Poder y Política


Manuel Cuadras

23/04/2009

Los pecados de la Iglesia


Mal momento pasa la Iglesia Católica en estos días. Su activismo político, incrementado de unos meses a la fecha, parece que comienza a cobrarle sus primeras facturas.


Para nadie es un secreto el relanzamiento que ha tenido la Iglesia Católica a partir de la llegada del nuevo papa Bendicto XVI, quien por cierto, representa a una de las alas más conservadoras al interior del catolicismo. Ya desde los últimos años de vida de Juan Pablo II, Joseph Ratzinger (Bendicto XVI) se perfilaba como el favorito sucesor dado su importante labor y operación desde el Vaticano, precisamente en temas de fortalecimiento a la ideología católica, de hecho, Ratzinger se convirtió en un ideólogo de la reacción eclesial tras el Concilio Vaticano II.


Nuestro país no se ha visto exento de esta nueva etapa del catolicismo, por el contrario, representa una parte fundamental del proyecto de relanzamiento. De esa manera, este año hemos visto una participación cada vez más directa de la Iglesia en la vida política del país.


Después de celebrarse el Encuentro Mundial de las Familias en nuestro país, realizado en enero, la Iglesia Católica se dio a la tarea de negociar con las principales fuerzas políticas en los estados, para llevar a cabo reformas constitucionales que impidieran la legalización del aborto, el matrimonio entre parejas del mismo sexo, la muerte asistida, así como fortalecer el concepto de familia desde la propia Constitución.


Todo esto, orquestado desde el Comité Ejecutivo Nacional del PAN para cabildear con los gobernadores la realización de tales reformas, “convenciendo” así a ocho mandatarios que dieron línea a sus respectivos Congresos para aprobar la reforma católico-panista. Tales estados fueron: Colima, Sonora, Baja California, Morelos, Jalisco, Nayarit, Quintana Roo y por supuesto Puebla. Además de que se prevé que otros estados gobernados por el PAN como Guanajuato, Tlaxcala y San Luis Potosí, se sumen también a esta ola azul parlamentaria.

 

Hasta aquí todo parecería un éxito rotundo para la Iglesia. Quizá ni el mismo Bendicto hubiese imaginado un inicio de año tan aterciopelado, sin embargo, si bien es cierto que nuestro país aún es uno de los de mayor adeptos católicos en el mundo, también es cierto que en la última década esta religión ha experimentado una creciente deserción debido a su incapacidad de adaptarse a las nuevas realidades mundiales. Un estudio de la doctora en Antropología Ángela Renée de la Torre Castellanos, revela que “los habitantes de algunas regiones fronterizas han abandonado paulatinamente el catolicismo y adoptado nuevas religiones porque en éstas encuentran una solución a sus problemas cotidianos”.


Una clara muestra de lo anterior, es precisamente la intolerancia mostrada en temas como el aborto, la eutanasia y los matrimonios gays, conceptos por demás vetados de toda discusión para la Iglesia Católica. Según el estudio, si la Iglesia continúa en su actitud de cerrazón ante temas que resultan importantes para los ciudadanos, seguirá perdiendo adeptos cada vez más.


Las muestras de rechazo ante las reformas constitucionales en los ocho estados mencionados, hablan por sí mismas. Al igual que en Puebla, en las otras entidades se organizaron manifestaciones, desplegados, plantones y consignas ante el evidente proyecto de evangelización de la Constitución, y sobre todo el desaseo político con que se hizo.


Pero el activismo de la Iglesia no termina ahí, también se ha visto la mano de las instituciones eclesiásticas en la vida política nacional, tratando de influir en el proceso electoral de este año a través del púlpito. Vaya paradoja, ¿no? Evangelizan la Constitución, y politizan los sermones. Resulta que recientemente el cardenal Norberto Rivera Carrera, en plena misa dominical desde la Catedral metropolitana, lanzó fuertes críticas hacia el PRI (sin mencionar las siglas) diciendo que “resulta incomprensible y sospechoso que quienes permitieron el crecimiento de este cáncer social sean los mismos que ahora en el Congreso de la Unión se niegan a tomar medidas más drásticas y eficaces para cortar todos los brazos financieros al narcotráfico…”


Es claro que la estrategia del PAN (respaldada por la Iglesia) es “convencer” a la ciudadanía de que todos los males ahora sufridos por el narco son responsabilidad del PRI, o para decirlo más claro, la estrategia es: asociar PRI=NARCO. La reciente declaración del arzobispo de Durango “que todos saben dónde se esconde El Chapo, menos la autoridad”, llevaba como claro destinatario al gobernador de Durango de extracción priista, quien de un año a la fecha ha lanzado fuertes críticas al Gobierno federal y al Ejército sobre la impericia que tienen para realizar operativos coordinados con los cuerpos estatales. ¿Curioso, no? Gobernador (PRI) critica al Ejército y después Iglesia (PAN) critica gobernador. ¿Coincidencia?


Lo lamentable para el país, además del creciente ambiente de polarización, es también la reacción del narco ahora contra las instituciones eclesiásticas. O al menos, yo así entendí el mensaje de ayer: “Con el Cha­po nun­ca van a po­der ni go­bier­no, ni sa­cer­do­tes...”


¿Así o más claro?

 



 
 

 

 
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