Poder y Política


Manuel Cuadras

25/08/2009


El otro festejo


El pasado domingo Enrique Doger celebró su cumpleaños número 52. Lo hizo en medio de mariachis, mixtotes, pollos rostizados y 15 mil invitados. La celebración no tendría nada de anormal de no ser por el número de asistentes y porque se desarrolla en medio de un proceso sucesorio gubernamental.


Doger se sumó a la moda de las comidas políticas para enseñar músculo, tal y como lo hicieron meses atrás Javier López Zavala, Enrique Agüera, Mario Marín y Rafael Moreno Valle, con las únicas diferencias de convocatoria y circunstancias. Veamos.


Zavala empezó el juego de las “fuercitas” juntando 5 mil burócratas en el santuario social del marinismo: El salón Country. Mucho se habló en aquella ocasión del éxito de la comida. Se habló de fuerza, de unidad, de cargada, de mensajes, y lógicamente, de la sucesión. Los alegres comensales comentaban a sus anchas “que ya todo estaba definido”. Las fotos hablaban por sí solas, un salón repleto de marinistas extasiados por el nacimiento de su nuevo mesías. Acudieron integrantes del gabinete, diputados, presidentes municipales, aspirantes a diputados, empresarios, y por supuesto, el líder de toda esa bufalada (Mario Marín), quien miraba con un dejo de nostalgia la puesta en escena de su obra transexenal. Fue la primera vez que experimentó en carne propia aquella trillada frase de “Muerto el rey, viva el rey…” Marín, ubicado en la mesa principal junto al festejado, vio pasar una interminable fila de personas que cumplieron con el ignominioso ritual del besamanos. Marín observaba, sonreía, callaba, por primera vez en su sexenio las alabanzas no eran para él.


La prensa oficialista destacó el poder de convocatoria del delfín marinista y olvidó hablar de acarreo, de movilizaciones etcétera. Todos hablaron de “La gran comilona zavalista”. En un exceso de vanidad, los columnistas agraciados a la nómina marinista resaltaban algunas frases del gobernador para denotar que se habían superado todas las expectativas: “él me dijo que habría 800 invitados y aquí hay varios miles…” También incluyeron la célebre frase de: “Quien siembra trabajo, cosecha trabajo; quien siembra odio, cosecha odio; quien siembra tormentas, cosecha tempestades; en política lo que se siembra se cosecha, como en la vida…”


Posteriormente vino el cumpleaños del rector Agüera. En los límites de su indefinición, cuando ya todo apuntaba a que declinaría su proyecto de buscar la gubernatura, pero aún mantenía una última esperanza, decidió reunir a lo más “selecto” de la socialité poblana en una comida sui géneris realizada en el rancho El capricho del vecino municipio de Atlixco. Fue una comida en la que Agüera disfrutó de las mieles del poder. Su peculiar foto bailando agogó al lado de sus hijas apareció en todas las revistas fashion de Puebla. Sus mil invitados lo llenaron de halagos y Agüera se midió el termómetro de la sucesión. No fue una comida masiva como la de Zavala, el rector prefirió “selección” en vez de “bufalada”. La diferencia entre los mil de Agüera y los 4 mil de Zavala fueron los 3 mil burócratas y presidentes municipales impuestos por el delfín. El gobernador Marín, por su parte, no desaprovechó la oportunidad para cachondearlo y mandar sus acostumbrados mensajes: “El que persevera alcanza y tú lo has logrado. Te deseo muchas felicidades ahora y siempre. Sé que estás llegando a la mejor edad, cincuenta años es la edad maravillosa del hombre porque tienes todo, madurez, capacidad, tranquilidad, tienes los mejores años por venir, disfrútalos con tus amigos y con tu familia…”, dijo el gobernador.


