Economía y Política


Luis Antonio Godina Herrera


15/10/2012


Y ahora ¿qué?


Semana complicada para el gobierno que finaliza a las 12 de la noche del 30 de noviembre de este año. La desaparición del cuerpo de uno de los delincuentes más buscados en México y en Estados Unidos, expuso de manera flagrante las carencias de la estrategia ordenada desde Los Pinos.


En efecto, el Presidente Calderón desde el incio de su gobierno detonó (en el sentido estricto de la palabra) una guerra en contra del crimen organizado, pero lo hizo de una manera “desorganzada” e inconsulta no solamente con respecto a la población sino sobre todo con el resto de los órdenes de gobierno. Con la ventaja que da la perspectiva del tiempo, seis años después queda claro que no se contaba con la información suficiente sobre el tamaño del problema y que tampoco se previó el grado de complejidad del adversario, ni las consecuencias de la guerra en las comunidades.


Por otra parte, no hay duda sobre la necesidad de emprender acciones en contra del crimen organizado, no había opción. La crítica va en el sentido del diseño de una política pública que no fue capaz de ser integral y que metodológicamente falló. Se tomaron decisiones con información incompleta, sin un diagnóstico del estado de putrefacción de las diferentes policías y de la capacidad real de los estados y muncipios para hacer su parte en la guerra, fue grave también la omisión de poner en la misma sintonía a los responsables de la batalla: la Secretaría de Seguridad Pública, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina y la Procuraduría General de la República.


El hurto del cadáver de Lazcano puso en evidencia la escasa colaboración entre la federación y los estados, los relatos dados a conocer en los medios nacionales, como ya alguien dijo, parecían en un principio sacados de una película de Rambo y terminó como una de Viruta y Capulina. Lo que hemos leído es una comedia de equivocaciones que dejan a la opinión pública y a la ciudadanía toda en estado de indefensión absoluta: los responsables de encabezar la guerra no tienen idea de quiénes son sus enemigos y cuando uno de ellos es importante, se dan cuenta gracias al azar. No puede ser pero lo es, la suerte quiso que las autoridades dieran con la identidad de Lazcano. La farsa sobre la estatura física del hoy occiso quedará para el anecdotario político y policial.

 

La estrategia tiene que cambiar. Nunca antes se había destinado tanto presupuesto público para combatir al crimen, los resultados son por demás modestos. El nuevo gobierno tiene ante sí el reto no solamente de ajustar la estrategia sino de dar mejores resultados. Un primer paso es poner en la misma sintonía a todas las instancias federales y en paralelo hacer algo similar con los gobiernos estatales y municipales. Asimismo, uno de los aspectos a atender es cómo sumar a la sociedad a una tarea en la que resulta obvio que el gobierno no puede encarar sólo. Dura prueba para los que llegarán el primero de diciembre: México en paz.

 

Te invito a platicar en: @lgodina y a visitar mi blog luisgodina.org

 

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