Política y Economía


Luis Antonio Godina Herrera


06/10/2010


Puebla se alejó del escenario económico nacional


Muchas son las razones por las que el PRI perdió las pasadas elecciones para gobernador, renovación del Congreso y ayuntamientos. Las explicaciones a lo largo de estos meses han ido y venido: unos le echan la culpa a la operación de Estado por parte del Gobierno federal; otros, los más, a la fallida selección del candidato al Gobierno del estado y, sobre todo, a la campaña que nunca atinó en encontrar el mensaje central hacia los poblanos.

 

Pero poco se ha dicho de las razones de fondo que explican el comportamiento del electorado. Para nadie es un secreto que el ciclo económico y el ciclo político se siguen y, en buena medida, ambos se determinan. Política y economía son un todo que parece indisoluble y por tanto, el análisis del 4 de julio tiene que considerar también el fenómeno económico.

 

Al despuntar el gobierno de Manuel Bartlett, se dejó en claro que Puebla enfrentaba un problema de pobreza muy importante, de ahí el conjunto de estrategias que se emprendieron en ese entonces para enfrentarla, y, al mismo tiempo, detonar el desarrollo en diferentes regiones del estado, como fue el caso de Angelópolis. La crisis de 1995 retrasó, pero no impidió el avance, correspondió a los gobiernos subsiguientes encarar el reto de promover la actividad económica en los sectores dinámicos y avanzar en el combate a la pobreza.

 

Los resultados en los últimos años, de acuerdo a fuentes oficiales, no podrían ser más desalentadores:

  • Puebla califica alto en indicadores de tamaño (población y Producto Interno Bruto –PIB–), pero bajo en indicadores clave de Producto Per Cápita, ingreso medio, competitividad y pobreza.

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  • Puebla se compara desfavorablemente con tres estados que han mostrado un mejor desempeño económico en las últimas décadas: Querétaro y Aguascalientes, con una economía más pequeña pero más acorde al tamaño de su población; Guanajuato, con características muy similares a las de Puebla, que ha cerrado la brecha entre el tamaño de la población y el tamaño de la economía.

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  • Pese a su crecimiento económico y a su cada vez más moderada dinámica poblacional, Puebla muestra el peor desempeño económico entre los cuatro estados seleccionados.

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  • La economía de Puebla descansa hoy en cinco sectores: dos de la industria (manufacturas y construcción) y tres de servicios (comercio, transporte y medios masivos de comunicación).

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  • En contraste con los estados seleccionados, un alto porcentaje del personal ocupado (23) trabaja en el campo, el resto trabaja en manufacturas (25 por ciento) y servicios (52 por ciento).

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  • En el caso de Puebla hay un claro desbalance entre un sector primario que genera el 4.4 por ciento del PIB y da empleo a 23 por ciento del personal ocupado y al 30 de los ocupados hombres.

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  • Puebla se distingue por un bajo nivel de ingreso: casi el 50 por ciento de los ocupados recibe un ingreso de subsistencia (0-2 salarios mínimos) y sólo 36 obtiene ingresos razonables (más de dos salarios mínimos).

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  • Puebla, si bien ha mejorado en sus indicadores de pobreza, se ubica entre los ocho estados más pobres.

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  • En Puebla, el 32.2 por ciento de la población muestra una marginación alta o muy alta, mientras que el 52.6 por ciento observa una marginación alta o media.

  • Una de las tareas fundamentales de gobierno consiste en crear el entorno propicio para detectar y explotar las ventajas competitivas que tiene una economía o para crear y desarrollar nuevas ventajas competitivas, en esta materia la realidad poblana es esta:

  • Puebla reporta uno de los índices más bajos de competitividad y ocupa el lugar 26 a nivel nacional.

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  • Puebla muestra los indicadores sociodemográficos más bajos en la selección de estados (Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro). Destaca el nivel de población no asegurada, la ubicación de la población en localidades pequeñas y pobre equipamiento de las viviendas.

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  • En índices de educación, Puebla se encuentra entre los estados peor calificados: sexto lugar en analfabetismo, 29 en asistencia escolar y 25 en educación posprimaria.

  • En síntesis, Puebla, en los últimos años, dejó de desempeñar un papel importante en el escenario nacional en materia económica. La frialdad de los números se vio reflejada en las casillas. La crisis económica, que fue una aliada para el PRI en 2009 en el caso de Puebla, se revirtió y se sumó al cúmulo de factores que explican la derrota del 4 de julio. Un hecho es cierto, una economía que perdió la ventaja de la ubicación geográfica, y que pierde inversiones millonarias como la planta de motores de la Volkswagen, poco tiene que ofrecer a la población, y ésta identifica como responsable, para bien o para mal, al gobierno, no a las fuerzas del mercado. Los ciudadanos cobraron en las urnas facturas nuevas y añejas; en el análisis de su comportamiento, mucho cuenta el escenario político, pero no podemos soslayar que la realidad económica también jugó su papel. Otra vez la política y la economía, en la búsqueda de los reflectores.

     

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