Economía y Política


Luis Antonio Godina Herrera


16/07/2012


Lo que sigue


La esquizofrenia no es propia solamente de la psiquiatría sino que ha tomado carta de naturalización en la política nacional. Para comprobar lo anterior basta revisar la simple definición de este padecimiento contenida en Wikipedia: “La esquizofrenia es un diagnóstico psiquiátrico… caracterizado por alteraciones en la percepción o la expresión de la realidad.” Si esta definición la trasladamos a la política y en particular a la actitud de los mal llamados partidos de izquierda y a su líder, podemos comprobar que se identifica de cabo a rabo con su conducta respecto al recientemente concluido proceso electoral.


De lo contrario ¿cómo explicar, despreocupado lector, que ser quiera invalidar la elección presidencial y no de senadores y diputados? Dentro de su muy rebuscado análisis y cúmulo de frustraciones, seguramente imaginan que el PRI pudo convencer a los votantes de cruzar el voto de la forma en que lo hicimos los más de 50 millones de mexicanos que acudimos a las urnas, es decir, votas para Presidente por este candidato, para senador por este otro y para diputado por aquel más; pero en los estados en donde se eligieron poderes locales, por ejemplo, el DF, debieron agregar la diferenciación del voto para Jefe de Gobierno, jefes delegacionales y diputados a la Asamblea, es decir un conjunto de acciones imposibles de orquestar en cualquier parte del planeta.


En la historia reciente del país no ha habido elecciones más equitativas que las efectuadas el pasado 1 de julio, me explico, todos los partidos tuvieron acceso a los medios de comunicación, millones de spots se transmitieron en todos los canales de radio y televisión, además el monitoreo de medios que realizó la UNAM estableció que los noticieros y programas de radio y televisión dieron un trato equitativo a los candidatos. Prácticamente todas las casillas contaron con vigilancia partidista.


Para López Obrador y sus corifeos no fue suficiente, ahora dicen que se compró el voto, reduciendo a cero la capacidad de razón de quienes menos tienen y estableciendo que el voto tiene precio, que es una mercancía. En ese sentido sería válido afirmar que los más de tres millones de votos de Mancera en el D.F. se debieron a una continúa compra de voluntades por parte del PRD – Gobierno a través de los programas sociales, o bien que los doce millones de votos del PAN provinieron de quienes son beneficiarios del programa Oportunidades o del Seguro Popular. Seamos serios el voto no es una mercancía, quien así lo piensa tiene una visión equivocada de la democracia y del país. Por ello, considero que es tiempo de crecer y de tener claro que los mexicanos SÍ estamos preparados para la democracia: desde 1997 nos hemos dado gobiernos divididos y así será en los próximos años.


Es tiempo de avanzar, por ello, el virtual Presidente electo debe preparar las reformas a las que comprometió y analizar con pinzas el escenario económico que le va heredar el gobierno de Calderón. El horno no está para bollos, debemos pasar ya el tiempo electoral. Las actitudes mesiánicas no tienen cabida pues además de que su proyecto es descarrilar al país, lo que propuso en la campaña fue rechazado por una amplia mayoría de mexicanos (poco más de 35 millones). Ojalá que la izquierda madure y revisite a los clásicos, valore lo que logró y apunte sus miras a lo que sigue.

 

Te invito a platicar en: @lgodina y a visitar mi blog luisgodina.org

 

Columnas Anteriores


 
 

 

 
Todos los Columnistas