Poder y Política


Manuel Cuadras

25/03/2010

Cadena de errores

Dicen que en el béisbol, como en la política, gana quien comete menos errores, pero también quien sabe capitalizar mejor los errores del contrario. La fórmula entonces parece sencilla: jugar sin errores y explotar las pifias del rival. ¿Qué pasa, sin embargo, cuando se falla a menudo y no se aprovechan los desatinos del oponente; es decir, cuando no se acierta ni en lo uno, ni en lo otro? ¿Se puede aspirar a algo bueno en esas condiciones? La respuesta es: no.


Pongamos un ejemplo. Imagine que nos encontramos en la fatídica séptima entrada de un juego cerrado (y aburrido) entre dos equipos que han ofrecido un muy pobre espectáculo. Ante tal escenario, como bien se sabe, un error podría marcar la diferencia que incline la balanza hacia uno u otro lado. De pronto, el pitcher del equipo azul lanza una bola lenta y bien colocada, ideal para que el bateador del equipo rojo desprenda un cañonazo y la vuele del estadio (un flancito pues, como se diría en el argot beisbolero). Paradójicamente, el bateador no hace un buen contacto y únicamente alcanza a conectar un elevadito que vuela por la zona del jardín central. El pitcher del equipo azul suspira aliviado, al ver que su “regalito” no produjo demasiadas consecuencias, ya que el batazo no representa mayor peligro para su propio equipo. La bola parece estar suspendida en el aire y baja muy lentamente hacia el cómodo y seguro guante del jardinero central azul, todo está bajo control, o al menos eso parece; sin embargo, ante el asombro del público en general, pero sobre todo de la banca del equipo azul, el jardinero comete una pifia y deja caer la bola al suelo. Nadie lo puede creer, mucho menos el desdichado jugador defensivo que quedó expuesto al ridículo. El coach del equipo rojo hace bruscos movimientos circulares con ambos brazos, para indicar a sus hombres que corran rápidamente y aprovechen el error. Lamentablemente no sucede así, uno de los jugadores, “el más avanzado”, se distrae por unos momentos y no percibe la acción anterior, perdiendo segundos valiosos para poder avanzar y acercarse a la meta (home), para cuando lo intenta, el equipo azul se encuentra repuesto e impide que los rojos concreten una anotación (carrera).


Por supuesto que esta cadena de errores es un caso hipotético (y chusco) que difícilmente se daría en un juego profesional de béisbol; sin embargo, algo similar estamos presenciando ante las estrategias electorales del PRI y del PAN en esta fase de precampañas.


¿Quién ha cometido más errores hasta el momento? Es difícil precisarlo. Pareciera que ambos están obstinados en repetir y repetir errores, veamos.


El primer gran error lo cometió el PRI al seleccionar el perfil de sus candidatos a gobernador y presidente municipal. En plena era del marketing político, donde lo que más se privilegia es el perfil ciudadano de los candidatos, el PRI optó por postular a los dos personajes más ligados al actual gobernador, pero además, con imagen poco favorable.


Ante esta ventana de oportunidad, el PAN no ha sabido explotar el punto más débil de los candidatos priistas, de representar el continuismo del régimen marinista. Seis de cada diez poblanos no saben que Zavala y Montero fueron impuestos por Mario Marín, ¿fortuna del PRI o impericia del PAN? Por si esto fuera poco, en lugar de hacer una campaña de contraste directo de imágenes, el PAN comete la torpeza de lanzar una campaña absurda poco inteligible, dejando expuesto al ridículo al “Patrullero 777”.

 

En la próxima entrega le seguimos con la cuenta de errores de ambos partidos, por el momento, lo que podemos concluir es que al final ganará el que sea menos malo.

 



 
 

 

 
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