Política y Poder


Manuel Cuadras

 

Marín dueño de Puebla (no del Puebla)


El pasado jueves en este espacio le presenté un análisis en el cual se infería la participación del gobernador Marín en los negocios del equipo de futbol Puebla. ¿El fundamento? La serie de artículos publicados por Enrique Núñez (el periodista más proclive al marinismo), en los cuales se advertía de una campaña mediática en contra de Mario Marín por parte de TV Azteca, para presionarlo a fin de que se les diera nuevamente la concesión de los partidos del Puebla.


Las reacciones no se hicieron esperar, ese mismo día sonó el radio de Núñez, era Javier Sánchez Galicia, ¿el motivo? Informarle que “el patrón ordenaba cambiar de tema para que no siguieran chingando con lo de que Marín es dueño del Puebla”. El diálogo fue el siguiente:


Enrique Núñez (EN): ¿Sí?


Javier Sánchez Galicia (JSG): Qué tal Enrique cómo estás, oye, ¿ya checaste la columna de Cuadras?


(EN): Sí ya la vi, ¿por qué, tú cómo ves?


(JSG): Pues wey, ahora sí la cagaste, el jefe está que se lo lleva la chingada.


(EN): Pero no hay pedo, mañana le contesto y le pongo una madriza.


(JSG): No, para eso te hablo, mejor ya no toques el tema, si no, estos cabrones van a estar chingando con eso toda la semana, mejor que se muera (el tema), total, ese pendejo casi nadie lo lee, pero si le contestas le vas a dar foro y lo van a manejar.


(EN): ¿Seguro? Porque ya me están investigando quién es ese cabrón.


(JSG): No, yo sé lo que te digo, aparte el jefe está reencabronado y si siguen con el tema, se va a emputar más.


(EN): Mmmm, ok.


¿Qué sucedió? Pues que efectivamente el tema “se bajó” y que de buenas a primeras a Núñez le dejó de preocupar la malévola campaña que los insensibles de TV Azteca fraguaban contra el pobrecito gobernador de Puebla.


Tamaño regaño se llevó por parte de sus jefes nuestro colega Núñez (desde aquí nuestra solidaridad) y la verdad es que no era para menos, no creo que al gobernador le haya caído muy en gracia que un periodista (de Intolerancia) lo haya vinculado con los negocios del Puebla, ¿verdad? ¿Por qué no decir: “al gobernador lo quieren manipular con intereses políticos” o “la campaña mediática en contra del gobernador es por indicaciones del gobierno federal”, en fin, algo para defender a su jefe sin madrearlo. Digamos que HIZO UN HOMERO (para los que no son fans de Los Simpsons, hacer un Homero significa cuando alguien quiere rescatar algo o a alguien, y en el intento comete una estupidez).


Pero más allá de lo anecdótico de la torpeza y del regaño, lo preocupante de todo es si realmente el gobernador tiene intereses ($) en el equipo de futbol Puebla. Y digo preocupante porque sería otra esfera más de dominio y poder que tendría Marín.


Si analizamos el tema meramente en el plano futbolístico, no es bueno que un gobierno meta las manos en un equipo de futbol porque cuando lo hacen, los políticos toman las decisiones en función de sus intereses y no los de la afición (si no, pregúntenle a Fidel Herrera y al Club Veracruz), por lo tanto, no hay una adecuada planeación, fortalecimiento a sus fuerzas básicas, etcétera, sólo se toman decisiones que traigan efectos (mediáticos) instantáneos que beneficien la imagen del gobernador.


Ahora bien, si lo analizamos desde el punto de vista político, tampoco sería sano que un gobernador (sobre todo Marín) se apropiara de los destinos del Puebla porque se convierte en una tentación exquisita de desvío de recursos y/o lavado de dinero, que beneficiaría a unos cuantos a costa de los dineros públicos. Eso sin contar que no es sano (no en nuestros tiempos) que un gobernante controle todo, posea todo y mande en todo.


Hace tiempo escribía sobre las redes de influencia que tiene Marín hacia el exterior de su gobierno, es decir, ¿qué hay afuera del gobierno del estado que también controle Marín? Digo, en su gobierno es “normal” que dicte, grite y mande a su antojo, hasta cierto punto es “su gobierno”, pero fuera de él debe haber otros actores que —por un simple orden de pesos y contrapesos— no sean adictos al gobernador.


