Política y Poder


Manuel Cuadras

 

La rana cocida


¿Conoce usted el experimento de la rana cocida? “Si usted arroja una rana viva a una cazuela con agua hirviendo, la rana con toda seguridad se salvará, pues ante la sensación abrasadora del agua en ebullición, el batracio se impulsará sobre el agua en centésimas de segundo y saltará fuera de la cazuela humeante.


Pero existe una pequeña variante del experimento. Meta la misma rana en la misma cazuela, sólo que esta vez llena de agua fría. La rana se sentirá cómoda en su elemento y no saltará. Luego caliente paulatinamente el agua y verá cómo la rana termina su vida cociéndose sin que apenas se entere. ¿Qué ha pasado? Simplemente que en el segundo experimento la rana no detecta los pequeños cambios paulatinos, sino que percibe una agradable tibieza que termina llevándole a la muerte, pues cuando quiere reaccionar ya es tarde, bien porque carece de fuerzas, bien porque no encuentra la base necesaria para apoyar un enérgico salto o simplemente porque carece ya de la voluntad de salvarse.


En política ocurre algo parecido, las circunstancias cambian de manera muy paulatina, quien tiene la visión y agudeza para percibir dichos cambios son los que perduran en el juego, o para decirlo en términos del experimento: saltan de la cazuela (o de sexenio), quien no, simplemente desaparece.


En el escenario político local, ciertamente las circunstancias han cambiado. Veamos.


Nadie puede dudar que la estrategia que tenía el gobernador al inicio de su sexenio, con respecto a su sucesión, ha variado diametralmente. Basta con recordar las personas que se mencionaban para suceder a Marín a inicios de 2005. ¿Sus nombres? Zavala, Zavala y luego Zavala. Nadie más. No había charla de café, plática de pasillo, rumores de oficina y análisis político que se realizara, en que no se mencionara que el verdadero proyecto de Mario Marín para la elección de 2010 era Javier López Zavala, de ahí el surgimiento del famoso Proyecto Z y la manera en que se fue popularizando dicho término.


El tiempo pasó y con ello muchísimas complicaciones para el gobernador. Hoy, a casi cuatro años de distancia, ¿alguien puede seguir asegurando (como a principios de sexenio) que Zavala sigue siendo el único o el más fuerte aspirante a suceder a Marín? La respuesta es sí: Zavala, Zavala y luego Zavala (ahhh, y Juan de Dios Bravo).

 

La realidad nos dice lo contrario y aunque en un inicio (nadie puede negarlo), el chiapaneco era la opción número uno del gobernador, hoy las circunstancias han cambiado. ¿Cuáles son esas circunstancias? Que Blanca Alcalá se convirtió en presidenta municipal, que Enrique Agüera es un rector poderosísismo y que Enrique Doger no resultó ser la lacra que todos (los marinistas) pensaban.


¿Alguien apostaba algo por estos tres personajes al inicio del sexenio? Quizá ni ellos mismos (tal vez Enrique Doger, sí).


Blanca Alcalá inició el sexenio en una oficina del edificio de Finanzas, aún con el sinsabor que le produjo haber salido del PRI Municipal en plena campaña de 2004; encontró en la Subsecretaría de Desarrollo Regional el acomodo perfecto para continuar en la administración de Marín, manteniendo un perfil discreto que no desatara los recelos de los integrantes de la “burbuja”. Después de los nubarrones que atravesó el gobierno marinista, que trajo consigo la caída de los bonos del “candidato oficial” a la alcaldía, Alcalá se presentó como una opción rentable para obtener el triunfo en la elecciones, siendo capitalizada su condición de mujer para cimentar su campaña. Después de que nadie creía en su candidatura (y menos aún en su triunfo) Alcalá hoy en día es uno de los activos más rentables para el tricolor rumbo a la gubernatura y sin duda uno de los perfiles que constantemente evalúan en las mediciones que le entregan al gobernador.


