Política y Poder


Manuel Cuadras

24/02/2009

EL POKER DE MARÍN


Los finalistas están listos. El panorama se empieza a aclarar. Después de muchísimos mensajes, señales, lecturas, interpretaciones y demás, la carrera sucesoria parece finalmente despejarse.

 

El pasado viernes el gobernador se reunió con algunos aspirantes a sucederlo en el cargo. Estuvieron presentes, por parte de la burbuja marinista: Mario Montero, Javier López Zavala y Alejandro Armenta; por el lado de los autónomos: Enrique Doger y Chucho Morales; por cortesía política (y por estrategia) fue invitado Jorge Estefan Chidiac; y representando a los que siempre “le entran” para ver qué sacan: el siempre iluso Victor Hugo Islas.

 

¿Cómo entender la reunión? ¿Son en efecto los finalistas los que participaron en la reunión? ¿Ahí estaba la carta fuerte del gobernador? ¿De ahí saldrá el próximo gobernador? Vayamos por partes.

 

Desde luego que hasta un ciego, un torpe, o el más “brillante” de los columnistas, pudo darse cuenta de dos grandes ausencias: Enrique Agüera y Blanca Alcalá, lo cual no implica, ni que estén eliminados de la competencia, ni que sean los dos vencedores. Decir que están descartados porque no fueron convocados, es tan absurdo como decir, que el gobernador los ocultó porque entre ellos está el verdadero sucesor (a).

 

La reunión hay que analizarla y entenderla como una jugada fina por parte del gobernador. Me queda claro que Marín está engañando a todos con la verdad, y al decir a todos, me refiero a TODOS: a los de casa, a los de fuera, a los medios de comunicación, a TODOS, y vaya que si lo ha logrado! Al día de hoy existen infinidad de versiones acerca de quién es el bueno: Que si Blanca, que si Agüera, que si Zavala, que si Doger… La opinión pública hoy está dividida y eso es gracias a Marín.

 

A finales del año pasado, algunas plumas presagiaban un gran año para la alcaldesa y decían que ella era la elegida (hoy sufre el frío desdén del mandatario); A inicios de año, muchos echaron las campanas al vuelo y aseguraban que era Zavala y que nunca había dejado de serlo (hoy, la teoría del “delfín” parece muy distante); Hace dos semanas, el rector Agüera vivió sus quince días de fama y muchos pensaron que ya no había nada que buscar, que Agüera era el bueno (hoy, entre un enredo con su página de internet, y su inasistencia a la reunión, muchos piensan que siempre no).

 

Hace tiempo les hablaba sobre la diferencia entre las sucesiones vía “delfín” y las sucesiones vía “tapado”. El “delfín” es aquel que recibe todas las bendiciones del jerarca de manera explícita y abierta para lograr su imposición a toda costa: “Éste es mi hijo y todos tienen que apoyarlo…”, mientras que el “tapado” es una fina creación, producto de una mente aguda y calculadora, que engaña a los demás cubriéndose con una máscara (por indicaciones de su padre) para que nadie sepa su identidad, y al final, llegar a la meta sin ningún rasguño ni marca en la cara.

 

Decía en aquella ocasión que, mientras las primeras corren más riesgo de ser frustradas, dado que los rivales tienen muy en claro quién es el rival y por tanto a quien hay que atacar, las segundas (sucesión vía “tapado”) suelen ser mucho más efectivas dado el ingrediente secreto llamado engaño. El arte de engañar es tan sutil, que solo se descubre una vez que surtió sus efectos. El engaño puede ser tan exquisito que puede incluso hacerse con varias personas a la vez, sin que ellas sepan que son víctimas de la misma desgracia, de tal suerte que, se puede engañar a aquel que se sentía parte del plan, o incluso aquel que se sentía benefactor del engaño.

 

Cuando todos pensaban que Marín tenía su mirada puesta en una sola persona, y que haría hasta lo imposible por coronarlo, de pronto, de la nada, y con astucia, realizó un fianchetto que dejó perplejos a todos, dándole movimiento, proyección y juego a otras piezas.

 

Cierto, Marín tiene su favorito, pero no se va a tirar de la torre más alta de catedral si éste no es una buena carta. Una regla básica del poker indica que para montar una mano ganadora, hay que tener con qué, no debemos arriesgar el juego si no tenemos las cartas adecuadas para montar la jugada. Marín se dio cuenta que sus cartas eran muy débiles y por lo tanto, cambió casi toda la mano, sólo conservó una: Zavala. De tal suerte que en la nueva mano, Marín cuenta con Zavala, Doger, Chucho Morales y Jorge Estefan, esa es la baraja del gobernador (formadas en ese orden).  La presencia de Mario Montero en la reunión obedeció a su papel que juega como Secretario de Gobernación, no como un aspirante más, pero al permitirle estar presente, Marín lo utiliza como señuelo ante el exterior, lo mismo ocurre con Armenta, es dirigente del PRI y por eso estuvo en la reunión, pero a la vez le sirve a Marín para que jale algunas marcas. A Montero le ocurrió lo mismo que a Carlos A. Julián y Nácer en tiempos de Melquíades: perdió la elección a la Presidencia Municipal y con ello el boleto de jugar la final frente a Marín, tiempo después regresó al gabinete pero no a la baraja melquiadista. De igual manera, Montero, al perder su elección para el senado perdió la posibilidad de jugar la final, y si bien es cierto que regresó al gabinete en una posición de lujo, Marín no lo contempla para subirlo a su baraja con la que apostará su retiro. En el caso de Armenta, no deja de ser una carta “alta” (quizá un 10 de corazones), pero que por sí misma no tiene valor propio y requiere forzosamente de la compañía de Zavala para tener más valor y hacer una combinación interesante.

 

Finalmente nos quedan dos cartas fuertes: Enrique Agüera y Blanca Alcalá. Nadie puede dudar de su capital político (que tienen en este momento) y que dadas las posiciones respectivas que ocupa cada uno, bien podrían ser considerados como ases. En efecto, ambos, son cartas que cualquier jugador de poker quisiera tener, Marín los tiene pero no los puede utilizar, o mejor dicho, puede pero se complicaría el juego, me explico:

 

Blanca Alcalá es una carta que desde un inicio se supo que no podría formar parte de la baraja por el compromiso que hizo de permanecer los tres años al frente del Ayuntamiento. Es como si hubiera una carta en la mesa que todos saben que no se puede utilizar, de pronto, Marín la atrae para sí y la coloca debajo de una de sus mangas, al hacerlo se da cuenta que es un As, pero sabe que si la utiliza, los demás jugadores lo descubrirán y podrían inconformarse fuertemente. Recuerde que el poker es un juego de caballeros (y de damas también) que tiene reglas muy claras que es preciso respetar.

 

El caso de Agüera es un poco más complejo. Agüera es una carta que se encuentra boca abajo (en la BUAP) que en realidad nadie sabe su valor original hasta que se destape (literalmente hablando). Todos sospechan que se trata de un As que puede darle la tranquilidad a Marín para apostar tranquilamente, sin embargo, aún no tiene la certeza de que realmente lo sea y hay quien se empeña en hacerle ver que el verdadero rostro que da hacia la mesa no es la de un As, sino la de un rey que gobierna, dicta y manda al interior de la BUAP, pero que difícilmente le ayudará en el juego que quiere armar el gobernador.

 

Vaya juego no? Y vaya paradojas del destino. Tener dos cartas fuertes en un mismo momento y no poderlas utilizar. Bien dicen que en ocasiones las mejores oportunidades llegan en los peores momentos. Veremos la suerte y astucia del gobernador…

 

 



 
 

 

 
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