El siguiente en turno fue Mario Marín, quien por “prudencia política” decidió prorrogar una semana su cumpleaños para no enturbiar el proceso electoral de julio. Marín festejó su cumpleaños poniendo toda la carne al asador. Sabía que era su último cumpleaños que lo celebrarían como a un rey; el próximo año ya habrá un nuevo líder moral y dueño de toda esa bufalada infiel que le jura amor eterno al monarca en turno. Marín, mejor que nadie, lo sabe. Por eso decidió autofestejarse tal y como lo hacían los faraones en el antiguo Egipto. Hubo de todo, vino, baile, comida, excesos. En esa ocasión, como era de esperarse, ningún medio habló de acarreos, todo fueron loas al imperio.


Así, 6 mil almas se reunieron en el salón Tres Marías para ver el clímax de un astro que pronto empezaría a apagarse lentamente.


Rafael Moreno Valle también aprovechó su cumpleaños para promocionar su proyecto personal. La suya fue una fiesta priista pintada de azul. Al igual que Zavala, Moreno Valle contó con la presencia de presidentes municipales, diputados y aspirantes a legisladores que el senador ha cobijado en su regazo. Nadie puede dudar de que Moreno Valle se ha convertido en todo un padrino que vende protección y asilo a cambio de lealtad y gratitud. 8 mil asistentes de todos los rincones del estado acudieron a felicitar a la carta más rentable del “panismo” para llegar a Casa Puebla. La prensa marinista hizo su chamba: “Le hicieron el feo a Moreno Valle… su comida careció de figuras nacionales… la maestra (Elba Esther) abandonó a su ahijado… todos fueron acarreados… bla, bla, bla…”


¿Qué tienen en común todos estos festejos? Que todos fueron mensajes de fortaleza enviados a sus adversarios y que todos (incluso el de Marín) llevaban el trasfondo de la sucesión de Casa Puebla.


¿Cuáles fueron las diferencias? Que el de Zavala, Agüera y Marín, gozaron con la gracia bendita de las famosas estructuras, mientras que Moreno Valle y Doger contaron con la gracia de la disidencia.


El hecho de que Zavala y Marín hayan juntado a 4 y 6 mil asistentes a sus respectivos festejos no tiene nada de sorprendente, mucho menos si consideramos que el 100 por ciento de dichos asistentes han sido los beneficiados de los proyectos de Zavala y de Marín. ¿Qué pasará cuando Marín deje de ser gobernador? ¿Acudirán los mismos 6 mil a felicitarlo? ¿Qué pasará cuando Zavala deje de jugar a ser Santa Claus y regalar rotoplases y pisos dignos? ¿Reunirá a los mismos 4 mil “amigos”? Para decirlo más claro: cuando se tiene el poder, la estructura y los recursos, se tienen los “afectos”, “lealtades” y “simpatías”, eso no es nuevo ni extraordinario.


El caso de Doger, como bien lo escribía Arturo Rueda en su columna de ayer, es especial. El hecho de ser la figura que representa el antimarinismo le acarrea pros y contras. Por un lado, todos aquellos resentidos con el marinismo encuentran en Doger el canal perfecto para canalizar sus resentimientos y desterrar al marinismo de Puebla, lo cual lo erige como líder natural de un proyecto sucesorio, pero por otro lado, esa condición de líder antisistema, lo convierte en el enemigo público número uno de los dueños del balón.


Doger actualmente compite contra Zavala, contra el PRI (Armenta), contra la prensa oficial y contra el dueño de todos ellos: Marín. Luego entonces, el gran mérito de la comida dogerista fue haber librado todos esos obstáculos y congregar a más asistentes que los convocados por Marín y por Zavala. Y lo más importante, ¿qué tipo de presión pudieron haber recibido los 15 mil asistentes al festejo de Doger? ¿Un día menos de salario? ¿Que serían despedidos? ¿La cancelación de sus programas y participaciones? Ninguna de las anteriores es aceptable porque no se tienen las herramientas de manipulación para hacerlo (como sí las tienen Marín, Zavala e incluso Agüera). Por lo tanto, el hecho de congregar a tal cantidad de gente, librando todos los obstáculos y bloqueos impuestos por el sistema, es un elemento a considerar por parte del gobernador Marín.

 

Una de dos: o algo está fallando en el Proyecto Z, o algo está avanzando el proyecto Doger. ¿Usted qué opina?

 



 
 

 

 
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