Política y Economía


Luis Antonio Godina Herrera


20/10/2010


¿Oposición responsable?


En febrero de 2011 la historia política de Puebla va a cambiar de manera radical; por primera vez en décadas un gobernador que no hizo campaña bajo las siglas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) asumirá la responsabilidad del poder Ejecutivo en el estado. Será, sin duda, una fecha especial, que detonará formas diferentes de hacer política en nuestra entidad, al menos eso debemos esperar. El voto ciudadano demandó un cambio y ese llamado debe ser atendido por las diferentes fuerzas políticas.


Para el PRI la transición no será fácil. La nueva dirigencia (quien sea que la asuma) tendrá retos enormes. Uno de ellos es que el talento que existe en las huestes priistas no se desperdigue; otro, que la base militante no migre o entre en un letargo de cara a las elecciones de 2012. Menuda tarea.


La nueva dirigencia debe encabezar un partido de oposición. Un partido que represente y sostenga un proyecto de estado diferente al que se instrumentará a partir de febrero próximo. Para ello, volver la vista al origen podría ser una alternativa válida. El PRI es un partido que está por la justicia social, para ello se conforma e integra por las diversas formas de expresión que convergen en la sociedad poblana. Obreros, campesinos, jóvenes, mujeres, tercera edad, clases medias, universitarios, colonias populares, son el arcoíris que ha dibujado al partido a lo largo de los años. Esta amplia alianza tendrá que renovarse, actualizarse para que las demandas de una sociedad, cada vez más crítica, demandante y contestataria, se integren a la oferta del partido y pueda seguir siendo opción para la ciudadanía.


No se parte de cero. Los 800 mil votos obtenidos en la elección pasada son la base para mantener y ampliar la acción del partido, pero no son suficientes. Se necesita reconstruir el partido desde su base. La razón es simple: no habrá un gobernador que marque las prioridades y tome las decisiones. En pocas palabras, no habrá quién lo oriente a la derecha para evitar que las mujeres ejerzan a plenitud sus derechos sobre su propio cuerpo, tampoco quién le imponga un bozal para no denunciar el abuso a los derechos humanos de una escritora. Tampoco existirá quién imponga determinada agenda legislativa o incluso candidatos. No habrá quién remueva al presidente del Comité Directivo Estatal, no podemos dejar de lado que en los últimos 20 años hemos pasado por ella 18 priistas. Ese tiempo ya terminó. Por ello el reto de 2011 en adelante será enorme.


El primer criterio para sumar parece simple. En el PRI, en el nuevo PRI de Puebla, cabemos todos: la inclusión debe ser el eje, adjetivar y hacer a un lado a militantes de cualquier tipo no es el mejor camino. Hace años el candidato a gobernador el estado, el querido Alfredo Toxqui, propuso a los poblanos, después de años de inestabilidad política, la necesidad de “cancelar odios y rencores”. Esa debe ser la divisa del PRI a partir de que se elija a la nueva dirigencia. Debemos cancelar agravios y pensar en Puebla y en el partido.


Los priistas poblanos debemos diseñar el futuro del partido. Lo debemos hacer en libertad y apegados a los documentos básicos que le dan vida como órgano político, pero también debemos aprender a ser oposición. En esta materia tampoco partimos de cero. Las experiencias en el país son de lo más variado. El PRI poblano puede seguir el ejemplo del PRI del Distrito Federal, en donde prácticamente desapareció, o bien abrevar de la experiencia de Chihuahua, Nuevo León, Zacatecas, Tlaxcala o Aguascalientes, en donde se recompuso en el tiempo y pudo recuperar el poder Ejecutivo. Lo hicieron con base en sus propios recursos, con imaginación y, en la mayoría de los casos, compitiendo en contra del partido del gobierno.


Además, el número de legisladores locales y de ayuntamientos priistas nos debe permitir presentar una agenda propia, hacer los mejores gobiernos, promover y aprobar las mejores leyes. Desde la oposición también se gobierna, esa es una de las lecciones de la transición mexicana. Este hecho debe articular la acción del partido y prepararse para ello con seriedad y de cara a la gente.


Puebla merece tener partidos y políticos que le sirvan, y le sirvan bien. El PRI debe ser uno de ellos. Aprovechemos la renovación de la dirigencia para no aceptar imposiciones de nadie. Lo tenemos que resolver nosotros. No hay jefes. Hay priistas comprometidos con Puebla. A nosotros nos corresponde, sólo a nosotros, reconstruir el partido. El PRI no puede dejar pasar esta oportunidad, debe ser oposición y su principal objetivo es recuperar el poder.


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