Economía y Política


Luis Antonio Godina Herrera


12/03/2012


Elegir representantes


El próximo 1 de julio los ciudadanos mexicanos elegiremos a nuestros representantes que encabezarán los Poderes Legislativo y Ejecutivo en los próximos años. La decisión que se tome no será menor. A pesar de la desilusión democrática que se vive en buena parte del mundo (nuestro país no está ajeno a esa tendencia) como lo informa el Índice Democrático para 2011 que elabora The Economist Intelligence Unit, debemos apostar una vez más al camino electoral para determinar quién debe representarnos.


El diccionario de la Real Academia Española establece como una de las acepciones de la palabra “representar”: “sustituir a alguien o hacer sus veces, desempeñar su función o la de una entidad, empresa, etcétera”, mientras que a la “representación” la define como un “Conjunto de personas que representan a una entidad, colectividad o corporación.” En un sentido estricto representar es dejar que alguien haga una cosa por nosotros, una cosa que nosotros debiéramos hacer, pero no hacemos por diferentes razones.


El teórico de la representación política Bernard Manin fija en la democracia griega el antecedente más claro de la representación política. A lo largo de su obra describe con claridad meridiana la larga transición entre el sorteo para elegir representantes y la elección entre ciudadanos que quieren ser representantes y, para serlo, precisan reunir ciertas características: aportar recursos, tener propiedades, edad, educación, etc. Las formas actuales de representación no datan de antiguo, según Manin, todavía en el siglo XIX la representación estaba ligada a la riqueza, y en algunos cantones suizos se recurría al sorteo. Hoy en los países con democracia plena o incluso defectuosa, la emisión del sufragio universal, secreto y directo son cosa común.


No deja de ser curioso que en un tiempo en que el la democracia capitalista se ha impuesto como forma de gobierno en buena parte del mundo, apenas el 11.3% de la población del planeta viven democracias plenas, y el 37.1 en democracias dañadas. The Economist ubica a México en este grupo y el lugar que ocupa es el 50. A pesar del esfuerzo realizado países como Hungría, Polonia, Jamaica y Panamá tienen una calificación democrática mejor que la nuestra. Nos debe preocupar que el 37.6% de los que habitamos este planeta lo hacemos en regímenes autoritarios de acuerdo a la publicación inglesa.


No tengo dudas de que el gobierno representativo es una opción adecuada para que de él surjan políticas públicas pertinentes. Sin embargo, existe la necesidad de fortalecer la forma en la que se les otorga el poder a los representantes. En México esto es relevante ya que según el estudio de la Luisa Béjar, quien aplicó una encuesta a los legisladores de la LVIII (2000-2003) Legislatura, con el fin de definir el grado de compromiso con sus electores, los parlamentarios de esa legislatura, primero respondían a su grupo parlamentario, después a su partido y su gobernador y al final al interés de sus electores. Esta pirámide se tiene que invertir.


Evaluemos en nuestro papel de ciudadanos, cada opción y cada oferta, al hacerlo sepamos que alguien va a hacer por nosotros algo que nosotros deberíamos hacer, con esa seriedad hay que enfrentar la selección. Aunque la opción griega del sorteo para elegir representantes no es mala idea. Facilitaría las cosas y sin duda la prelación de las decisiones de los políticos sería muy otra.

 

Te invito a platicar en: @lgodina.

 

Te invito a platicar en: @lgodina.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas