Economía y Política


Luis Antonio Godina Herrera


26/11/2012


Te voy a cambiar el nombre


Lo dijo bien Lorenzo Meyer cuando calificó la iniciativa del Presidente Calderón para cambiar el nombre de nuestro país, como “una puntada presidencial”. A los que pensaban que las “puntadas presidenciales” se reducían a los gobiernos anteriores, Felipe Calderón les aplicó un severo desmentido. Sin embargo, pretender sustituir el nombre oficial de “Estados Unidos Mexicanos” por el de “México”, encierran al menos dos aspectos que merecen reflexión.


El primero tiene que ver con la pretensión del Presidente de desviar el foco de la sociedad sobre los graves problemas que aquejan al país, muchos de ellos no atendidos o provocados por las decisiones del gobierno saliente. Así, durante los últimos días los espacios noticiosos dieron cobertura a este propuesta, pero curiosamente nadie la tomó en serio, vamos en el Congreso los líderes parlamentarios guardaron incluso un silencio burlón. En contraste, persistieron los balances de la administración con números brutalmente negativos en cuanto a pobreza, empleo e inseguridad, y buenas calificaciones en cuanto a la relativa estabilidad macroeconómica. Dado lo anterior, si la intención fue jalar la marca al cambio de nombre oficial del país el fracaso es manifiesto.


El segundo tema sí refleja una filosofía que se esconde detrás del panismo exacerbado de Felipe Calderón: el centralismo. Querer reducir al cajón de la historia la lucha entre federalistas y centralistas que se dio cuando el país se independizó, es no comprender la forma en que se configuró el mismo y faltarle el respeto a una tradición constitucionalista casi bicentenaria, ya que por historia y convicción somos un país federalista, somos estados unidos, libres y soberanos, de no haber sido así la posibilidad de haber desarrollado el proyecto de país que hoy somos hubiera sido prácticamente imposible.


A lo largo de su administración el Presidente fue claro en su rechazo al federalismo, culpó a los gobernadores de la falta de acuerdos y en los hechos recentralizó una buena parte de los programas de gobierno, baste señalar el caso del sector salud, desarrollo agropecuario o desarrollo social, en donde el presupuesto destinado a esos ramos se incrementó por encima del gasto federalizado destinado a esos mismos rubros. Cabe señalar que buena parte de la deuda que muchos estados contrataron se debió en buena medida a que los recursos federales o no llegaban a tiempo o simplemente se reducían durante el ejercicio del gasto. La visión centralista del Presidente queda de manifiesto. Afortunadamente hay actores políticos sensatos que ponen en su justa dimensión ardides como este.

 

En 5 días habrá nueva administración federal. México espera mucho de ella, el mundo también, The Economist marca esta etapa como promisoria para el porvenir del país. Estoy cierto que en los próximos años tendremos una Presidencia seria y responsable, ajena a gracejadas o puntadas como la que analizamos. Ésta queda como el canto del cisne de un partido que no supo gobernar y no desperdició sus últimos minutos para demostrar que fue incapaz de aprender.

 

Te invito a platicar en: @lgodina y a visitar mi blog luisgodina.org

 

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