Política y Poder


Manuel Cuadras

 

¿Víctor Giorgana, el delfín de Alcalá?


Esta semana la presidenta Blanca Alcalá hizo algunos movimientos en su equipo de trabajo, ¿el fin? Apretar las tuercas de su gobierno y tener un cierre de año fuerte, de cara a lo que será su primer informe de labores.


En reiteradas ocasiones hemos dicho el gran inconveniente que tienen las administraciones municipales de poder hacer un buen trabajo en tan poco tiempo, y la administración de Blanca Alcalá no es la excepción, por el contrario, quizá sea uno de los ejemplos más representativos. Y es que la alcaldesa arribó al Ayuntamiento con muchísimas expectativas por parte de la ciudadanía, lo cual, si bien puede ser benéfico para ella por contar con la confianza de la gente, puede convertirse —paradójicamente— en un serio problema si no logra cumplir esa expectativa (si no, pregúntenle a Fox).


Eso es algo que la presidenta sabe perfectamente. Sabe que una sexta parte de su gobierno se ha esfumado y que —salvo el tema de los ambulantes— no ha habido resultados IMPORTANTES que a la gente le convenzan. Por eso fueron los cambios en el gabinete municipal, por la imperiosa necesidad de no ser un Ayuntamiento gris (como en estos seis meses), ni tampoco una administración tan BLANCA, tan Blanca, que al final no se vea nada. Así que, los movimientos no se dieron ni por casualidad, ni por castigo, ni por premio, ni mucho menos (como lo dijo un operador de la presidenta) “por cuestión de perfiles”, si así hubiera sido, desde el inicio se hubieran dado cuenta que ni Fernanda Diez tenía el perfil de secretaria de Desarrollo Social, ni el parco de Eduardo García Anguiano tenía el perfil de Secretario Particular, ¿o qué, quiere decir que tuvieron que pasar seis largos meses para descubrir que fue un error de perfiles ubicar a esa gente en esas posiciones? ¿No dijo la presidenta (cuando presentó a su gabinete) que era gente “experta” en cada una de las áreas que encabezarían? ¿Entonces?


Desde luego, el enroque más llamativo fue el de Víctor Giorgana, quien se desempeñaba como coordinador de Políticas Públicas, pero que en la práctica era el verdadero operador de la presidenta, una especie de líbero que se movía libremente por toda la estructura municipal (y fuera de ella), es decir, lo mismo le manejaba cuestiones del Cabildo (recuérdese la fricción con René Sánchez Juárez), que acordaba con organizaciones sociales (como Antorcha Campesina), que intervenía en negociaciones fuertes (como con el Sindicato), etcétera, en fin, Víctor Giorgana tenía libertad de movimiento y de operación y era el hombre en el que la presidenta podía confiar los asuntos delicados que ninguno de sus demás ineficientes colaboradores podía resolver.


Ahora bien, ¿pierde poder y capacidad de interlocución Giorgana con este movimiento? ¿Pierde la presidenta a su mejor operador? Definitivamente sí. Víctor Giorgana seguirá siendo el operador de confianza de Blanca Alcalá, sin embargo, con este movimiento también se ve mermado como negociador, ya que no es lo mismo ser el consiglieri de la presidenta, a ser un soldado más en el frente de batalla; algo parecido a lo que le ocurrió a Zavala cuando dejó la Secretaría de Gobernación: ganó proyección pero perdió en operación. Entonces, ¿por qué hacer el movimiento? ¿Qué motivó a la alcaldesa a cambiar de posición a su mejor jugador?


Un enroque en el ajedrez representa un cambio de estrategia, una variante que permite (en una sola jugada) aprovechar dos piezas distintas: el rey y la torre. Por un lado, el rey se protege de las posibles amenazas y al mismo tiempo apuntala a su torre para un ataque debidamente soportado.


En el caso de la presidenta, su enroque fue muy claro: protegerse de los intereses y presiones externas (léase: zavalistas) y por otro lado proyectar a la que ha sido su torre y su pilar en el Ayuntamiento: Giorgana.


No sé si se haya dado cuenta, pero después de Marín, la persona de la que más presiones recibe la alcaldesa es de Javier López Zavala, para muestra basta con ver las personas de su confianza que logró ingresar al Ayuntamiento capitalino: un secretario de Gobernación, un regidor de Desarrollo Social y varios directores de área. Además, constantemente “le sugiere” a la presidenta organizar eventos en conjunto (Ayuntamiento-Sedeso) con el fin de promocionarse y ocupar la estructura municipal en beneficio de su PROYECTO Z.


Alcalá necesitaba urgentemente poner un freno a las constantes peticiones de Zavala, sin que ella fuera la que “se aventara la bronca”, es decir, necesitaba poner una pieza importante de su ejército, con el suficiente peso específico propio que fuera capaz de decirle que NO a uno de los hombres más cercanos al gobernador, o dicho de otra manera, ponerle alguien de igual a igual a Zavala con el que pudiera negociar (recursos, eventos y demás) en igualdad de circunstancias, cosa que no ocurría con la anterior titular, Fernanda Diez. Así, Alcalá se protege con una de sus torres.


Ahora, decía también que en todo enroque se planea un ataque con respaldo, y a eso obedece la llegada de Giorgana. Para nadie es un secreto que la Secretaría de Desarrollo Social es una posición que permite la proyección del funcionario en turno, de ahí que (con el mayor de los respetos para Fernanda) era desaprovechar políticamente una posición para alguien a quien no pretendía proyectar. Caso contrario a Giorgana, a quien sí se tiene la intención de impulsar políticamente y que al estar oculto en la parte trasera del telón, no era posible “placearlo” para un cargo de elección popular.


¿Es entonces Giorgana el delfín de la presidenta? NO. La razón es muy simple: La decisión del próximo candidato a Presidente Municipal del PRI será un acuerdo tomado entre el actual gobernador, el candidato a gobernador y el CEN del PRI. Una posición para garantizar el equilibrio de fuerzas entre el grupo entrante y el grupo saliente, de la misma manera en que Bartlett (saliente) negoció con Melquiades y el CEN de su partido la candidatura para Marín al Ayuntamiento capitalino.


La vieja máxima de la política atribuida a Ruiz Cortines de: “Los gobernadores los pone el presidente de la República (al igual que los senadores); los diputados federales y presidentes municipales los pone el gobernador”, sigue vigente. Cierto, a raíz de que el PRI perdió la Presidencia de la República algunas cosas cambiaron y por lo tanto se han dado algunos casos (tres para ser exactos) de gobernadores que han designado a su sucesor, sin embargo, dado el fuerte cacicazgo que ejercen los gobernadores en sus estados, difícilmente un presidente municipal podrá ganarle el forcejeo al gobernador para imponer a alguien.

 

En Puebla vivimos algo similar en el 2001 cuando precisamente Marín era presidente municipal y pretendía imponer como candidato a sucederlo a su entonces Secretario General del Ayuntamiento, Mario Montero Serrano, involucrándose en una fuerte batalla con el gobernador Melquiades Morales y su gallo, Carlos Alberto Julián y Nácer. El resultado lo conocemos todos: ni la rebeldía de Marín, ni la imagen (aún no quemada) de Montero, pudieron contra el gobernador y su gallo, al final, ni Marín fue tan fuerte, ni Melquiades tan tibio. ¿Será entonces que la fuerza de Alcalá le alcance para ganarle un round a un gobernador que no es tibio ni dócil?

 



 
 

 

 
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