Poder y Política


Manuel Cuadras

24/07/2009


Más anécdotas de destapes


A lo largo de las últimas dos semanas, hemos sido testigos del destape de varios actores políticos que buscan obtener tal o cual puesto de elección popular. De pronto, de la nada, y como por arte de magia, a todo mundo le dio por destaparse y declarar públicamente (lo que ellos consideran) sus “legítimas aspiraciones”. Así pues, como parece que están tan de moda eso de los destapes, continuaremos las anécdotas que versan sobre este mismo tema. Espero las disfruten.

 

*El engaño perfecto


Como señalaba en mi columna de ayer, no creo en la teoría de que Armenta sea el verdadero “tapado” del gobernador y que engañó a todos desde el inicio con la candidatura de Zavala, sin embargo, de ser así, sería equiparable a lo realizado por el presidente Echeverría durante su sexenio, mire.


Poco antes de anunciarse la candidatura del PRI a la Presidencia de la República, Echeverría le pide a su ayudante más cercano (quizá su jefe del Estado Mayor Presidencial) que se siente a cenar con él. En dicha cena el presidente le pregunta: “¿Quién crees que vaya a ser el candidato y quién crees que deba ser?” A lo cual, el ayudante contesta: “No lo sé señor, sólo cuento con información que se maneja en la prensa”. Ante la insistencia de su jefe, el ayudante finalmente responde: “Bueno, en ambos casos pienso que es Moya, señor”. El tiempo pasó, Moya no fue candidato ante la sorpresa de todos, y años después el colaborador le pregunta a su exjefe acerca de aquél interrogatorio. Echeverría responde: “Si tú, que eras como mi sombra, pensabas que iba a ser Moya, y ni si quiera me mencionaste a López Portillo, es que el secreto estaba bien guardado y yo no mostraba ningún indicio…”

 

*Hay que pedir permiso

Se cuenta que el exitoso matador de toros Silverio Pérez era un personaje muy querido que marcó época en el toreo mexicano. Su fama y popularidad eran reconocidas lo mismo entre políticos, artistas y periodistas. Incluso Agustín Lara le compuso un paso doble que causó el beneplácito y admiración de la afición taurina.


Era tal su proyección, que el partido dominante en aquella época le hizo una invitación para que fuera el candidato a la Presidencia Municipal de su natal Texcoco. El matador de muy buena gana aceptó (y sobra decir que arrasó en las elecciones). Al término de su periodo como edil, el matador quiso buscar la candidatura por su partido al gobierno del Estado de México confiando en su buena fama y popularidad, nadie creería que le pudiesen negar tal posibilidad.


De esa manera, Silverio Pérez inició una intensa precampaña en busca de su objetivo, sin embargo, misteriosamente el partido se inclinó por un personaje que en nada se le acercaba a la presencia y arraigo del prestigiado torero. Silverio Pérez, contrariado, buscó al entonces presidente de la República, Adolfo López Mateos, para solicitarle una explicación. El presidente lo recibió en Los Pinos y le dijo: “Matador qué gusto recibirlo, ¿cómo le va? Oiga, me enteré que el partido no lo nombró candidato, qué pena, hubiese sido un excelente gobernador, la gente lo quiere mucho, pero mire, usted cuando lidiaba a muerte, después de una bonita faena tenía que pedir permiso a la autoridad para entrar a matar ¿no? (el matador asintió) Pues aquí es igual, en política también se tiene que pedir permiso a la autoridad, y resulta mi querido maestro, que aquí la autoridad soy yo…

 

*La importancia de saber inglés


Era el año de 1930. El país se encontraba en un proceso posrevolucionario y el general Plutarco Elías Calles se había erigido como el hombre fuerte de aquella época. Después de traicionar a quien lo impulsó para llegar a la Presidencia (Álvaro Obregón), Calles se convirtió en el verdadero centro de poder en todo México. Era el jefe máximo de las instituciones y caudillos; ponía y quitaba candidatos a su antojo. Ese periodo fue bautizado en nuestro país como el maximato.


Calles se preparaba para escoger el candidato a la Presidencia de aquel año. Para tomar tan difícil decisión (escoger a quién iba a manipular los próximos seis años) decidió consultar con el presidente norteamericano (Herbert Hoover) cuál de las siguientes opciones le parecía la más idónea para ser el presidente de México: Pascual Ortiz Rubio, José Vasconcelos, el general Pedro Rodríguez Triana o Aarón Sáenz; el presidente norteamericano contestó: I don’t know, lo que Calles interpretó como: “Aarón no”, resultando favorecido Pascual Ortiz Rubio, quien a los dos años de mandato renunció a la Presidencia, luego de sufrir un atentado a causa de un joven provasconcelista. Calles se irritó tanto por aquel gesto que consideró como cobarde y ordenó su expulsión del recién creado Partido Nacional Revolucionario (PNR).


Moraleja: Si usted es político y busca imponerse en una carrera sucesoria, no olvide que en política hay cosas que no se comentan ni con la almohada; antes de entrar a matar hay que pedir permiso; y por si las dudas métase a un curso de inglés…

 

*La fiebre de los destapes

 

No cabe duda que mi compañera y amiga Selene Ríos se encuentra obnubilada por la fiebre de los destapes. La audaz y perspicaz reportera, inconfundible por su columna chistosa de los días martes y jueves, piensa que todo festejo es un destape. ¿Será que entró en un shock pasivo después de haber asistido (como reportera, no como invitada) a las comidas de Zavala, Marín y Moreno Valle? ¿O será que el recuerdo de SU JUDICIAL (especialmente en estas fechas) le provoca regresiones que le hacen ver unas cosas por otras? A propósito, el próximo miércoles es el cumpleaños de mi amigo “El Judicial”, ¿acudirá Selene hasta Cancún a la fiesta (perdón, al destape) de nuestro amigo en común? ¿O sólo lo felicitará a través de su divertida y jocosa columna? Por cierto, gracias por la felicitación.

 



 
 

 

 
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