Poder y Política


Manuel Cuadras

23/07/2009


¿Delfín o tapado?


Esta semana, en la prestigiada columna del periodista Rodolfo Ruiz se abordó el tema de ¿quién es realmente el favorito del gobernador Marín para sucederlo, Javier López Zavala o Alejandro Armenta Mier?


La temática se dio a raíz de un misterioso mail enviado por “un grupo de analistas políticos involucrados con un aspirante del PRI a Casa Puebla”, que el columnista decidió publicar en su respetado espacio periodístico.


Más allá de lo acertados o erróneos que pudieran ser los comentarios publicados, vale la pena retomarlos debido al meticuloso análisis realizado y a la razonada forma de exponer los argumentos. En suma, el autor o “los autores” plantean que Zavala no es el verdadero delfín del gobernador, él simplemente fue usado como un candidato hueso que sirvió para distraer a la opinión pública, haciendo las funciones de pera de boxeador sobre la cual se descargaron todos los golpes mediáticos propios de una sucesión; Zavala no es más que un candidato falso. El verdadero delfín del gobernador (de acuerdo a esta tesis) se llama Alejandro Armenta Mier.


Al día siguiente y continuando con la controversia, Rodolfo Ruiz escribió que él no secundaba la teoría del candidato hueso, “de lo que sí estoy convencido (apunta el columnista) es que Mario Marín tiene en López Zavala a su delfín para sucederlo en el cargo y queAlejandro Armenta es en realidad, su Plan B.”


Coincido con Rodolfo Ruiz, no creo que Armenta sea el “verdadero delfín” de Marín; no creo que Marín haya diseñado desde el primer día de su sexenio la estrategia de jugar al engaño con Zavala y ocultar perfectamente a Armenta, y no porque no tenga la astucia (malicia) de hacerlo, sino porque hay indicios muy claros que exhiben el verdadero plan de Marín. ¿Cuáles son esos indicios? El haberle dado el manejo de los programas sociales a Zavala (quitándoselos a Armenta). No olvidemos que la Sedeso representa un excelente trampolín para proyectarse a cualquier puesto de elección popular, luego entonces, si Armenta era el verdadero delfín, ¿por qué quitarlo de una posición de privilegio? ¿No era mejor dejarlo en Sedeso como antesala de su candidatura? No olvidemos tampoco que Armenta se fue a dirigir a un PRI con una losa encima, todos apostaban por un resultado adverso en las elecciones de diputados. Decir que mandaron a Armenta al PRI para construir su eventual candidatura, es falso, era mejor (en términos de fortalecer a Armenta) dejarlo en Sedeso.


Cierto es que en este momento la ventana de oportunidad es más grande para Armenta que para Zavala, pero no porque así se haya planeado desde el inicio, sino porque las circunstancias jugaron en beneficio de Armenta. De tal manera que han sido las circunstancias y coyunturas las que han hecho dudar y cambiar de decisión en más de una ocasión al gobernador Marín, lo mismo que le pasó a Melquiades en el sexenio anterior. Se sorprenderá del paralelismo entre ambas sucesiones, mire.


Al inicio del sexenio pasado, el gobernador (Melquiades) tenía una “carta fuerte” con la que buscaría ganar la partida sucesoria, esa carta era Germán Sierra Sánchez, entonces senador de la República. En la medida en que transcurrió el tiempo y dicha carta no crecía, Melquiades fue construyendo una candidatura alterna para no depender de su débil delfín; fue entonces cuando decide activar otra ficha en el tablero haciendo candidato a la presidencia municipal de Puebla a su fiel colaborador y amigo Carlos Alberto Julián y Nácer, quien al perder su elección, no pudo consolidar el plan emergente del gobernador. Ante ese escenario, Melquiades intentó inyectarle nuevamente vitaminas a su delfín original, sin embargo, todo fue inútil, Germán Sierra no crecía en las encuestas. Fue en ese momento cuando decide jugarse su última carta, impulsando a un joven integrante de su primer círculo; un joven funcionario que, si bien es cierto que no era muy conocido (entre los ciudadanos) tenía mucho potencial de crecimiento. Y así fue, Germán (el delfín original) nunca repuntó; las últimas canicas se apostaron en Moreno Valle, y al final un candidato no melquiadista se alzó con la victoria.


Algo muy parecido ocurrió en el sexenio de Marín. Desde el inicio apostó todo en favor de su hijo Zavala. Éste nunca creció en las encuestas. Posteriormente buscó una candidatura alterna para no depender de su débil delfín; Fue entonces que activó la ficha de su fiel colaborador y amigo Mario Montero, haciéndolo candidato al Senado, quien al perder su elección, no pudo consolidar el plan emergente del gobernador. Ante ese escenario, Marín intentó inyectarle nuevamente vitaminas a su delfín original (mandándolo a la Sedeso), sin embargo, todo fue inútil, Zavala nunca repuntó, por lo cual, el gobernador parece estar dispuesto a apostar sus últimas canicas impulsando a un joven integrante de su primer círculo; un joven funcionario que, si bien no es muy conocido (entre los ciudadanos) tiene mucho potencial de crecimiento.


¿Lo ve? La simetría entre ambos procesos es asombrosa, y eso que, como muchas veces se ha dicho, “Marín no es Melquiades”. ¿Cuáles fueron los principales factores que llevaron a la derrota al entonces gobernador Melquiades? Primero que en su mente sólo había una carta (Germán), y segundo, que esa carta la escogió al inicio de su gobierno. De acuerdo a la ortodoxia priista que prevaleció en todas las sucesiones presidenciales, las recomendaciones para llevar a cabo un proceso sucesorio sin complicaciones eran: No tener más de 3 candidatos ni menos de 3; y segundo, definirse por “el bueno” durante en el tercer o cuarto año de gobierno, no antes y no después. Antes no, porque se tiene una visión parcial del escenario y se corre el riesgo de echar mano de segundas opciones improvisadas y débiles (emergentes), y tampoco después del cuarto año porque se toma la decisión en un momento de vulnerabilidad (cuando el poder se está agotando).


Como podemos ver, Marín cometió el mismo error que su antecesor Melquiades, apostó todas sus fichas a un solo gallo sin considerar las circunstancias futuras que se pudieran presentar, y ahora que se dispone a jugar el resto de sus fichas con su última opción (Armenta) lo hace en un momento en que el poder se le está agotando (y con una desbandada al interior de su gabinete evidente).


¿Aún así hay quien piensa que el gobernador tiene la sucesión amarrada?

 



 
 

 

 
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