Poder y Política


Manuel Cuadras

27/08/2009


El factor Paredes


Nos encontramos en plena recta final del proceso sucesorio rumbo a Casa Puebla. Las estrategias y los protagonistas de esta historia son claramente identificables: el grupo marinista busca perpetuarse en el poder a través de tres vías: Zavala, Armenta y Blanca Alcalá; los melquiadistas buscan retornar al poder en la figura del hermano incómodo Jesús Morales Flores; mientras que los dogeristas buscan arribar al poder con el apoyo de todos los no marinistas.


El Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, eje central de la decisión, se encuentra a su vez en un proceso de redefinición política ante los procesos electorales que se avecinan. Con la noticia de que Beatriz Paredes se mantendrá como dirigente de ese instituto político, se abre una interrogante de qué actitud tomará ante la tendencia de dejar que los gobernadores impongan a sus sucesores.


Durante los últimos dos años, la actitud pasiva y accesible de la dirigente nacional de permitir el libre dedazo de los mandatarios estatales obedeció al doble juego de la tlaxcalteca de convertirse en la líder de la bancada priista en San Lázaro, o bien de buscar la candidatura a la Presidencia de la República, en ambos casos, necesitaba “quedar bien con todos” para ganar adeptos para la consumación de cualquiera de sus dos proyectos, algo similar a lo que hizo Roberto Madrazo en 2004 y 2005.


Analicemos su primer proyecto: Supongamos que Paredes decidía buscar la coordinación parlamentaria en San Lázaro, en tal caso, los diputados electos tendrían que votar para avalar su arribo, ¿quiénes son los dueños de los diputados electos? ¿Quiénes les dan línea? Los gobernadores. Luego entonces, lo que Paredes hizo fue buscar una relación de complicidad basada en “yo te dejo que impongas a tu gallo, tú me apoyas (dando línea a tus diputados) para que me convierta en líder de la bancada”.


Supongamos que Paredes optaba por buscar la candidatura desde la propia dirigencia (como al final sucedió, copiando el modelo madracista), de la misma manera requería el apoyo de los gobernadores (tanto entrantes como salientes) para obtener apoyos a su causa, es decir: “yo te apoyé para que fueras gobernador, ahora tú me apoyas para que yo sea presidenta…” ¿Curioso no? Lo mismo que criticó y combatió Paredes en la figura de Madrazo, ahora lo repite con la similitud de un papel calca.


Ahora bien, ahora que Paredes ha definido (implícitamente) su meta de buscar la candidatura a Los Pinos, ¿cómo se relaciona su proyecto con el caso Puebla? Veamos.


A partir de este momento Beatriz Paredes será objeto de ataques y críticas (muchas de ellas fundadas) por los diferentes actores que buscan el mismo objetivo que ella, léase en primer plano: Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones, quienes señalarán cualquier uso tendencioso de la estructura partidista a favor del proyecto paredista que se contraponga a la imparcialidad y la unidad.


Al igual que Paredes, Peña Nieto y Beltrones tienen a su vez, por lo menos un ahijado en cada estado de la República a los cuales buscarán apoyar con el mismo ahínco y con el mismo propósito que lo hizo Beatriz Paredes: “Te apoyo, me apoyas”. Luego entonces, si Paredes continúa con la tendencia de dar manga ancha a los gobernadores, con el afán de mantenerlos contentos y condicionar su apoyo futuro, se topará con la resistencia Nieto-Beltrones, con los inminentes riesgos que ello puede producir.


Para resumirlo en ideas cortas: Paredes fue accesible con los gobernadores para generar una relación de complicidad con ellos. Peña y Manlio no se opusieron porque existía el acuerdo tácito de que Paredes no buscaría la Presidencia. Una vez violado ese “acuerdo”, ambos se opondrán a todo lo que sume al proyecto paredista. Y es aquí donde surge nuevamente la pregunta: ¿eso cómo repercute en el caso Puebla?


Actualmente son sólo tres los (pre) candidatos con posibilidades reales de convertirse en el sucesor de Mario Marín: Blanca Alcalá, Enrique Doger y Javier López Zavala (en estricto orden alfabético).


¿A quién de ellos apoyará Beatriz Paredes? ¿Al delfín del gobernador, a su amiga Blanquita, o al siempre incómodo Enrique Doger?


¿Cómo apoyar al delfín de un gobernador con una pésima imagen a nivel nacional? ¿Se imagina cómo repercutiría eso ante una eventual guerra sucia rumbo a Los Pinos? Imagine lo siguiente: Un spot a nivel nacional que recuerde el penoso caso del lydiagate y al final una fotografía de Beatriz Paredes alzándole la mano al delfín del góber precioso…


La segunda opción sería apoyar a Blanca Alcalá. En ese caso el inconveniente sería que Blanquita, en su afán de quedar bien con todos, lo mismo ha buscado acercamientos con Paredes, con Manlio y con Enrique Peña, ¿garantiza algo esa veleidad? ¿Qué pasa si la apoya y al final (Alcalá) se la juega con otro?


La última opción es apoyar a Enrique Doger. ¿Cómo hacer que el marinismo se sume a la candidatura de su acérrimo rival? ¿Cómo convencer a Marín de que apoye al que ha sido el antimarinista número uno durante los últimos cuatro años? Porque de lo que se trata es sacar un candidato ganador, ¿no? De nada sirve apoyar a un candidato para que pierda, como en el caso de Sonora.


Sea cual sea la decisión de Paredes, lo cierto es que a quien apoye, le estará dando el beso del diablo, porque los otros dos dinosaurios harán todo lo posible para que pierda.

 



 
 

 

 
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