundido en las encuestas y no crecerá ni aunque se inyecte cortisona; su niño maravilla (Armenta) no cuenta con el tiempo necesario para repuntar y venderse como un producto rentable (sólo lo conocen al interior del PRI), eso aunado a que con el destape de ayer, Armenta perderá legitimidad como líder del tricolor, ¿cómo aceptar a un dirigente que es juez y parte en el proceso? ¿Con qué cara podrá erigirse Armenta Mier como un árbitro imparcial si el gobernador ya lo destapó como precandidato? ¿Aceptarán los priistas un nuevo Roberto Madrazo versión Puebla?; Y finalmente, ¿decidirá Marín apoyar a Blanca Alcalá aún a pesar de que le produce náuseas el sólo verla? ¿Aún a pesar de los problemas que ahora enfrenta, y aún a pesar del escándalo que traería su promesa incumplida de gobernar los tres años?

 

¿Verdad que no es tan sencillo? ¿Verdad que no es lo mismo comparar peras con manzanas?

 



 
 

 

 
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