Poder y Política


Manuel Cuadras

23/02/2010

El curioso caso de Enrique Doger


Es quizá el priista más heterodoxo de los últimos años en Puebla. Crítico del sistema, enemigo del marinismo, exrector, expresidente municipal, exaspirante al Gobierno del estado. Ese es Enrique Doger, hombre polémico, explosivo y de impertérrita personalidad.


Amigos del pasado, cómplices en algún momento y adversarios irreconciliables, Mario Marín y Enrique Doger protagonizaron este sexenio una de las rivalidades políticas más profundas de las que se tenga memoria.


Ya desde la contienda interna para elegir al candidato tricolor al Gobierno del estado en 2004, los otrora aliados tuvieron sus primeros desencuentros. El académico, sabedor de su potencial político y su perfil ciudadano, buscó posicionarse para alcanzar la candidatura del PRI al Gobierno del estado. Marín por su parte, que contaba con un palmarés de muchos años al servicio de las filas revolucionarias, tomó como una afrenta la decisión de su amigo de disputarle la misma silla. Marín sintió tener derechos de primogenitura; Doger creyó tener derecho de admisión.


Así las cosas, durante tres años y medio, tiempo que duró la campaña y posterior trienio municipal, Puebla vivió una constante guerra fría entre ambos gobernantes, ¿la razón?, el anunciado proyecto del alcalde por convertirse en el sucesor del gobernador.


Doger tenía su meta y su plan; Marín también. El primero buscaría seguir el mismo camino que Marín seis años atrás, es decir, tres años de Ayuntamiento, año y medio de precampaña, y año y medio de campaña institucional; el segundo buscaría perfeccionar el mismo método de su antecesor (Melquiades) seis años antes, es decir, cerrarle todos los espacios al candidato independiente e impulsar un candidato propio (delfín).


Marín conocía el veneno y también el antídoto. Sabía de las bondades que (paradójicamente) representaba el no ser el favorito del gobernador. Sabía del enorme discurso e imagen que podría explotar Doger como candidato rebelde, por lo tanto, preparó el remedio necesario con sobre dosis agregada.


De esa forma, Marín construyó desde el primer día de su gobierno una candidatura única en torno a la figura de su leal ahijado, a fin de evitar confusiones y desbandadas, tal y como ocurrió en el sexenio anterior.


Marín engañó a todos con la verdad. ¿Cómo era posible tanto apoyo, tantas señales y tanta confianza hacia un solo personaje? ¿No se trataba acaso de una estrategia de tapar al bueno y exponer al malo? Hoy sabemos que no fue así, Zavala siempre fue el delfín de Marín. Las señales, eran de a de veras.


Regresemos al caso Doger. El exedil, tal y como se lo había propuesto, recorrió el estado durante año y medio, creando estructura y capitalizando resentimientos marinistas a favor de su causa, siempre conservando la fortaleza de su proyecto: la capital del estado.


Al final, la línea, la cargada y los recursos de Marín, pudieron más que el discurso, la trayectoria y las propuestas de Doger. Javier López Zavala es hoy el candidato del PRI, ¿y Doger?, ¿qué pasará con él? Esa es la pregunta que se hacen priistas, panistas, perredistas, aliancistas y columnistas.


La duda mata, ¿por qué ahora que (en teoría) el PRI de Marín tendría todo a su favor para deshacerse de él, lo siguen contemplando e incluyendo? En una visión romántica e idealista de la política, podríamos conjeturar que el gobernador, siguiendo los consejos de Alejandro Magno, decidió ser “despiadado en la batalla y magnánimo en la victoria” lo cual parece poco probable si consideramos la personalidad de Marín y los antecedentes entre ambos. Ahora bien, en una visión más realista y pragmática de las cosas, quizá Doger siga siendo factor de negociación, por el simple y sencillo hecho que le inyecta votos a “x” o “y” candidato, una especie de fiel de la balanza.


Vaya paradojas, para consumar su ansiado proyecto transexenal, Marín necesita de su odiado rival, es, digamos, su mal necesario.


*La comparecencia.


El día de ayer el coordinador del Organismo de Limpia libró con éxito la aduana de su comparecencia ante los regidores. ¡Enhorabuena!

 



 
 

 

 
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