Poder y Política


Manuel Cuadras

26/03/2009

Los pactos del morenovallismo


La clase política poblana se ha vuelto adicta a seguir de cerca los movimientos de los principales actores políticos locales. Lo mismo el chofer, que el asistente, que el secretario del secretario, que el particular, que el secretario, que el diputado, en fin, todos aquellos personajes que de una u otra manera viven del presupuesto se han vuelto adictos a consumir todos los chismes de la farándula política. Ejemplos:


“Que si fulanito se reunió con sutanito”. “Que si perenganito hizo una comida”. “Que si menganito ya las dio (ya declinó)”. “Que si caperucita se quiere lanzar” “Que si el lobo feroz la dejará…”. En fin, los comentarios, chismes y conjeturas están a la orden del día, y los únicos beneficiados (además de nosotros los columnistas, claro está) son los aspirantes que desean que se siga hablando de ellos.


Pero de todas esas historias de la política aldeana, hay dos que atraen poderosamente mi atención por el alto grado de ficción y surrealismo que combinan. Uno de ellos es el caso del famoso “delfín” marinista (que ya le hemos dedicado uno que otro análisis), y el otro es el de un joven senador pintado de azul, carente de ideologías y principios.


Ficción lo define el diccionario como invención o cosa fingida. Y surrealismo, en su acepción etimológica, quiere decir por encima de la realidad. Ambos conceptos encajan a la perfección en el proyecto egocéntrico de nuestro personaje de hoy.


La realidad lo ha rebasado. La ambición hace tiempo que también lo alcanzó, y la frustración será la que finalmente termine por borrarle esa sonrisa fingida con la que saluda a los campesinos (a los que dice representar).


En torno a su figura ha creado todo un mito, el cual él mismo se ha encargado de difundir: Dice que tiene amarrada la candidatura por acuerdos nacionales muy fuertes (wow!!!). Que tiene una madrina que le cumple todos sus caprichos (Zas!) Y que no necesita de su partido porque tiene una estructura muy fuerte que lo llevará a la victoria (Órale!) Si no lo conociera yo, también me sorprendería de estos atributos, el problema es que lo conocemos, y si hacemos un simple ejercicio de contraste, considerando el tiempo que le ha invertido a su proyecto (8 años) y la cantidad de dinero que le ha inyectado (no me atrevo si quiera a dar una cifra), contra la eterna tercera posición que ocupa en la mayoría de las encuestas, nos daremos cuenta que, o bien la supuesta fuerza que presume es un mito del tamaño del estadio azteca, o se trata de un loco millonario (como muchos que hay) que no sabe en qué gastar su dinero.

 

Ésta semana su estrategia fue (copiando el modelo del “delfín”), reunirse con diversos actores de su partido para vender la idea de que ya los doblegó, es decir, que ya los sumó a su causa. Nada más falso que eso, si el senador piensa (al igual que el “delfín”) que por tomarse un café y unas fotos con sus oponentes, éstos le rendirán pleitesía futura, está muy equivocado. En política los amigos son de mentiritas y los enemigos de verdad, y mucho me temo que el senador tiene muchos afiliados al segundo grupo.


La realidad virtual en la que vive no le permite ver que sus rivales esperan pacientes el momento de abandonarlo y dejarlo caer. ¿Recuerda usted el cuento de “Hansel y Gretel”? Algo similar le ocurre a nuestro senador. Ahora que se encuentra comiendo los dulces más deliciosos que jamás imaginó, en la casa que consideraba apropiarse, la bruja malvada observa de lejos y espera el momento de mayor confianza para aparecerse de pronto y decir: “¿Querías comerte mi casa, no? Pues ahora yo te comeré a ti…!”

 



 
 

 

 
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