Enrique Agüera inició el sexenio con dos problemas para la sucesión: cargar con el estigma de la imposición y no gozar de la confianza del gobernador; ambos fueron retos a vencer por parte del nuevo rector. Con el tiempo, Agüera se dedicó a conformar y fortalecer su propio equipo. Todos en Puebla tenían en claro que llegó a la rectoría gracias al apoyo de su tocayo y antecesor Enrique Doger, sin embargo, eso no fue un impedimento para Agüera de asumirse como el nuevo jerarca de la BUAP. Tanto Doger como Agüera tenían muy en claro que lo primero que hace el virrey al convertirse en rey, es actuar como rey, y así se hizo, por tal motivo, el primero se dedicó a crecer en el ayuntamiento y el segundo a escribir su propia historia en la BUAP.


Con el tiempo se fue acercando al gobernador Marín y poco a poco se empezó a hablar de una incipiente relación entre ambos. Una muestra de ese nuevo pacto recién formado, fue la designación de René Marín a dirigir la Promotora Universitaria, puesto por demás importante en la BUAP.


Hoy, Enrique Agüera se encuentra simplemente en los cuernos de la luna. Es un político con buena imagen, ha dado resultados, se encuentra en una burbuja que le protege de todas las grillitas partidistas (BUAP) y lo más importante, es cercano al gobernador. ¿Alguien puede dudarlo? ¿Necesitan más muestras? Lo visto la semana pasada anunciado como su Tercer Informe de Labores fue un evento lleno de mensajes y simbolismos: Es un rector que tiene y ejerce control; que ya dejó su huella en la universidad; que tiene poder de convocatoria y que en el momento que se le diga, puede participar en el juego de la sucesión. ¿Así o más claro?

 

Enrique Doger es un político habilidoso y polémico que inició su administración con serias rencillas con el grupo marinista. ¿Recuerda usted los rounds de sombra que protagonizó con el entonces Secretario de Gobernación, Zavala? Cierto es que nunca fue formidable su relación con el gobernador Marín, pero también es cierto que dicha relación fue contaminada y motivada por integrantes de la “burbuja”, eso es algo que Marín sabe y ha comprendido.


Todos apostaban por su caída estrepitosa cuando dejara la Presidencia Municipal y por la cacería de brujas de la cual sería objeto por parte del hambriento lobo feroz Marín, sin embargo, ni Doger se cayó como esperaban, ni Marín sacó los cubiertos para devorarlo. ¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿No que era su odiado rival? ¿No que a la primera oportunidad lo iban a chingar? ¿Entonces? Entonces, a muchos se les olvidó que si hay algo que Marín conoce es la política, y que si hay algo que Marín ha hecho en los últimos 30 años de su vida, es precisamente eso: política. El hecho de aprobar su cuenta pública no significa que Doger se volvió de la noche a la mañana el favorito de Marín para la sucesión, ni que de ahora en adelante sean super brothers, no, significa que Marín respetó una regla no escrita de la política (que son las que más valen) esperando la reacción del exedil. ¿De qué le servía a Marín darle un balazo a Doger con su cuenta pública? De nada, únicamente hacerlo mártir. ¿Qué ganó Marín al aprobársela? Un aliado y un nuevo pacto. Quizá muchos piensen que Doger no tiene ninguna posibilidad de ser gobernador, ¿y si sí? Que nadie se confunda, Marín ni le va a ayudar a ganar, ni le va a retirar a los demás contendientes, simple y sencillamente, lo invitó formalmente a participar, punto.

 

¿Se da cuenta? El escenario en tres años y nueve meses ha cambiado de manera inimaginable. Marín por su parte vislumbró los nuevos cambios y actuó en consecuencia; los actores a su vez, se percataron que el ambiente se modificó y se adaptaron a las nuevas condiciones. ¿Qué sucederá con la rana que siga pensando que todo está igual como cuando empezó? ¿Saltará de la cubeta? Lo dudo.

 



 
 

 

 
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