Política y Economía


Luis Antonio Godina Herrera


11/02/2011


De coaliciones y partidos


Las lecciones de Guerrero y Baja California Sur no deben ser echadas a un costado por los partidos políticos. Éstas se suman a las de Puebla, Oaxaca y Sinaloa, en ninguno de esos cinco estados triunfó un candidato emanado de las filas de los partidos que triunfaron, a saber: en Oaxaca Gabino Cué se formó en el PRI y compitió por una coalición PAN–PRD; en Sinaloa Mario López Valdez era priista hasta tres meses antes de las elecciones; en nuestro estado Rafael Moreno Valle tuvo una formación priista desde su juventud, pero ganó la gubernatura encabezando una coalición. Más recientemente, en Guerrero, Ángel Aguirre, fue presidente del PRI estatal, gobernador, diputado federal y senador por ese partido, compite por otra coalición y logra el triunfo; en Baja California Sur, un perredista se pasa al PAN y gana holgadamente la competencia.


Las preguntas que se desprenden de este comportamiento son obligadas: ¿se acabaron en México las ideologías? ¿Los partidos son solamente una franquicia para que el más popular gane? ¿A quién le pide cuentas la ciudadanía, al partido, al candidato a los dos? ¿Los programas ya son cosa del pasado, y ahora lo que priva es el pragmatismo? ¿La carrera de partido se quedó en el siglo XX? En fin, podemos enumerar otros tantos cuestionamientos pero por el momento con estos me quedo.


No me puedo imaginar al ingeniero Luis Rivera Terrazas quien fuera rector de la entonces UAP y distinguido líder del Partido Comunista Mexicano, compitiendo bajo las siglas del PAN o a algún distinguido panista haciéndolo por el PRD o por el PRI. La política de hoy en nuestro país pone al candidato por encima del partido. Al hombre, al individuo, por encima de las instituciones. No hago juicio de valor sólo consigno el hecho.


A todo lo anterior han contribuido los partidos, en especial el PRI. No es casual que la mayoría de las defecciones se estén dando en ese partido. Algo pasa con la “federalización” de la política. Nuestro estado es un ejemplo claro. El gobernador anterior, si bien no apareció en ninguna boleta electoral, fue el gran elector del candidato del PRI al gobierno del estado, lo mismo sucedió en Oaxaca y Sinaloa.


En cualquier texto de políticas públicas es fácil identificar como una de las prioridades la necesidad de establecer una agenda de gobierno. En el caso de las coaliciones, la conformación de esa agenda corre el riesgo de la parálisis, sobre todo en temas concretos, por ejemplo, el aborto o las sociedades de convivencia no son temas con los cuales vaya el PAN, pero sí el PRD (y en Puebla por obra y gracia de Mario Marín, el PRI tampoco va), o la guerra (o como se quiera denominar) contra el crimen organizado la propone un gobierno panista, que se une con el partido que más la critica en tonos subidos como es el PRD. El PAN quiere un IVA generalizado o la privatización de la energía y el PRD no ¿es válido que lo único que los una sea su anti-priismo? ¿Se merecen eso los electores?


Sin duda, los partidos tienen que ser flexibles y precisan ponerse a tono con los nuevos tiempos de una sociedad cada vez más participativa y demandante. Pero de ahí a una lucha seca y no programática por el poder hay mucha distancia. Competir en una elección debiera ser a favor de un programa, no sólo y únicamente en contra de un partido. El reto para las coaliciones en sus primeros meses de gobierno es convencer de que la mezcla ideológica puede desembocar en políticas públicas y programas de gobierno pertinentes. Éste y no otro es el reto. Por las coaliciones hablarán sus resultados inmediatos.


Por los partidos hablará su capacidad para adaptarse a liderazgos dinámicos, en ese proceso es necesario revisar la forma y el fondo de la selección de candidatos, no es bueno para la política mexicana que el “federalismo partidista” se convierta en un canibalismo y una caza de cabezas populares, a fin de ganar la siguiente elección, sin pensar en el primer día de gobierno.


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