Política y Poder


Manuel Cuadras

 

Ayuntamiento vs sindicato (tercer round)


Las relaciones entre el Ayuntamiento de Puebla y el Sindicato de trabajadores parecen insalvables. El día de ayer, cerca de mil quinientos trabajadores de base, se manifestaron a las afueras del Palacio Municipal amenazando con tomar las instalaciones. La historia es la siguiente:


Resulta que semanas atrás, cinco trabajadores sindicalizados fueron cambiados de área, sin previo aviso a su dirigencia sindical, es decir, los cambiaron de Contraloría a Obras Públicas, sin avisarle a su sindicato. Aunado a ello, el Ayuntamiento desplazó más trabajadores (de confianza) hacia el edificio conocido como “exacuario”, ocasionado la molestia de los trabajadores sindicalizados, porque —a decir de ellos— “ya no caben más en ese edificio y trabajan en condiciones insalubres (comparten un solo baño hombres y mujeres)”.


Así las cosas, el sindicato presentó un emplazamiento a Huelga por las “constantes violaciones a sus derechos”, fundamentándose en la Ley de los Trabajadores al Servicio del H. Ayuntamiento de Puebla, que al respecto dice: “Son trabajadores de base los que no son supernumerarios ni de confianza, y tendrán el carácter de inamovibles”. “… son obligaciones del Ayuntamiento y de los titulares de las dependencia cumplir con los servicios de higiene y prevención de accidentes”, “… la Declaración de huelga es la manifestación de la voluntad de la mayoría de los trabajadores, de suspender las labores, si el Ayuntamiento no accede a sus demandas fundadas”, “… los trabajadores podrán hacer uso del derecho de huelga, cuando se violen de manera general y sistemática a los derechos que el presente ordenamiento consagra.”


Asimismo, el Sindicato señala que el Ayuntamiento incumplió con la Cláusula 80 de las Condiciones Generales del Trabajo, en las cuales se acordó integrar una Comisión Mixta de Seguridad e Higiene, para evitar que los trabajadores laboraran en edificios insalubres e inseguros.


Resumiendo, el Ayuntamiento se extralimitó en sus funciones al disponer de plazas de trabajadores que le corresponden al Sindicato; el sindicato por su parte, encontró ante ello la oportunidad perfecta para emplazar a huelga con fundamentos legales. Ahora bien, de acuerdo a la misma ley, en caso de ser declarado procedente el emplazamiento a huelga, el Ayuntamiento estará obligado a resolver en un plazo no mayor de diez días (a partir de la notificación) las causas que motivaron dicho emplazamiento, o en su defecto, convocar a una mesa de negociación entre representantes del Ayuntamiento y del Sindicato, cosa que no ha ocurrido.


Hasta aquí la parte legal. Por lo que respecta a las relaciones políticas entre Sindicato y Ayuntamiento, el problema es aún peor. Las relaciones hace mucho que dejaron de ser cordiales y actualmente se vive más una especie de Guerra Fría al interior del Ayuntamiento. Hace aproximadamente dos meses, en el marco de un enfrentamiento entre ambos con motivo de un problema con las naranjitas, escribí lo siguiente: “¿Cómo cree que sea la relación con el sindicato pasando esta nueva crisis? ¿No le da la impresión de que se está jalando la cuerda de manera innecesaria? ¿Qué va a pasar cuando la cuerda se rompa? Nada, que los trabajadores se declararán en huelga permanente, la ciudad estará sin servicios, paralizada, con marchas y manifestaciones en el primer cuadro de la ciudad, y eso significa tiempo perdido para dar resultados a la ciudadanía”.


Como puede ver, las cosas en lugar de mejorar, empeoraron, la pregunta es, ¿hasta qué punto llegaremos?, ¿seguirán estirando la cuerda?, ¿en qué momento se irá a romper?, ¿cuál será el siguiente paso?, ¿el estallamiento a huelga definitivo?
Por parte del Ayuntamiento el reto será encontrar el diálogo y los acuerdos que permitan suavizar la difícil relación que tiene con sus trabajadores. A nadie le conviene que el conflicto continúe y menos a Blanca Alcalá; el problema para ella será encontrar un interlocutor inteligente que ponga fin al juego de “ataque-respuesta” que actualmente prevalece entre ambos. Lo más difícil para ella —en caso de continuar los enfrentamientos— no es la manifestación del día de ayer en Palacio Municipal, el sindicato puede llevar el conflicto a un siguiente nivel de paralización de los servicios públicos. ¿Le conviene a alguien eso?, ¿no sería mejor conciliar? Ojo, no con esto quiero decir que el Ayuntamiento debe asumir una actitud sumisa ante las presiones del sindicato y que acceda a todas y cada una de sus peticiones, no, pero tampoco debe de confrontarse (como ahora lo hace) ante cada jugada del adversario. Esto es un juego, y el que se enoja pierde, y si los colaboradores de la presidenta no han podido, o no han sabido negociar con el sindicato, la presidenta podría asumir el propio riesgo en aras de recomponer la fracturada relación existente. ¿No fue lo que hizo Calderón ante la terrible y odiada Maestra Elba Esther Gordillo? Cuando se dio cuenta que Josefina Vázquez Mota simplemente no podía en las negociaciones con el SNTE, Calderón le mandó a su mejor hombre Mouriño (qepd) y en una segunda instancia, negoció él personalmente con la Maestra Elba Esther. ¿Será que la presidenta ya mandó a su mejor hombre (o mujer) a negociar? De ser así, los resultados no fueron nada favorables y quizá sería momento para que ella misma se sentara con el líder sindical. Cierto, una regla básica de la política indica que el número uno nunca debe sentarse a negociar con los inconformes (porque si no, éstos ya no querrán hablar con nadie más), pero también otra regla de oro es: negociar en condiciones de ventaja. Así pues, ahora que la presidenta tiene la posición de hacerlo (condición de ventaja) ¿negociará personalmente (ante la incapacidad de sus funcionarios) o dejará que el problema crezca de round en round?

 



 
 

 

 
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