Economía y Política


Luis Antonio Godina Herrera


30/07/2012


El nuevo Congreso


El resultado electoral del pasado 1 de julio no otorgó mayoría absoluta en el Congreso a ninguna fuerza política. Este hecho implica que de nueva cuenta el electorado definió la conformación de un gobierno dividido, el sexto desde 1997. El gobierno dividido como se sabe, implica que el Poder Ejecutivo lo detenta un partido, pero en el Congreso ese partido no tiene mayoría absoluta. Bien recordamos cómo en 1997 el Presidente Zedillo y la bancada del PRI cedieron a las presiones del PAN para dotar de recursos adicionales a las ciudades en donde ese partido gobernaba. Fue el origen del llamado Ramo 33 que tanto mal ha hecho al federalismo mexicano.


Lo que se ha observado en los casos anteriores, es decir tanto en el gobierno de Fox como en el agonizante gobierno de Calderón, es la poca pericia para la negociación con el Congreso, para lograr que reformas de gran calado se aprueben ya que siempre se ha tratado de temas que enfrentan a los actores. Aún así, cabe señalar que en todos los casos el paquete económico anual se aprobó con el equivalente a una mayoría calificada. En efecto en todos los años de gobiernos divididos ha habido acuerdo entre por lo menos  tres fuerzas políticas, solamente en el presupuesto de 2005 se interpuso una controversia Constitucional, para definir si el Ejecutivo o no podía vetar el presupuesto aprobado por la Cámara.


En todos los demás ejercicios anuales, el gobierno pudo operar que se aprobara el Presupuesto de Egresos de la Federación y la Ley de Ingresos a cambio de concesiones menores en la parte de gasto;  en paralelo el Congreso aprobó el Congreso el IETU, el IDE, un punto adicional del IVA, una mejor distribución de los ingresos excedentes para beneficiar a las entidades federativas y  también una parte de los IEPS de gasolina para los estados. Pero sin duda estamos muy lejos de la reforma hacendaria que se requiere.


El escenario que se va a enfrentar se parece mucho al de 1997, año en el que se unieron el PRD y PAN para prácticamente “gobernar” la Cámara de Diputados. No es descabellado pensar que ambos partidos van a unir fuerzas para detener las propuestas del PRI sobre todo en los meses que le restan al Presidente Calderón. Al menos así se desprende de los acuerdos del Consejo Nacional del PRD. El PRI va a necesitar a uno de los dos para sacar a flote sus iniciativas, pues tendrá menos diputados que en la actual legislatura federal y no alcanza la mayoría absoluta ni con sus potenciales aliados, para una reforma Constitucional se precisa la participación de las tres principales fuerzas políticas. Esa composición curiosamente no ha sido cuestionada por López Obrador quien afirma que solamente se “compró” la elección presidencial pero las demás (en especial las que ganó su alianza de “izquierda”) fueron casi impolutas.


La capacidad de negociación y el talento de quienes la instrumenten la estrategia para el logro de los acuerdos en el Congreso, deben ser la argamasa para llevar adelante los trabajos en las cámaras de Senadores y de Diputados. Asimismo, se tendrá que ser muy selectivo sobre las propuestas que deben ir al Congreso y las que se pueden instrumentarse desde el Ejecutivo a través del ejercicio de sus funciones. Esa será la prueba de fuego del gobierno eficaz que encabezará a partir del 1 de diciembre Enrique Peña.

 

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