Sin embargo no es así, en la práctica las redes de influencia de Marín se extienden lo mismo en medios de comunicación, instituciones públicas como la BUAP, el propio PRI (en sus tres niveles), el Poder Legislativo, El Poder Judicial, instituciones que deberían ser ciudadanas como la Comisión de Acceso a la Información, y ahora hasta el equipo de Primera División de futbol de la ciudad!!!! La pregunta es: ¿qué le falta por controlar a Marín? Al rato va a querer comprar también la Arena Puebla o la Catedral (por aquello de las entradas y las limosnas).


La ambición desmedida mostrada por este gobierno simplemente ha rebasado los límites de lo imaginable y de lo tolerable. Cierto, otros gobernadores han ejercido igual o mayor poder que Marín, otros imponían candidatos como Marín, dominaban los demás poderes (Legislativo y Judicial), hacían negocio con la obra pública, censuraban periodistas, hacían leyes a su modo, beneficiaban a sus parientes, etcétera, pero ninguno (o al menos en los últimos años) de la manera en que lo hace Marín. El periodista Rodolfo Ruiz hace una buena reflexión sobre el tema: “Pero como Marín sabe que su carrera política concluirá con su sexenio, poco parece importarle la imagen y la percepción que la opinión pública, los medios de comunicación y los principales actores políticos y sociales tengan sobre su persona. De ahí, el poco interés que él y sus operadores políticos muestran para consensuar y sacar adelante proyectos como la concesión de los parquímetros, obras como el Libramiento Norte, iniciativas legales como la Ley de Transparencia y nombramientos como los de los presidentes de la Comisión de Derechos Humanos y de la Comisión de Acceso para la Información Pública. (…) Esta situación no sólo es un lastre para el gobernador, sino para los poblanos que ahora tenemos que padecer un estilo de gobierno autocrático.”


Nada más cierto que lo anterior, ¿qué pensaría usted si le cuento de un gobernante que impuso a su hijo como Consejero Nacional del PRI, a un hermano lo hizo diputado, a otro presidente de un equipo de futbol, a otro funcionario del PRI local, a un cuñado funcionario del Ayuntamiento, a un sobrino funcionario universitario, que dicta medidas sobre el Poder Judicial sin que el propio presidente del Tribunal se entere, que da línea a los diputados para que no aprueben leyes de apertura democrática, que no tolera la crítica, que le irrita la disidencia, que convierte los desfiles en cultos a su imagen, que acarrea gente para vitorearlo, que da obra sin licitaciones de por medio, que hace favores a empresarios poderosos y que es dueño de un equipo de futbol? Seguramente usted pensaría que estamos hablando de Maximino Ávila Camacho o de José López Portillo, pero no, mucho me temo que no es así. La realidad es que en Puebla, a lo largo del actual gobierno, no sólo ha habido un estancamiento sino un retroceso democrático con las medidas autoritarias de Mario Marín.


Cierto, “todo está dentro del marco de la ley”. La ley no prohíbe que el hermano del gobernador en turno sea diputado y apruebe sus cuentas públicas, que los legisladores no permitan conocer la declaración patrimonial del gobernador, que se promueva su imagen porque aún no aplican las reformas a la Ley Electoral, que se utilicen los recursos públicos (humanos, materiales y financieros) para organizar “una fiesta sorpresa” al gobernador, en fin, todo está —como dirían los abogados— apegado a derecho, sí, pero molesta, irrita, ENCABRONA TANTO CINISMO.


Por eso encabrona leer a gente como Núñez que alaban todas las chingaderas antes descritas, o peor aún, que las ignoren. Por eso da gusto (y se reconoce) el valor de hacer análisis como el de Ruiz. ¿Qué opinión tiene usted el día de hoy del gobierno de López Portillo? Nefasto, ¿cierto? Pues hasta a él en su momento tanto diputados como prensa lo aclamaron y vitorearon. ¿Recuerda cuando dijo que iba a defender el peso como un perro y todos los legisladores se pusieron de pie? ¿Recuerda cuando los diputados aprobaron quemar las papeletas electorales en 1989? ¿Recuerda cómo aplaudieron e incluso entonaron el himno nacional? ¿Qué lugar les guardó la historia a todos ellos? ¿Qué lugar ocupará Marín y su cuerpo de diputados y columnistas aplaudidores? Repito una vez más: El juicio popular es fuerte y el juicio de la historia aún más, ¿eso quieren señores?

 



 
 

 

 
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