Política y Economía


Luis Antonio Godina Herrera


26/01/2011


Uno de febrero


No hay plazo que no se cumpla. Después de casi seis meses de la elección, el primero de febrero próximo asume el poder Ejecutivo en nuestro estado un nuevo gobernador: Rafael Moreno Valle. Lo hace en un escenario nacional complejo, dado que se entretejen al menos tres crisis en medio de las cuales tendrá que tomar decisiones.


Primero. La crisis económica que no termina de superarse aun con el anuncio de que la economía crecerá en este año a un ritmo de 4 por ciento, nivel que, aunado al comportamiento en 2009, dejará a la economía del país apenas en niveles similares a los de antes de la crisis. A pesar de las conferencias de prensa mensuales, el empleo no es suficiente y el salario no alcanza. El aumento de los precios a las gasolinas y a los bienes básicos presionan la meta de inflación. Por otra parte, si bien las finanzas públicas no muestran signos de preocupación, en lo que hace al presupuesto federal el nuevo gobierno enfrentará la ineficiencia en el ejercicio del mismo; por ejemplo, en el sector de comunicaciones y transportes, al cual la Cámara de Diputados aprobó un monto importante para Puebla. Los gobiernos panistas han tenido cuantiosos recursos, pero no los ejercen.


Segundo. La crisis social, en donde la pobreza va en aumento. Los datos de la CEPAL son alarmantes, y para el caso de Puebla deben ser un motivo para diseñar políticas públicas pertinentes que atiendan el rezago acumulado en nuestro estado, sobre todo en los últimos años. En Puebla convive una lacerante pobreza rural con una creciente pobreza urbana. Ante la escasez de recursos, el gobierno entrante tiene ante sí un reto mayúsculo.


Tercero. La crisis de la seguridad, de la que Puebla se ha mantenido relativamente alejada, pero que debe ser el tema número uno de la agenda de gobierno. El gobierno federal mantiene la estrategia de lucha en contra del crimen organizado (que no guerra, dice el presidente, no obstante que día con día el vocero Poiré da parte de la misma a los medios de comunicación), en la cual han muerto más de 30 mil mexicanos, muchos de ellos inocentes y parte del daño colateral aceptable. La pregunta que la sociedad se hace es: ¿cuántos muertos “colaterales” más son aceptables para la estrategia del gobierno? Cómo se va a insertar Puebla en ese escenario, sobre todo en la natural transición de gobiernos, es algo a lo que debemos estar atentos. En Nuevo León el cambio de gobierno acentuó la crisis de seguridad en ese estado, lo mismo pasa en Sinaloa y en Chihuahua. La paz social y la seguridad son los compromisos básicos de cualquier gobierno, de manera que el entrante en Puebla tendrá que ubicar sus decisiones en este marco.


El escenario local parece más a modo para un inicio de gobierno con las menores complicaciones, dado que durante la etapa de transición el gobierno saliente tomó decisiones que de alguna manera facilitan la tarea del entrante: el endeudamiento aprobado por el anterior Congreso y las reformas a la Ley Orgánica del gobierno son tan sólo una muestra de ello. Además, el principal partido de oposición, el PRI, entrará en una etapa complicada, pues por primera vez en su historia quien despacha en los cerros de Loreto y Guadalupe no dará instrucciones a quien lo hace en la Diagonal. Además, el 4 de marzo Humberto Moreira asume la presidencia nacional de ese partido, con un discurso más de confrontación con el gobierno, en plena etapa previa a la sucesión de 2012. Ambos hechos permitirán al nuevo gobierno transitar, al menos al inicio, sin tener enfrente una oposición sólida o al menos una oposición que sepa o esté capacitada para negociar.


Un cambio de gobierno siempre trae consigo la esperanza de tiempos mejores. Así sucedió con Manuel Bartlett y los proyectos de gran calado; con Melquiades Morales y su cercanía con la gente, o incluso con Mario Marín y su triunfo incuestionable en las urnas, impulsado por su gestión como presidente municipal. ¿Cuál será el sello del nuevo gobierno, además de ser el primero no priista? Lo sabremos pronto.

 

La democracia habló en julio pasado y dio el triunfo a una coalición de partidos que a partir del primero de febrero será gobierno. Los partidos de oposición, el PRI en particular, tienen que armar un discurso diferente, propositivo y crítico; ese debe ser su papel. Los tiempos de la sumisión ya terminaron. El nuevo gobierno tiene que hacer su tarea, los partidos la suya, y ya veremos qué dice la ciudadanía en las siguientes elecciones. Lo único que no es dable es que las cosas sigan igual. Puebla tiene que cambiar y debe hacerlo rápido.

 

Para intercambiar opiniones sobre los temas que trato en Diario CAMBIO te invito a visitar mi página web: www.luisgodina.org. Mi twitter: @godinaluis.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas