Poder y Política

Manuel Cuadras

20/10/2009

Esta elección es distinta


Mi compañero Mario Riestra Piña ha escrito un par de colaboraciones con un alto valor analítico para entender el actual proceso sucesorio. En ambas, ha comparado las últimas 3 sucesiones (incluyendo ésta) para precisar las cosas similares y remarcar las diferencias.


La tesis central afirma que, Marín cuenta con muchas circunstancias como para verse tentado a imponer a su sucesor. ¿Cuáles son esas circunstancias? Las victorias avasalladoras del PRI (local y nacional) en las últimas elecciones; que cuenta un Presidente Municipal priista en la capital, y que, a diferencia de Melquiades y Bartlett, Marín no tiene aspiraciones nacionales como para dimitir en su intento de imponer un proyecto.


Coincido en muchos puntos de los presentados por mi compañero, sin embargo, considero que esas circunstancias juegan también en favor de otros actores (no sólo de Marín) y que el actual gobernador, pese a lo que se piense, sí tiene aspiraciones meta y extrasexenales. Vayamos por partes.


Reitero lo dicho en infinidad de ocasiones: Marín no logrará designar a su sucesor por muchas razones, pero la más importante: porque no le alcanzará su “fuerza” (ni la de su delfín) para imponerse en una negociación nacional.


Ya en una ocasión decía que todo gobernante llega muy desgastado a su último año de gobierno, TODOS, desde los más fuertes hasta los más débiles, y Marín (por supuesto) no será la excepción, máxime si consideramos lo agitado que ha resultado este sexenio. Cierto es que Marín logró reponerse con éxito al terremoto del lydiagate, lo cual en efecto lo volvió más resistente, pero no inmune. Para poner una analogía simple: El lydiagate fortaleció (momentáneamente) a Marín, pero dejó en él heridas profusas que tarde o temprano se manifestarán. Por eso he dicho que el caso de Marín es (por mucho) distinto a los demás gobernadores que intentaron lo mismo (y no me refiero a Melquiades y Bartlett, sino a los que sí lo lograron).


Ahora bien, por lo que respecta al planteamiento de que “Marín no tiene actualmente aspiración alguna a nivel nacional y, en consecuencia, su máxima prioridad consiste en asegurar la continuidad transexenal de su proyecto político en Puebla…” habría que analizarlo por partes.


Primero, Marín sabe que una vez que termine su periodo, corre el riesgo de ser presa de una cacería mediática, política y jurídica. ¿La razón? La elección presidencial de 2012 y la siempre tentadora opción de revivir el caso de Lydia Cacho. En las pasadas elecciones dicho tema no ha sido explotado, no porque haya sido enterrado y mucho menos olvidado, sino por acuerdos políticos signados con el actual gobernador, pero ¿qué pasará cuando salga Marín y quede expuesto? ¿Respetarán los acuerdos? ¿Por qué? ¿Por qué habrían de respetarlos? Nada le garantiza a Marín que se mantengan los acuerdos a los que llegó ÉL con los panistas, ni si quiera el hecho de imponer a su delfín. Supongamos que Zavala llega a Casa Puebla, ¿qué cree usted que hará: defender a capa y espada a su antecesor, o desligarse de él para cuidar su propia imagen? Luego entonces, la única forma de velar por sus propios intereses, es cuidarlos por él mismo, por tanto, Marín sabe que necesita inmunidad personal para garantizar (por él mismo) su sobrevivencia política. ¿Cómo garantiza esa inmunidad? Con un cargo de elección popular. ¿Cuál sería ese cargo? Fácil: Siendo Senador o Diputado. Varios exgobernadores hoy están sentados en una curul, ¿o no? Luego entonces, ¿tiene o no tiene aspiraciones nacionales Marín?


Segundo, como bien dice mi compañero Mario Riestra, a diferencia de las otras dos sucesiones, en esta elección existe un alto riesgo de que el PRI pierda la elección frente a un candidato serio y con fuerza real (Moreno Valle), luego entonces, sabe que si logra imponer a su delfín, éste podría perder en una elección muy competida (recuérdese que de acuerdo a las últimas mediciones, Zavala es el único que no garantiza el triunfo frente a Moreno Valle), por tanto, ¿cree usted que Marín cometería un acto suicida con tal de imponer a su ahijado? ¿En quién “confiaría” más Marín, en Moreno Valle o en Doger-Blanca? La respuesta es obvia.


¿Qué hace distinto esta elección a las otras? Además de las ya enunciadas de manera clara por Piña, el ingrediente especial es que por primera vez el PRI corre el riesgo de perder ante una imposición. Marín seguirá el mismo camino que sus antecesores: dimitir en su proyecto transexenal, negociar una posición nacional, e imponer al candidato a la alcaldía de la capital, si no, al tiempo…

 



 
 

 

 
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