Política y Economía


Luis Antonio Godina Herrera


13/01/2011


Nueva década


El año que inicia marca el arranque de la segunda década del siglo XXI. Apenas hace diez años nos adentrábamos a un nuevo milenio, con la incertidumbre del caso y sobre todo, con el peso del cambio representado en ese entonces por Vicente Fox y su gobierno. Diez años después y con la experiencia de dos gobiernos panistas, principia un año que será complicado, pues como nunca la carrera por el 2012 está en marcha y su principal promotor despacha en Los Pinos.


Un ejercicio de memoria simple nos ayuda para recordar las diatribas que los jerarcas panistas, desde la oposición, dejaban caer al presidente en turno cuando ajustaba su gabinete y de repente salían “todológos”, que lo mismo sabían de agricultura, salud o gobernación. Los relevos decretados por el presidente siguen el mismo patrón y a estas alturas de la administración harán más costosa la curva de aprendizaje. Esos movimientos solo se explican a la luz de una lógica política, determinada por la sucesión presidencial. En eso tampoco Calderón y Fox son diferentes a sus antecesores: uno confesó haber metido la mano para detener el ascenso de Andrés Manuel López Obrador (en algo que hizo recordar el fraude patriótico practicado en el pasado) y otro va a dirigir y decidir la candidatura panista a la presidencia de la República. Nada nuevo bajo el sol.


En lo que sí, parece haber diferencia en la eficiencia para gobernar. En el caso de México a la ya clásica pregunta de Ronald Reagan de si se vive mejor hoy que hace unos años, la respuesta es evidente. Antes, por ejemplo, Acapulco era un centro vacacional de primer orden en donde había cabida para pobres y ricos, en un ambiente de seguridad y respeto al turismo. Hoy todos los días leemos noticias terribles sobre la vida en ese puerto. En materia de seguridad, la realidad ha superado a la fantasía. Ese es un logro inequívoco de los gobiernos panistas.


Circula por la red un documento extenso que compara diversos indicadores sobre los diez años de panismo y los gobierno priistas. Independientemente de que muchas de las cifras están fuera de contexto, llama la atención la comparación, pues no se hace con relación a la oferta de campaña sino respecto a administraciones del pasado, seleccionando el indicador conveniente para demostrar lo que se quiere demostrar. El rigor científico no es la característica de quien elaboró ese documento.


No obstante, presenta un dato interesante, una sección denominada “el PRI, el Estado contra sus ciudadanos”, señala que a lo largo de los gobiernos priistas “se cometieron más de 500 actos de violencia en contra de los ciudadanos”. Aunque reconoce que no hay cifras confiables, hace una revisión exhaustiva que va de 1935 a 1997, de los muertos, heridos y desparecidos (incluyendo la llamada “guerra sucia”) por actos atribuidos a las acciones del Estado en contra de los ciudadanos. El monto total asciende (se tomaron los rangos superiores en todos los casos) a 2 mil 616. Cifra sin duda que debería ruborizar a quienes formaron parte de esos regímenes, pero que palidece ante los más de 30 mil ejecutados en un lapso de cuatro años bajo la guerra en contra del crimen organizado que lleva a cabo el gobierno de Calderón.


No se trata de hacer un concurso sobre qué gobierno ha sido más ineficiente, sino poner en perspectiva que cada administración afronta problemas diferentes y que la comparación debe ser más cuidadosa. Las comparaciones lineales no ayudan y solo sirven para exagerar juicios o para ser herramientas de ataque de dudosa eficacia. Cada circunstancia es diferente. No debemos soslayar que, por ejemplo, una buena parte de los regímenes priistas se desarrolló en un mundo bipolar, y la caída del muro de Berlín fue asumida con imaginación por parte del gobierno en turno. Una buena parte de las decisiones tomadas a finales de los ochenta y los noventa, todavía sustentan el andamiaje gubernamental


El gobierno festina la creación de empleos, mientras los precios de la canasta básica se elevan, la gasolina y la luz también, el salario mínimo se mantiene estancado con un crecimiento magro para 2011. Las señales que marcan el inicio de año son entonces: un gobierno volcado en la elección del 2012, una economía que no crecerá al ritmo necesario para generar empleos suficientes, un nivel de vida a la baja y la inseguridad como un tema que está en la mesa de los mexicanos, y no nada más ahí. Nos acompaña en las calles, en los parques, en el trabajo o en los sitios de descanso. México necesita con urgencia un gobierno que gobierne. Nada más. Pero nada menos. Ya falta menos.

 

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