Economía y Política


Luis Antonio Godina Herrera


08/10/2012


La debilidad del Estado


Según uno de los fundadores de la ciencia política Thomas Hobbes, los hombres se unen en una sociedad y forman el Estado para salir del estado salvaje en el que se encontrarían si no llegaran a ese acuerdo. El Estado es entonces el que permite que la sociedad decida quién y cómo gobierna. Los gobernantes entonces, deben procurar que el estado de paz se mantenga y para ello, se deben generar acuerdos o mejor dicho leyes y políticas públicas que pongan orden en el acontecer social.


El Estado debe garantizar ante todo la seguridad de quienes lo componen, de lo contrario estará lejos de su misión si no única, sí principal. A lo largo de estos años, en nuestro país se ha configurado un Estado débil, para muchos incluso fallido, sin duda los resultados de la lucha en contra del crimen organizado han puesto en evidencia esa debilidad. Pero no ha sido el único espacio en donde se puede observar ese hecho.


En efecto, si atendemos al conflicto singular entre Televisa y Grupo Carso el papel de la administración de Calderón ha sido al menos testimonial. Dos de los empresarios más importantes de México se enfrentan y el gobierno esconde la cabeza y pospone decisiones. Pero también en la relación con los gobernadores se aprecia esa debilidad. Sin duda la alternancia otorgó mayor margen a las entidades federativas, pero la ausencia de interlocutores se hizo evidente en estos doce años. Sobre todo en el gobierno actual en donde la lógica electoral privó en la asignación de recursos.


Por si fuera poco la relación con el Congreso no fue la excepción. Recordemos que el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo se fincó en la necesidad de las reformas estructurales, mismas que fueron mal planteadas y peor negociadas en un Congreso en donde se le aprobaron al gobierno todos y cada uno de los paquetes económicos que presentó, además con el equivalente a una mayoría calificada. Este hecho nos indica la voluntad para construir acuerdos por parte de las fuerzas políticas representadas en el Legislativo, pero el gobierno no supo cómo hacerlo.


En el mundo ya no hay duda en si el Estado debe o no participar en la economía, pero a un Estado débil como el que se ha construido en México en los últimos años, le resulta por demás complicado hacerlo de manera eficiente: perdimos competitividad y aumentó la pobreza. Menudo saldo.

 

El gobierno entrante tendrá como reto regresar la dignidad al maltrecho Estado que recibe, deberá recomponer equilibrios y dar una clara muestra de que hay gobierno. El mandato de las urnas lo obliga a negociar, por lo que el nuevo gobierno lo deberá hacer con puntualidad y de inmediato, y negociar no es ceder en todo, es la capacidad de avanzar en lo importante. Esta simple definición no apareció en el diccionario de quienes ya se van.

 

Te invito a platicar en: @lgodina y a visitar mi blog luisgodina.org

 

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