Poder y Política


Manuel Cuadras

17/04/2009

LA VISITA DE OBAMA
WELCOME MR. PRESIDENT


Finalmente se dio la visita del hombre más poderoso del mundo a nuestro país, Barack Obama estuvo el día de ayer en México, lo que representó la primera visita oficial de Obama a un país latinoamericano.


El motivo oficial, según dijeron, fue consolidar los lazos entre ambas naciones, así como diseñar una agenda conjunta en temas como seguridad nacional; narcotráfico, economía, etcétera.


El motivo real, por el contrario, fue la necesidad de Obama de congraciarse con la comunidad latina (concretamente la mexicana) recientemente lastimada y herida en su susceptibilidad por las constantes críticas del gobierno norteamericano al gobierno mexicano. Durante los últimos dos meses los funcionarios estadounidenses han lanzado todo tipo de declaraciones en contra de México, lo cual no es precisamente una manera “cordial” de iniciar una relación que durará por lo menos cuatro años. Se dijo de todo: “que si México es inseguro; que recomendaban no vacacionar aquí; que si es un estado fallido; que si el narco nos rebasó; que si jugamos a las pistolitas con el narco.”


Lo cierto es que en todas estas declaraciones tienen razón, lo malo es la manera en que lo dijeron. Recuérdese aquel viejo refrán de los mexicanos de: “No me molesta que me digan perro, sino la perra forma en que me lo digan…”


Así las cosas, Barack Obama comenzó a tener reportes de pérdida de puntos en aceptación por parte de la comunidad hispana. Ya semanas atrás, concretamente al cumplir el mes de haber tomado posesión, bajó 10 puntos en aceptación, derivado de sus discursos románticos de esperanza (excelentes en una campaña pero pésimos en el accionar de gobierno). Eso, aunado a la noticia del rechazo de la comunidad latina por las críticas a México obligaron al presidente de origen afroamericano a tomar cartas en el asunto.


Obama sabe de la importancia de dicha comunidad, tan lo sabe, que ocupó un espacio fundamental en su plataforma de campaña y para un hombre como él, que representa el ícono moderno de figura pública, no se puede permitir perder mucho espacio en rubros como popularidad, confianza y aceptación ciudadana.

 

Fue así como surgió la idea de mandar un claro mensaje de apoyo y respaldo hacia los mexicanos. ¿Qué mejor que aceptar una invitación de los vecinos pobres para que lo vean como un gesto de humildad y sencillez? Es como cuando llega una nueva familia al vecindario (de mucha clase y elegancia) y se le invita a cenar con la respuesta casi anticipada de un “no” rotundo. La familia accede, llega, saluda, sonríe, asombra a todos por su elocuencia, lleva un panqué para el postre y al final se despide con una enorme sonrisa, dejando deslumbrados a todos los presentes por la personalidad mostrada. ¿Es un tipazo no? —Afirman los vecinos pobres—.


Algo parecido ocurrió con la visita de Obama. Para él la gira fue todo un éxito: buen recibimiento, buen discurso, buena cobertura y buen manejo de la noticia tanto en medios de México y E.U. Para quien no fue tan positiva la visita fue para Felipe Calderón. Ya desde los días previos a la llegada del mandatario estadounidense, la prensa nacional criticaba el papel laxo (por no decir sumiso) del presidente Calderón para con su homólogo, no solamente por el excesivo despliegue de seguridad que montó el personal del Servicio Secreto de E.U., no sólo fue la forma en que por dos días la zona de Polanco estuvo sitiada por efectivos norteamericanos, sino también por la falta de rigidez por parte de Calderón para presionar en aquellos temas que le interesan a México y que el presidente Obama “sugirió no tocar en esta visita”.


Así es, fue una reunión en la que se habló lo que quería, cómo quería y cuándo lo quería Barack Obama, Felipe Calderón únicamente asintió diciendo: “yes sr.” Ya se lo había advertido Vicente Fox: “que no te vayan a padrotear como a mí, que no te den únicamente palmaditas en la espalda…” Y eso fue justamente lo que pasó. Obama vino a hablar muy bonito pero al final de cuentas poco o nada se avanzó en cuanto a compromisos de fondo, por el contrario, tan sólo un día antes de su llegada a México, Obama nombró a un Zar anti drogas especial para la frontera con México, desestimando el trabajo realizado por las autoridades mexicanas para frenar el crimen organizado. “Podemos hacer más fuerte la relación con México”. “Tenemos que trabajar juntos para restaurar el crecimiento económico”. “Tenemos que atacar al crimen como lo ha hecho el gobierno mexicano, con todo valor…” Bla, bla, bla, bla. ¿Y el asunto de los camiones mexicanos que les impiden cruzar la frontera? ¿Y el famoso muro fronterizo? ¿Y la campaña negra contra el turismo en México? ¿Y la regulación de venta de armas en E.U.? Nada de eso tocó Obama y mucho menos Calderón.


Calderón se limitó a hacerle caravanas y reverencias para arrancarle sonrisas a su invitado, como hacen justamente algunos gobernadores, haciéndola de bufones para congraciarse y quedar bien con el señor presidente, sólo que ahora fue Calderón el que tuvo que hacer el papel de “patiño” y menear la colita para llamar la atención.


La caricatura publicada el día de ayer en el periódico Milenio es genial, habla por sí misma. En ella se ve un tapete con rostro de Felipe Calderón con la leyenda “Welcome” y un pie extendido a punto de pisar cómodamente para no manchar la suela del zapato. Efectivamente, el gobierno de Calderón se puso literalmente de tapete ante la visita de Barack Obama.


El colmo de lo indigno resultó ser la falta de sensibilidad y oficio político por parte de algún funcionario calderonista, quien primero invitó a los representantes de todas las fracciones de los partidos políticos a la cena con Barack Obama en el Museo de Antropología y horas después les dijo que siempre no, sí, así como lo lee, los desinvitó. “Que porque ya no había lugares, que porque el Estado Mayor, que porque la seguridad de Obama, etcétera.”


Por demás humillante resultó la postura de Felipe Calderón con esta famosa visita. A los indios conquistados en Tenochtitlán por lo menos les dieron espejitos, ¿pero a Calderón? Nada. Él únicamente se arrodilló por unas palabras bonitas. Ni modo, creo que nos vinieron a padrotear

 



 
 

 

 
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