Economía y Política


Luis Antonio Godina Herrera


27/02/2012


¿Por qué se van los que van?


La selección de candidatos a cargos de elección popular al interior de los partidos políticos, ha sido desde siempre un proceso plagado de inconformidades, ya que como como bien dicen: muchos son los llamdos y pocos los elegidos. En México este asunto se complica en virtud de que la única posiblidad de los ciudadanos para tener acceso a esos puestos es a través de los partidos políticos.


Los partidos sustituyeron al Príncipe o al Rey para determinar quién puede o no ser representante del pueblo, función primera y última de cualquier cargo de mando en el Estado. El mundo y México con él vive la expansión de los gobiernos representativos. Los partidos son los canales institucionales para que se dé esa representación. Por ello, los ciudadanos nos vemos (por ahora) obligados a militar en ellos. Así lo establece en nuestro país la Constitución, toda vez que la reforma que da paso a las candidaturas ciudadanas entrará en vigor hasta la siguiente elección.


El tránsito de un partido a otro no es nuevo, quizá el campeonato se lo lleve el actual Diputado Porfirio Muñoz Ledo, quien ha sido presidente del PRI y del PRD, apoyó a Vicente Fox y después a Andrés Manuel López Obrador, y en en el origen fue Secretario de Trabajo y Previsión Social en el gobierno de Luis Echeverría. Sus saltos de un partido a otro los ha justificado como una constante lucha por la democracia. El mismo Cuauhtémoc Cárdenas fue Senador y Gobernador por el PRI y Andrés Manuel López Obrador fue presidente de ese partido en Tabasco. Hace un par de años las alianzas que triunfaron en las elecciones locales en Puebla, Oaxaca y Sinaloa fueron encabezadas por expriistas, lo mismo pasó en Guerrero el año pasado. Un caso paradigmático es la postulación de Manuel Bartlett por otro partido que no es el PRI.


Estamos pues ante un fenómeno que afecta a todos los partidos. Las defecciones en la Cámara de Diputados, el trasvase de un grupo parlamentario a otro es frecuente, en el Senado no es distinta. Los actores políticos de mueven de manera permanente. La pregunta es si esos movimientos son válidos o bien si la ideología y el compromiso programático con un determinado partido debe ir antes que la ambición personal de alcanzar un cargo público.


En primer término considero que cada quiene tiene la decisión en sus manos y cada uno puede no estar en donde no lo quieren o no lo llaman. El tema a debatir es si se vale emigrar cuando han sido muchos los llamados y las oportunidades se han multiplicado, es decir cuando se ha sido todo o casi todo y a pesar de eso se cambia de camiseta política como si se tratara de un par de calcetines. Es el caso por ejemplo del actual gobernador de Guerrero quien antes ya había sido gobernador, senador, diputado, secretario del gabinete estatal, etc. Hay otros casos que hacen pensar en el uso de las siglas partidistas para beneficio personal, sin importar ideología o programa: la ideología es el poder y el programa es personal. ¿Es esto criticable? La respuesta debe atender a un análsis de caso por caso. Pero lo que no se vale es cerrar espacios a sangre nueva o a quienes no han tenido oportunidades, en aras de satisfacer ambiciones personalísimas. Esa perversión priva en un buen número de casos.

 

Siempre será un tema a criticar el cambio de camiseta política. La discusión entre ideología e intereses personales no tiene solución cuando son intereses los que están en juego. La política es también la forma en que se canalizan esos intereses, los partidos son un camino, la lucha ciudadana es otro, la confluencia en las urnas es un momento clave en la relación partidos–ciudadanos, esa vinculación es la que no debe perderse ya que está por encima de cualquier partido o persona.

 

Te invito a platicar en: @lgodina.

 



 
 

 

 
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